Hojas de palma son distribuidas a los feligreses al ingresar a la misa del Domingo de Ramos en la iglesia San Mateo, en Hillsboro, el 28 de marzo de 2021. (Patricia Montana/El Centinela)
Hojas de palma son distribuidas a los feligreses al ingresar a la misa del Domingo de Ramos en la iglesia San Mateo, en Hillsboro, el 28 de marzo de 2021. (Patricia Montana/El Centinela)

Al comenzar la misa de Domingo de Ramos en la iglesia San Mateo, en Hillsboro y dar inicio oficial a la Semana Santa, el sacerdote Rito Guzmán bendijo las palmas que tradicionalmente acompañan esta celebración en la que se conmemora la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, en preludio del Triduo Pascual.

Los fieles presentes levantaron y agitaron las hojas de palma que llevaban consigo en señal de júbilo mientras el sacerdote se desplazó alrededor para bendecirlas con agua bendita.

Debido a las restricciones ligadas a la pandemia, 75 feligreses distanciados uno del otro y utilizando tapabocas participaron en la celebración.

Es el segundo año en que la Semana Santa se celebra en medio de la incertidumbre de la pandemia de Covid-19.

“Este Domingo de Ramos nos sentimos con la sensación de estar en una montaña rusa”, dijo el padre Rito, al comenzar su homilía y comparar las emociones y sentimientos que se experimentan en el juego mecánico con la emoción, sensaciones y sentimientos que experimentan los fieles al conmemorar la Semana Santa.

El presbítero reflexionó en los dos aspectos centrales que presenta el Evangelio de San Marcos sobre la pasión y muerte de Jesucristo.

En primer lugar, la recordación de la entrada triunfante de Jesús en Jerusalén cabalgando en un burrito, para dar cumplimiento a lo anunciado por los profetas, que el Mesías cumpliría su obra de salvar a la humanidad en Jerusalén.

“Empezamos jubilosos y gloriosamente diciendo ¡Hosanna!, ¡que viva el rey! con la entrada triunfal, levantando las palmas y luego las vamos bajando y contemplando en silencio a Jesús, un hombre perseguido, enjuiciado erróneamente, humillado, objeto de burlas, condenado y crucificado”, señaló el prelado explicando el paso de la alegría al dolor.

En segundo lugar, la pasión y muerte de Jesús en preparación a una mayor intensidad y fervor para celebrar la Semana Santa.

El sacerdote explica que Jesús se ve rodeado de una multitud de gente que lo aclama diciéndole estamos contigo, pero muy pronto todos lo abandonan.

¡Como se sentiría Nuestro Señor! exclamó.

“A la beata Conchita, nuestra madre”, continuó el presbítero, “Jesús le reveló que el tormento, la pasión interior de Cristo fue mil veces peor que la exterior”, en un intento por explicar el indescriptible sufrimiento de Jesús.

“Mi alma está sufriendo una tristeza de muerte. Quedaos aquí y velad conmigo”, citó el padre Rito, aludiendo al evangelio.

Sin embargo, “¿qué pasa con nosotros hermanos? Nos quedamos dormidos en las vanidades del mundo, en nuestros propios vicios y placeres, lamentó el padre Rito.

¿Dónde ponemos a Dios?”, se preguntó retóricamente.

“Jesús nos pide que lo acompañemos”, enfatizó el sacerdote, “que estemos con El”.

El prelado hizo un llamado a los fieles para escuchar a Jesucristo en su silencio, para unirnos a los sentimientos de Jesús, haciendo un esfuerzo por producir un cambio en nuestras vidas.

Sabemos que Jesús en su sufrimiento, en su agonía interior derramó gotas de sangre, explicó.

¡Contemplemos a Cristo en su pasión interior y no nos quedemos con lo exterior!

¡Abracemos a Cristo para demostrarle nuestro amor! "El amor puro que El nos mostró", instó el sacerdote.

Al abrazar a Cristo, hermanos y hermanos abrazamos al mundo entero, porque eso es precisamente lo que celebramos, la salvación del mundo, dijo.

“Cuando abrazamos al mundo, estamos en contra de las injusticias, de la discriminación racial, de la corrupción en el mundo, buscamos que nuestra vida sea un ejemplo para otros, ser compasivos y misericordiosos”, dijo el religioso invitando a los feligreses a demostrar el amor puro que Cristo mostró por nosotros.

patriciam@ocp.org