Una niña nativo-americana, viste un traje típico e interpreta una danza en Denver el 4 de julio, durante una marcha que convocó a las comunidades negras, nativo americanas e hispanas a levantarse contra la opresión. (CNS Foto/Kevin Mohatt, Reuters).
Una niña nativo-americana, viste un traje típico e interpreta una danza en Denver el 4 de julio, durante una marcha que convocó a las comunidades negras, nativo americanas e hispanas a levantarse contra la opresión. (CNS Foto/Kevin Mohatt, Reuters).
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“Leemos los titulares que informan sobre la muerte de afroamericanos desarmados a manos de funcionarios de las fuerzas del orden. En nuestras prisiones, el número de reclusos de color, especialmente morenos y negros es sumamente desproporcionado. A pesar de las grandes bendiciones de libertad que ofrece este país, debemos admitir la pura verdad de que, para muchos de nuestros conciudadanos, que no han hecho nada malo, las interacciones con la policía a menudo están cargadas de temor e incluso de peligro”.

 

" Obispos de los EE.UU., Carta Pastoral "Abramos nuestros corazones"

Tras la muerte del ciudadano afroestadounidense George Floyd a manos de un policía blanco, en Minneapolis, el 25 de mayo del 2020, la ola de indignación desatada en todo el país en contra del racismo aún continúa.

Las protestas y violentos enfrentamientos entre la policía y los manifestantes se intensificaron a raíz de un nuevo suceso ocurrido con la muerte de Rayshard Brooks, un padre de familia negro de 27 años, después de que un policía blanco le disparara dos veces por la espalda, en un estacionamiento en la ciudad de Atlanta.

Las manifestaciones actuales no son acerca de un solo individuo negro sino cientos de ellos.

El movimiento Black Lives Matter (Las vidas de los negros importan) ha tomado el liderazgo en denunciar la violencia, discriminación y negación de los derechos civiles básicos que subsiste contra la gente negra.

Los líderes de la iglesia católica en todo el país, incluyendo el Rvdmo. Sr. Alexander Sample, arzobispo de la Arquidiócesis de Portland, se han manifestado enérgicamente contra el pecado del racismo.

“Es innegable que aún existen injusticias en algunos segmentos de nuestra sociedad que son repugnantes”, dijo el arzobispo Sample durante su “Charla de Capilla”, el 7 de junio.

En declaraciones públicas recientes, obispos de diferentes diócesis de los Estados Unidos, continúan pronunciándose contra el pecado del racismo e invitan al pueblo americano a abrir los corazones al amor para acabar con el racismo y sanar las heridas.

En noviembre de 2018, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, publicó la carta pastoral contra el racismo llamada Abramos nuestros corazones (Open Wide Our Hearts).

La carta es una poderosa invitación para que todo el pueblo de Dios “enfrente con valentía el vicio del racismo… llegar generosamente a las víctimas de este mal, para ayudar a la conversión necesaria de aquellos que todavía albergan el racismo y para comenzar a cambiar las políticas y estructuras que permiten que el racismo persista”, afirman los obispos.

El documento Pastoral, disponible en español, consta de 32 páginas y fue desarrollado por el Comité de Diversidad Cultural en la iglesia de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB).

Fue aprobado por el cuerpo en pleno de los obispos como declaración formal del mismo en su Asamblea General de noviembre de 2018 y autorizado para su publicación por el secretario general, Mons. Brian J. Bransfield.

Los obispos de la Conferencia Católica de los Estados Unidos explicaron que “sintieron el llamado a responder al tema del racismo, ante el deterioro del discurso público y los episodios de violencia y animosidad con matices raciales y xenofóbicos, emergidos en la sociedad estadounidense últimamente”.

Las cartas pastorales emitidas por los obispos en pleno son escasas, sin embargo, en momentos claves de la historia, los obispos se han unido para hacer declaraciones sobre un tema en particular con el objetivo de ofrecer una respuesta cristiana, que lleve esperanza frente a los problemas de nuestro tiempo como el que vive el país en estos momentos.

“A pesar de muchos pasos esperanzadores en nuestro país, el racismo todavía infecta nuestra nación”, dice la carta pastoral.

