Las figuras emergen a una pulgada de la superficie de fondo del mural, proyectando un efecto especialmente llamativo con sombras alrededor de las mismas cuando se encienden por las noches. (Kristen Hannum/Catholic Sentinel).
Las figuras emergen a una pulgada de la superficie de fondo del mural, proyectando un efecto especialmente llamativo con sombras alrededor de las mismas cuando se encienden por las noches. (Kristen Hannum/Catholic Sentinel).

BEAVERTON —Durante los meses que Greg Lewis trabajó en el mural del Jardín de la Resurrección en la Casa de Retiros de Nuestra Señora de la Paz, a menudo tenía una extraña sensación de ser observado. Al mirar hacia arriba, veía ciervos — un venado, dos ciervas y dos cervatillos.

 

“Caminaban por aquí”, dijo Lewis, señalando hacia el área pavimentada frente al mural y hacia el camino de las Estaciones del Viacrucis que serpentean por entre el bosque de las hermanas.

 

Ciervos franciscanos, sin duda.

 

El arzobispo John Vlazny, ex líder de la Arquidiócesis de Portland consagró el mural finalizado del Jardín de la Resurrección el 17 de marzo, Día de San Patricio.

 

Los ciervos no se vieron por ningún lado, aunque los arboles de manzanas silvestres florecieron rosa y blanco y los petirrojos armonizaron con el acompañamiento de guitarra de la hermana franciscana María Benedicta Heminger a un "Aleluya" cantado por el grupo de jubilados, hermanas y simpatizantes.

 

Monseñor Vlazny compartió del Evangelio de San Mateo con el pequeño grupo de gente y sus palabras se sumaron al optimismo de la soleada jornada cuaresmal.

 

"Pedid y se os dará; buscad y hallareis; llamad y se os abrirá”.

 

"Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abrirá" (Mt 7, 7-8).

 

"Será Pascua todos los días con este santuario", dijo monseñor Vlazny, refiriéndose al Cristo Resucitado del mural.

 

El arzobispo expresó su agradecimiento de que las hermanas, golpeadas por el COVID-19 este invierno, se encontraran tan bien.

 

Lewis sostuvo el acetre (el recipiente que contiene el agua bendita) en el que el arzobispo Vlazny sumergió el hisopo, es decir el utensilio para esparcir el agua y roció la imagen con el agua bendita.

 

El Jardín de la Resurrección comenzó cuando sor Anne Marie Warren, superiora general, caminó por el camino recién pavimentado a través de las estaciones boscosas de la Cruz. Escribió en el boletín de las hermanas que se dio cuenta que “al final del camino había una edificación y un área descuidada. Inmediatamente tuve la visión de una hermosa área para la oración con un mural que retratara a Santa Clara y San Francisco”.

 

La hermana franciscana Ángela Aldi, diseñadora de jardinería de la casa de retiros, recordó cuando la zona era una conejera. Le gustó la idea de sor Anne Marie —los jardines necesitaban la presencia franciscana y pronto sugirió que el mural también incluyera a Cristo Resucitado.

 

Más tarde, las hermanas decidieron incluir figuras humanas en representación de su orden franciscana.

 

Conocían al artista Lewis porque él restauró una estatua de mármol dañada de la Virgen María sosteniendo a Jesús, y se ofreció como voluntario para ayudar con otros proyectos.

 

Lewis, miembro de la Parroquia de la Santísima Trinidad en Beaverton, restauró las descoloridas estaciones del Viacrucis y también hizo reparaciones importantes en una estatua de San José. Las hermanas sabían que también hizo un trabajo en la capilla privada del arzobispo Vlazny, en las capillas del Hospital Providence y en iglesias alrededor de la arquidiócesis.

 

¿Puedes pintar un mural?”, le preguntaron.

 

Lewis sonó avergonzado cuando dijo que las hermanas habían orado para recibir ayuda de un artista litúrgico.

 

La evolución del mural es evidente al observar la serie de bocetos que Lewis presentó a las hermanas.

 

En la ceremonia de bendición y consagración, la hermana Anne Marie también agradeció a Westside Masonry, empresa que limpió y allanó la zona, a Don Rolison, el encargado de mantenimiento, quien reparó una fuente para el jardín y añadió electricidad para la iluminación y a la hermana franciscana Ángela Aldi, diseñadora de jardinería, quien añadió un puente y muchos querubines, que se asoman de los árboles cercanos.