“Le rezo el Santo Rosario todos los días y este año, especialmente, tengo que agradecerle el estar bien todos, tener un año más de vida y pedirle que nos cubra con su bendito manto”, dijo Clementa Caramillo. (Cortesía Clementa Camarillo).
“Le rezo el Santo Rosario todos los días y este año, especialmente, tengo que agradecerle el estar bien todos, tener un año más de vida y pedirle que nos cubra con su bendito manto”, dijo Clementa Caramillo. (Cortesía Clementa Camarillo).

El fervor popular por la celebración de Nuestra Señora de Guadalupe ha tenido que contenerse este año para evitar los contagios de Covid-19, impulsando a la gran mayoría de los devotos a celebrar la fiesta más importante desde sus hogares.

En este sentido, la Basílica en las faldas del Tepeyac, en ciudad de México, visitada por cerca de 10.5 millones de peregrinos entre el 11 y 12 de diciembre, cerró sus puertas al público este año, ofreciendo a cambio una peregrinación virtual.

“la situación de la pandemia nos obligó por el bien de la vida de todos a mantener cerrado el complejo guadalupano del 10 al 13 de diciembre, y por tanto las celebraciones a Nuestra Madre, en lugar de venir aquí a su casa, ella quiere ir a casa de ustedes”, dijo el cardenal Carlos Aguiar, arzobispo primado de México.

El papa Francisco concederá indulgencia plenaria a los fieles que participen en las celebraciones virtuales desde casa, anunció el cardenal Aguiar. 

En Oregon, siguiendo los protocolos de seguridad emitidos por la gobernadora Kate Brown, las iglesias están limitadas a celebrar con el 25% de su capacidad o 100 personas, el número que resulte menor.

“Este año, Nuestra Madre nos unirá más como familia y nos ayudará a superar los momentos difíciles”, dijo el padre Moisés Leal, pastor de la iglesia San Lucas, en Woodburn.

El sacerdote animó a las fieles a hacer de sus hogares “una casita sagrada”, dijo. “Un lugar de encuentro, oración y convivencia”, explicó el religioso.

Para Clementa Camarillo, feligresa de la parroquia San Lucas, en Woodburn, “Nuestra Madre está siempre con nosotros”, dijo señalando hacia su altar.

La fe y oración a la Virgen constituyen un aspecto fundamental en la vida de la familia Camarillo Cruz, así como en la de millones de fieles devotos. A continuación, El Centinela intenta describir algunas características del altar, ese lugar sagrado para Clementa y su familia.

En un lugar especial

Enmarcado con flores, telones de tul, encaje y luces, un cuadro de la Virgen de Guadalupe se destaca en el altar ubicado en una esquina de la sala de su casa. “Este es un lugar sagrado que nos llena de paz y nos invita al recogimiento y la oración”. “Una casita sagrada” donde el hogar de Clementa y su familia se reúnen para dirigir a Dios sus pensamientos, oraciones y ruegos.

Con las imágenes de devoción

Una mesa pequeña, adornada con un florero a cada lado, además del cuadro de la Virgen, sostiene una imagen de la Divina Misericordia, una pequeña estatua de la Virgen de Fátima, la Rosa Mística, el arcángel San Rafael, el padre Pío, ángeles de la guarda y veladoras.

“Todas las imágenes tienen un significado especial para mí, por ejemplo, la Divina Misericordia me recuerda el inmenso amor de Dios y su infinita misericordia, las Vírgenes son intercesoras ante Dios, los ángeles y el arcángel son protectores y nos guían en el camino para llevar nuestras peticiones ante Dios Todopoderoso”, manifestó Clementa.

“Inicié la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe desde hace diez años, cuando uno de mis hijos estuvo hospitalizado, en estado muy grave”, explicó Clementa en una entrevista a El Centinela.

Los médicos en OHSU, añadió, a pesar de todos los exámenes que le practicaron, no le encontraban el problema de salud ni lo diagnosticaban.

Un familiar me sugirió encomendarlo a la Virgencita y ella me lo salvó”, manifestó.

“Ahora, ella siempre está con nosotros” dijo. “Le rezo el Santo Rosario todos los días y este año, especialmente, tengo que agradecerle el estar bien todos, tener un año más de vida y pedirle que nos cubra con su bendito manto”, agregó.

Con la Biblia

“La Biblia es la palabra de Dios que nos alimenta el alma cada día”, dijo Clementa. “La dejo abierta porque la palabra de Dios vive, tiene que estar libre”, agregó.

Clementa dijo que con la pandemia este año ha sido todo más difícil, “a mi esposo se le han reducido mucho las horas de trabajo”, dijo.

“Para mis hijos, la escuela a distancia es muy difícil también, muchas veces ellos no entienden y no tienen a quien preguntarle”, explicó. Clementa es madre de cuatro hijos, tres de los cuales asisten a escuelas públicas en Woodburn.

Un lugar sagrado de oración

Clementa contó a El Centinela que con la pandemia su fe se ha fortalecido. “Siento que necesitamos agarrarnos fuerte de la mano de Dios porque somos débiles y podemos sentirnos solos a veces y con miedo, pero necesitamos tener presente que Dios no nos abandona, El no nos deja solos”, afirmó.

“Todos los días, frente al altar nos reunimos como familia para rezar”, agregó. Clementa también indicó que diariamente escucha la misa que transmite el sacerdote Arturo Cornejo, un sacerdote mexicano quien la ayuda a mantener conexión con su tierra natal.

A pesar de las dificultades de la pandemia, Clementa se declaró optimista.

“Mi oración especial a Nuestra madre del cielo es que por su intercesión toque el corazón del nuevo presidente electo Biden para que nos ayude a todos nosotros los inmigrantes”, dijo.

“Mi deseo más grande es poder volver a ver a mis padres a quienes no veo desde hace 16 años y que ellos puedan conocer a mis hijos”, exclamó. “Dios dijo todo lo que pidáis en mi nombre os lo concederé y esta es mi fe”, concluyó.

patriciam@ocp.org