“Los actos racistas son pecaminosos porque violan la justicia. Revelan que no se reconoce la dignidad humana de las personas ofendidas, que no se las reconoce como el prójimo al que Cristo nos llama a amar”, añade.

¿Qué es el racismo?

“El racismo surge cuando —ya sea consciente o inconscientemente— una persona sostiene que su propia raza o etnia es superior y, por lo tanto, juzga a las personas de otras razas u orígenes étnicos como inferiores e indignas de igual consideración. Esta convicción o actitud es pecaminosa cuando lleva a individuos o grupos a excluir, ridiculizar, maltratar o discriminar injustamente a las personas por su raza u origen étnico. Los actos racistas son pecaminosos porque violan la justicia”, afirman los obispos al inicio de la carta pastoral.

En términos cristianos, puede definirse como la falta de amor al prójimo. También es la negación del principio de la doctrina católica de que “todos los seres humanos somos iguales a imagen y semejanza de Dios”.

Los obispos llaman la atención sobre las formas de racismo que plagan la sociedad de los Estados Unidos, principalmente contra las comunidades nativo-americanas, afroamericanas y Latinas y/o Hispanas.

Un vistazo a la historia

Los obispos proveen un bosquejo de la historia de racismo experimentada por los grupos étnicos citados anteriormente.

Los prelados describen que “la sed de dominar” a otros, condujo al robo de tierras y al reasentamiento de los pueblos nativos.

Los africanos no solo fueron brutalmente esclavizados, sino que consistentemente les fue prohibido el progreso social mediante leyes injustas y la etiqueta utilizada en la sociedad que los señalaba como seres “inferiores”, no completamente a imagen y semejanza de Dios.

Los Hispanos y Latinos, consistentemente se han llevado la peor parte en “la discriminación por vivienda, empleo, servicio de salud y educación”, cita el documento.

“A pesar de su considerable participación en la fuerza laboral de los Estados Unidos y sus numerosas contribuciones a la economía del país en muchos campos e industrias diferentes, la gran brecha de ingresos entre estadounidenses de origen hispano y europeo apunta a la persistencia de ciertas prácticas discriminatorias en el empleo y el salario”, señalan.

“En un pasado no muy distante, los hispanos encontraban letreros en restaurantes y tiendas que decían: “No se permiten mexicanos ni negros”.

Además, se han documentado más de 550 casos de linchamientos de personas hispanas, y los expertos estiman que el número real podría ser el doble.

Los hispanos son el principal objetivo de las redadas de inmigración y la deportación masiva. En el pasado, ciudadanos estadounidenses de ascendencia hispana atrapados en estas redadas fueron deportados.

Hoy, a menudo todavía se asume que muchos hispanos están ilegalmente en este país.

Estas actitudes de superioridad cultural, indiferencia y racismo deben ser confrontadas; no son dignas de ningún seguidor de Cristo.

Después de todo, una gran parte de nuestra nación está formada por inmigrantes y sus descendientes.

También debemos recordar que muchas personas de origen hispano provienen de familias que vivían en esta tierra mucho antes de que cambiaran las fronteras”.

“Estos ejemplos de las experiencias de estadounidenses de origen nativo, africano e hispano demuestran que, como nación, nunca hemos lidiado suficientemente con el impacto del racismo manifiesto.

Tampoco hemos dedicado el tiempo necesario a examinar en qué maneras las actitudes racistas de ayer se han convertido en parte permanente de nuestras percepciones, prácticas y políticas de hoy, o cómo se han consagrado en nuestras estructuras sociales, políticas y económicas.

Se puede aprender mucho al escuchar las historias de quienes han vivido los efectos del racismo.

Al examinar los efectos generacionales del racismo en las familias, las comunidades y nuestra Iglesia, cada uno de nosotros puede comenzar a actuar solidariamente para cambiar las perspectivas de las generaciones futuras”.

Remediar el racismo

Los obispos proponen tres acciones basadas en el libro bíblico de Miqueas 6:8 “Practicar la justicia, amar la bondad y caminar humildemente ante Dios”.

"Practicar la justicia", requiere una evaluación honesta de la realidad y la "restauración de las relaciones correctas”, afirman.

