El coordinador del ministerio juvenil de la iglesia San Andrés, Alejandro Bautista, asistido por Megan Larson, presenta la primera reunión del grupo de jóvenes hispanos en Zoom, en marzo del 2020. Bautista intenta permanecer conectado de diversas maneras con los adolescentes durante la crisis del coronavirus Covid-19. Antes de la pandemia, estudios nacionales indicaron tasas más altas de depresión en jóvenes hispanos comparadas con sus pares blancos y negros. (Cortesía Alejandro Bautista).
El coordinador del ministerio juvenil de la iglesia San Andrés, Alejandro Bautista, asistido por Megan Larson, presenta la primera reunión del grupo de jóvenes hispanos en Zoom, en marzo del 2020. Bautista intenta permanecer conectado de diversas maneras con los adolescentes durante la crisis del coronavirus Covid-19. Antes de la pandemia, estudios nacionales indicaron tasas más altas de depresión en jóvenes hispanos comparadas con sus pares blancos y negros. (Cortesía Alejandro Bautista).

Más de 25 veces cada semana, Alejandro Bautista, coordinador del grupo juvenil latino, inicia una sesión en Zoom y habla con un adolescente diferente. Escucha de cerca su angustia por el aprendizaje en línea, memes y chistes que son tendencia, tensiones familiares y sobre todo la relación de los adolescentes con Jesús. Se ríe con ellos y los escucha.

Es una de las maneras en que Bautista sostiene su esfuerzo de largo tiempo, ayudando a los miembros jóvenes de la Parroquia de San Andrés en el noreste de Portland, no sólo a permanecer atados a su fe, sino también emocionalmente fuertes.

Es un ministerio con valor agregado, especialmente en este tiempo en que la pandemia del COVID-19 ha puesto en evidencia las inequidades raciales, golpeando fuertemente a las familias hispanas.

"Me ayuda a sentirme conectado y es algo divertido durante este tiempo realmente difícil". 

El padre de Joshua trabaja en construcción y ha mantenido su trabajo en medio de la pandemia; un número de los feligreses de San Andrés no han contado con la misma suerte. A nivel nacional, los hispanos están perdiendo empleos y muriendo a tasas más altas que la población general.

Hasta principios de mayo, ningún miembro de la parroquia San Andrés había resultado positivo con el virus. Sin embargo, la Autoridad de Salud de Oregon muestra que el 22% de los habitantes de Oregon infectados con COVID-19 son hispanos, mientras que los números del censo indican que ellos representan alrededor del 13% de la población del estado.

Estas realidades afectan a la salud mental: Una encuesta nacional el mes pasado hecha por la organización de salud Kaiser indica que los hispanos adultos son más propensos que los blancos a señalar que el coronavirus ha afectado significativamente su salud mental. 

Los hispanos más jóvenes, al menos anecdóticamente, también afirman sentir incrementado el nivel de ansiedad. Como en la mayoría de las culturas, hay un estigma perdurable en torno a las enfermedades mentales de los hispanos.

Bautista, de 40 años, creció en México y dijo que todo lo que sabía sobre la depresión era que "es algo que les pasa a las personas débiles".

Su perspectiva evolucionó después de que se enteró de que su hija sufría de depresión clínica. "Ella me abrió mis ojos", dijo Bautista, quien finalmente captó la realidad y complejidad de la enfermedad.

Incluso antes de la pandemia, los estudios mostraron que los jóvenes hispanos en los Estados Unidos tienen tasas más altas de depresión y ansiedad que sus pares blancos y negros.

Muchos adolescentes hispanos viven con miedo acerca de la separación familiar y la tensión de navegar entre diferentes culturas, una en el hogar y otra en la escuela.

Cuando Bautista comenzó a liderar el grupo juvenil de la parroquia San Andrés, llamado Caminando con Jesús PDX hace casi nueve años, reconoció que varios adolescentes estaban deprimidos. Rápidamente empezó a integrar apoyo de salud mental en la formación espiritual.

El bienestar psicológico es un tema regular durante las reuniones, pero Bautista dijo que una clave para el éxito del grupo —atrajo hasta 60 adolescentes pre-coronavirus— es que "los jóvenes son los que lo dirigen". 

"Si quieres que los adolescentes se sientan importantes, necesitan hacer cosas importantes", dijo, agregando que dos experiencias le ayudaron a desarrollar esta perspectiva.

Poco después de que comenzó a servir como ministro de jóvenes, un día Bautista estaba ayudando al arzobispo Alexander Sample a cambiarse sus vestiduras antes de una misa. 

El arzobispo, le preguntó por qué quería trabajar con los jóvenes, tomando a Bautista desprevenido.

"Le respondí con algo cliché: “porque ellos son el futuro'", recordó Bautista.

El arzobispo se volvió hacia mí y me dijo: “ellos no son el futuro. Ellos son el presente. Sólo necesitan una oportunidad para probarlo”.

