Los peregrinos caminan de Salem a Amity. (Rick Keating / El Centinela)
Los peregrinos caminan de Salem a Amity. (Rick Keating / El Centinela)

SALEM — La caminata empezó en medio de la neblina, zigzagueando durante las 25 millas del camino que lleva desde la Parroquia St. Joseph hasta el Monasterio Brigittine en Amity. Por la tarde, la niebla y las nubes le dieron paso al cielo claro. Casi 80 peregrinos, incluyendo hombres, mujeres y niños, participaron en la Marcha Cuaresmal “Ashes to Ashes” (“Polvo Eres”) realizada el 9 de Marzo a través del bosque del Valle de Willamette, y de las huertas y las fincas que llevan hasta el Convento Our Lady of Consolation. Los peregrinos caminaron desde el amanecer hasta el atardecer, finalizando el recorrido en el monasterio con el servicio nocturno de la víspera.

La idea se le ocurrió al Padre Jonah Lynch, párroco vicario de St. Joseph, cuando alguien le sugirió que hicieran un peregrinaje a México. Desde que fue ordenado en Roma, el sacerdote ha recordado un viaje de peregrinaje nocturno que hizo en Italia.

“Es un evento suficientemente distinto como para que sea interesante y a la vez que se puede hacer en un fin de semana cualquiera”, dijo el Padre Lynch. La primera caminata de peregrinaje, la cual se llevó a cabo en Noviembre, atrajo 125 participantes y fue desde la Iglesia St. Joseph hasta la Abadía de Mount Angel. Después de que los peregrinos llegaron a Mount Angel, dejaron  tarjetas con plegarias que dejaron con los monjes Benedictinos. En su más reciente visita a la abadía, el Padre Lynch se dio cuenta que las tarjetas seguían allí.

Los peregrinos proveen “muchos frutos ocultos a nuestros ojos”, dijo el sacerdote. “Hay un fruto profundo en la comunión de los santos; compartiendo necesidades y deseos con Dios y con cada uno”.

Pero el fruto no paró allí. También hay “algo muy poderoso en el hecho de tener que morder un poco más de lo que puedes masticar y tener que confiar en Dios”, agregó el Padre Lynch.

“En ese momento, realmente no vi lo placentero del peregrinaje”, dijo Andrew Pearson, un estudiante de tercer año de la Universidad Willamette de Salem y miembro de la Parroquia St. Joseph.

La caminata fue difícil y no fue lo que el estudiante universitario  se imaginó que sería.

“Estaba esperando que un sentimiento espiritual especial me llenara. Estaba orando y caminando como otros harían yoga, buscando una experiencia espiritual que nunca llegó”, dijo Pearson, quién caminó con media docena de estudiantes del Club Newman en Willamette.   

Cuando llegó el momento de entregar sus oraciones ante Nuestra Señora de la Consolación en el Monasterio de Brigittine, recibió una visión inmediata de sus plegarias.

“Creo que me la dio Nuestra Señora por la ofrenda Cuaresmal que hice y las oraciones al final”, dijo Pearson, agregando que finalmente estuvo feliz de haber hecho el viaje.

Steve Vandecoevering, un miembro de la Parroquia St. Joseph, y su esposa Gianna fueron voluntarios en la caminata. La pareja ayudó a transportar provisiones y  a recoger a los cansados o heridos del camino. Tomaron turnos, mientras el uno caminaba, el otro manejaba el bus de la iglesia.

“Fue interesante observar el paisaje de una nueva forma, sitios por los que he manejado pero que nunca he visto realmente” dijo. Vandecoevering caminó entre 10 y 25 millas, aunque bromeando dice que cargando en su espalda a su pequeño hijo trató de compensar el hecho de que no hizo todo el recorrido.

Para Vandecoevering, compartir con otros peregrinos fue una experiencia poderosa. Señala la conversación que tuvo con un joven que trataba de comprender su camino y las personas que pudo llevar en el bus.

“Hubo personas con las que no hablé mucho pero me sentí conectado con ellos solo porque los estaba transportando”, dijo  Vandecoevering, agregando que la caminata le dio una conexión más profunda.

Además, caminar sólo 10 millas fue suficiente para hacer que  Vandecoevering se sintiera adolorido durante las siguientes  semanas.