“El amor por nuestro prójimo es la clave para "amar la bondad".

Requiere que "hagamos espacio para los demás en nuestro corazón" y que recordemos que cuando un miembro del Cuerpo de Cristo sufre, todos sufren.

Por último, reconstruyendo las relaciones quebrantadas por el racismo es cómo podemos "caminar humildemente ante Dios".

Incluso la Iglesia Católica debe admitir su propia complicidad con "el mal del racismo", en el pasado y en el presente, dice la Carta Pastoral, citando casos específicos.

"Podemos aprender del ejemplo de otros países, como Sudáfrica, Alemania y Ruanda, y de ciertas instituciones que han reconocido los errores del pasado y han llegado a comprender la verdad de su historia".

La Cooperación Ecuménica e interreligiosa 

El liderazgo de cooperación ecuménica ha sido fundamental en momentos claves de nuestra historia, citan los obispos.

El espíritu ecuménico adoptado por el Rev. Martin Luther King Jr. “es parte integral de la lucha de hoy”, afirman.

Los obispos reconocen que “la injusticia y el daño que causa el racismo son un ataque a la vida humana”.

“Como obispos, afirmamos inequívocamente que el racismo es una cuestión de respeto por la vida”. 

“Nuestra esperanza como cristianos es un día caminar juntos, unidos humildemente ante los ojos de Dios”, afirman los prelados, mientras oran para inspirar a muchos, “individuos de todas las naciones y razas, de todos los pueblos y lenguas”, a unirse en la lucha por el fin del racismo en todas sus formas, porque “no hay lugar para el racismo en el corazón de ninguna persona”, concluyen los obispos.

A continuación, El Centinela publica para los lectores el siguiente folleto introductorio a la Carta Pastoral, que además plantea formas de responder ante este flagelo.

Puede acceder al documento completo pulsando en el siguiente enlace: "Abramos nuestros corazones". 

Abramos nuestros corazones

El incesante llamado al amor —Carta pastoral contra el racismo 

“Leemos los titulares que informan sobre la muerte de afroamericanos desarmados a manos de funcionarios de las fuerzas del orden. En nuestras prisiones, el número de reclusos de color, especialmente morenos y negros es sumamente desproporcionado. A pesar de las grandes bendiciones de libertad que ofrece este país, debemos admitir la pura verdad de que, para muchos de nuestros conciudadanos, que no han hecho nada malo, las interacciones con la policía a menudo están cargadas de temor e incluso de peligro.” Obispos de los EE. UU.,"Abramos nuestros corazones".

El llamado a abordar el racismo en nuestros corazones y comunidades

En su Carta pastoral contra el racismo, Abramos nuestros corazones: El incesante llamado al amor, los obispos católicos de los Estados Unidos invitan a la conversión de corazones, mentes e instituciones para abordar el mal del racismo que todavía existe en nuestras comunidades.

Así como amamos y cuidamos a los miembros de nuestra familia, también estamos llamados a cuidar a los miembros de la familia del cuerpo de Cristo.

Estamos llamados a cuidar a todos nuestros hermanos y hermanas en Cristo, honrando a cada persona como única, sagrada y creada a imagen de Dios.

Sabemos que el mal del racismo afecta el núcleo mismo del plan de Dios para la humanidad, devaluando la diversidad que Dios creó dentro de la familia humana.

Los obispos nos recuerdan: “El mandato del amor requiere que hagamos espacio para los demás en nuestro corazón. Significa que, efectivamente, somos el guardián de nuestro hermano (véase Gen 4:9)”.

El racismo suele ser llamado el “pecado original” de este país, y sigue impactando la vida de muchos estadounidenses, muchos de ellos católicos, particularmente los que pertenecen a las comunidades afroamericana, hispana/latina o nativa americana.

Dentro de los muros de la Iglesia, muchas personas de color han experimentado discriminación y racismo abiertamente. Ha estado faltando liderazgo.

Los obispos escriben: “Demasiado a menudo, los líderes de la Iglesia han guardado silencio sobre la horrible violencia y otras injusticias raciales perpetradas contra afroamericanos y otros”.

Reflexionando sobre estas realidades, los obispos nos imploran que encontremos maneras de trabajar activamente contra el mal del racismo.

