Corina acompaña a Michelle Dolores López, el día de su primera comunión en la iglesia Santa Ana, en Gresham, el 12 de junio del 2010 (Cortesía Virginia López).
Corina acompaña a Michelle Dolores López, el día de su primera comunión en la iglesia Santa Ana, en Gresham, el 12 de junio del 2010 (Cortesía Virginia López).

Hace 25 años, un artículo sobre Corina Carsner, asociada pastoral en la iglesia Santa Ana, en Gresham, ocupó la primera página de la primera edición de El Centinela.

“Para lo que usted mande”, se tituló el escrito ilustrado con la foto de una sonriente y amable Corina, lista para responder desde su corazón al Señor y a la comunidad acerca de las necesidades de formación catequética para adultos, jóvenes y niños.

Corina Carsner aún continúa sonriente y amable en un maravilloso viaje que inició hace 30 años, haciendo eco al mensaje de Jesús en la parroquia, la arquidiócesis de Portland y en el mundo católico hispano de Oregon.

Corina ha dedicado su tiempo y talento no solo a catequizar a otros, sino también a su continua formación cristiana, con la misma vitalidad y entusiasmo que el periodista Androetto observó en la entrevista de hace 25 años.

En esta ocasión, debido a la pandemia de Covid-19, se requirieron varias llamadas telefónicas para completar la entrevista. “Estoy muy ocupada”, fue la respuesta constante, sin embargo, con mi persistencia y el corazón generoso de Corina, logramos encontrar unos minutos en su ocupada agenda para obtener algunas respuestas.

“Dios es maravilloso y pone los piececitos de uno a donde debe ir”, dijo Corina hace 25 años a El Centinela y es evidente, que, desde muy joven, esta líder hondureña tuvo claro que su corazón estaba reservado para cuidar, educar y proteger a los niños. “Me ayudó mucho haber trabajado como profesora en un colegio Montessori enseñando a niños pequeños”, indicó.

“Este trabajo requiere gran responsabilidad”, apoyar a los grupos como por ejemplo el de San Juan Diego, los misioneros de San Juan, la Divina Misericordia, los promotores de salud, los lectores, ministros de Eucaristía, por citar algunos. La preparación para los sacramentos, los entrenamientos para cuidar y proteger los niños y jóvenes”, explicó Corina.

“Ahora con el Covid-19 necesitamos extremar las medidas de precaución y asegurar que se cumplan todos los protocolos de seguridad establecidos”, continuó.

“En todos estos años, es satisfactorio ver el crecimiento de la comunidad católica”, dijo. “Empezamos como con un grupo de voluntarios como de 40 personas y hemos crecido tanto, no solo en el número de feligreses sino también en la fe”, agregó.

La iglesia Santa Ana tiene aproximadamente 4000 familias registradas como feligreses, informó Lorena Caballero, quien colabora en la parroquia como secretaria de la junta de la Liturgia y miembro de la junta administrativa de la iglesia.

Al preguntar a Corina cuales son las claves del éxito en su ministerio, ella responde que “la fe, la constancia y el amor al servicio”.

Apoyada por un grupo de laicos capaces y entrenados en el ministerio de la catequesis, Corina ha entregado su vida a la formación de miles de niños.

“Antes de la pandemia, hubo épocas en que fácilmente podíamos tener grupos de 300 niños registrados para cada uno de los días que hacíamos la catequesis”, dijo Lorena para indicar un ejemplo del crecimiento de la comunidad católica en la parroquia y en Oregon. “Por varios años fui catequista en Santa Ana”, explicó Lorena.

“Somos afortunados de tenerla en la parroquia”, expresó Caballero. “Su contribución a la iglesia y la comunidad es tan valiosa”, agregó.

“Algo que siempre recuerdo de Corina es su atención por los detalles. Muchas veces los catequistas estábamos cansados, con hambre, listos para ir a casa y de repente ella nos sorprendía con comida”, contó Lorena.

“Con el tiempo, hemos construido una amistad muy linda y cada semana, los miércoles nos vemos, conversamos y oramos juntas”, dijo Lorena.

“Corina ha dejado una huella imborrable en Santa Ana. Su dedicación, y habilidades de organización son excepcionales. Nos guía y cuida mucho. Es increíble su participación en la vida de la fe de la comunidad. Siempre está ahí para nosotros”, describió. “Admiro de ella su disciplina y persistencia, además que es un alma bondadosa y generosa”, manifestó.

Virginia López, quien ha estado vinculada como feligresa y voluntaria de Santa Ana por más de once años, explicó acerca de la importancia de los catequistas en la vida de una persona. “siempre recordaré una catequista que tuve desde cuando tenía cinco años y ella me enseñó los sacramentos y la importancia de Dios en mi vida”.

“Por mucho tiempo he ayudado en la iglesia y trabajado con Corina. Es excelente en lo que hace, su constancia, dedicación y sobre todo la capacidad de trabajar con tantas familias, con personas, con grupos es admirable”, manifestó Virginia. “La aprecio y respeto tanto que la elegimos madrina de Primera Comunión de mis hijas sor Estrella, Michelle y mi hijo Carlos, entonces ahora es mi comadre”.

“Los catequistas somos discípulos revestidos de Cristo para enseñar a los miembros de la comunidad a creer que Jesús es el Hijo de Dios, a inculcarles y educarlos para seguir el camino de Cristo”, agregó López. “Corina realmente cumple ese rol a la perfección”, dijo.

patriciam@ocp.org