"Me fui a casa y rompí mi viejo plan. En ese momento supe que tenía que crear algo no sólo para ellos, sino con ellos".

Otro momento de formación fue cuando Bautista interiorizó que la mujer judía que dio a luz a Jesús no era adulta de unos 20 años, sino una joven adolescente "cuando iba en contra de las leyes de la época y le dijo 'sí' a Dios".

“El Sí de María me ayudó a comprender cuan poderosas son las mujeres y las adolescentes”, dijo.

Bautista, quien es mentor de otros ministros de grupos de jóvenes, dijo que el resultado de dar a los adolescentes más responsabilidad es que aumenta la autoestima y puede ayudarlos a superar la depresión y la ansiedad. 

Durante los eventos juveniles, los adolescentes "configuran el sistema de sonido, cocinan, organizan, todo", dijo. Entre sus mayores responsabilidades está el montaje y recreación anual de la Pasión de Cristo.

"Estoy creando un lugar donde pueden hacer cosas, cuando la depresión les hace pensar que no pueden", explicó Bautista, quien conoce sus límites y no trata de servir como terapeuta. Si es necesario, alienta a los jóvenes a recibir ayuda profesional y guía a las familias a través de esa experiencia.

Bautista dijo que apoyar la salud mental de los adolescentes también requiere estar presente digitalmente donde ellos pasan tiempo, en aplicaciones como Instagram y TikTok. Los jóvenes también saben que pueden enviarle mensajes de texto en cualquier momento. 

"Trabajar con ellos en su espiritualidad y salud mental no es asunto solamente de la reunión del grupo juvenil del viernes por la noche; tienes que estar disponible todo el tiempo", dijo. "Es entre las 9 p.m. y la medianoche, cuando suelen pasar por una crisis, y quiero estar ahí para ellos".

Desde que la orden confinamiento domiciliario de Oregon entró en vigor en marzo, el ministerio de jóvenes ha sido un desafío y ahora es muy diferente.

No obstante, Bautista está decidido a hacer lo que pueda. Permanece presente en las redes sociales y trasladó las reuniones con los grupos juveniles del viernes a Zoom.

Al principio la videoconferencia fue una novedad y los jóvenes estaban emocionados de participar. Pero el entusiasmo ha disminuido. Recientemente, sólo unas 10 personas se han estado uniendo.

Jason Kidd, director de la oficina de Matrimonio y Vida Familiar de la Arquidiócesis, dijo que otros líderes de grupos juveniles han realizado grupos en línea, pero piensa que "todo el mundo se está alejando un poco".

Varios adolescentes feligreses de San Andrés que participan en las sesiones de los grupos juveniles virtuales, dijeron que las reuniones reducen la intensidad su estrés y son un espacio para reír y sentirse conectados.

“Es una oportunidad para hablar con otras personas después de un largo día en casa”, dijo Valentina Castro de 16 años.

“Me ha ayudado mucho”, agregó Joshua.

Para llegar a más adolescentes, Bautista comenzó a realizar encuentros individuales en línea y a los jóvenes les ha parecido más atractivo que el encuentro grande de Zoom.

La feligresa de San Andrés Megan Larson, que colabora con el grupo juvenil, también participa. En promedio, 25 adolescentes participan en la sesión para hablar durante toda la semana.

Bautista dijo que los adolescentes hablan de sentirse más deprimidos estando en casa todo el tiempo. Muchos de ellos pasan todo el día en sus teléfonos, o son responsables de los hermanos más pequeños mientras sus padres trabajan.

No todas las familias hispanas tienen acceso a una información veraz y confiable sobre el virus y algunas pensaron que la orden de permanecer en casa significaba que era ilegal salir a dar un paseo.

"Ha habido mucho miedo", dijo Bautista. "Al principio, algunos padres ni siquiera permitían que los niños estuvieran en el patio o jugaran al baloncesto al frente".

El padre Dave Zegar, pastor de la iglesia San Andrés, dijo que no está seguro de cuánto tiempo funcionará esta forma digital de divulgación, pero "es claramente muy útil en este momento". Señaló que es un ministerio no sólo para los jóvenes, sino también para los padres latinos.

"Este es un momento difícil para los padres y ellos no siempre saben qué hacer con los niños de esta edad", dijo.

El sacerdote añadió que Bautista es la persona perfecta para sostener un ministerio digital. "Es extrovertido y le encanta lo que hace. Estamos muy agradecidos de tenerlo”.

Bautista continuará con los esfuerzos virtuales mientras las políticas de distanciamiento físico estén vigentes o haya adolescentes que participen.

"Mientras al menos una sola persona asista, lo seguiré haciendo por él o ella", dijo. "Una persona es suficiente." 

katies@catholicsentinel

Traducido y editado por Patricia Montana/El Centinela