Debemos buscar la justicia racial dentro de nuestra Iglesia y en nuestro país.

Permitamos todos que el Espíritu Santo convierta nuestros corazones para hacer la obra de sanación, y que podamos vivir auténticamente en una verdadera relación entre nosotros.

Que el fruto de esta conversión se haga evidente en nuestra celebración e integración plena de la diversidad étnica y cultural, que es verdaderamente un don de Dios.

¿Cómo puedo responder?

Escuche y conozca las historias de sus hermanos y hermanas que son miembros de grupos culturales diferentes a los suyos. 

El encuentro verdadero y auténtico es difícil, pero merece el esfuerzo.

Las relaciones auténticas requieren vulnerabilidad, humildad y salir de nuestras zonas de confort. 

Para algunos, esto significará buscar activamente oportunidades de relacionarse con personas de otros orígenes. Para otros, esto podría significar alzar su voz o compartir su historia. 

A través del compromiso auténtico, reunimos diversas perspectivas y experiencias que honran la plenitud del plan de Dios. 

Trabaje para abordar tanto el racismo individual como el sistémico.

El racismo puede ser individual; cuando las personas no reconocen a ciertos grupos como creados a imagen de Dios e iguales en dignidad, o puede ser sistémico; cuando se mantienen prácticas o políticas que tratan injustamente a ciertos grupos de personas.

Estos sistemas a menudo se perpetúan debido al silencio o al desconocimiento de muchos.

Comprométase a conocer más sobre racismo y empleo, vivienda, riqueza, educación, justicia penal y voto, y luego participe en esfuerzos diocesanos, parroquiales o comunales para orar y trabajar por la conversión de los corazones y de los sistemas.

Piense en lo que puede hacer, dondequiera que esté. 

Comprométase a elevar su conciencia en cualquier situación en que se encuentre.

Como personas de fe, podemos trabajar intencionalmente para crear espacios de acogida y oportunidades de encuentro. Cree oportunidades para compartir historias y conozca cómo el racismo afecta a miembros de nuestras comunidades.

Ayude al liderazgo de la parroquia a considerar cuáles voces pueden estar faltando como líderes y voluntarios en el ministerio parroquial.

En parroquias y escuelas, los educadores pueden usar las actividades de usccb.org/racism para integrar el contenido de la carta pastoral en sus lecciones.

En su familia 

cree intencionalmente oportunidades para interactuar con personas con quienes pueden ustedes no encontrarse en el transcurso normal de su semana.

¿En qué parte de su comunidad pueden interactuar con personas de grupos étnicos diferentes a los suyos? 

Padres: hablen con sus hijos sobre la raza. Continuar hablando con ellos sobre la dignidad humana de todos y el dolor del racismo en nuestro país ayudará a formarlos para respetar la dignidad de todos. Encuentre oraciones para los niños en usccb.org/racism.

En la escuela o el trabajo, pregunte: 

¿Cómo pueden aprender más sobre culturas diferentes a las suyas?

¿Qué recursos están disponibles para ustedes? Si hay otros que reciben un trato diferente debido a su raza u origen étnico, diga algo. Piense en lo que podría hacer si escucha a alguien hacer comentarios despectivos sobre una persona de otra cultura. ¿Cómo puede estar listo para responder?

Como individuos y comunidades de fe, examinen su conciencia.

Todos debemos preguntarnos: ¿Cuándo no he vivido como un ejemplo del amor de Cristo? ¿Cuándo me han llevado mis actitudes o percepciones a menospreciar a personas de otras culturas o grupos étnicos? ¿Cuándo he sospechado innecesariamente o dejado que una idea preconcebida menospreciara la naturaleza humana de otro? ¿Cuándo he visto al “otro” en lugar de acoger la oportunidad de escuchar la historia de vida, luchas o alegrías de esa persona?

Para más información

Lea la nueva carta pastoral, Abramos nuestros corazones: El incesante llamado al amor, y luego converse con otros sobre cómo su comunidad puede responder a la invitación de los obispos en la carta pastoral.

Los recursos de la USCCB contra el racismo los encuentra disponibles en la página web de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos usccb.org/racism