Francisco Lara/El Centinela
El Padre David Zegar párroco de San Andrés y organizador del evento Día de Muertos, junto a Pedro Rubalcava.
Francisco Lara/El Centinela
El Padre David Zegar párroco de San Andrés y organizador del evento Día de Muertos, junto a Pedro Rubalcava.

La celebración del Día de Muertos como es llamada popularmente, es la Conmemoración de los Fieles Difuntos y parte de la vigilia a la conmemoración del Día de Todos los Santos.

Cuando hablamos de esta celebración no podemos dejar de lado el hecho de que estamos hablando de la muerte, que es algo que a muchas personas incomoda y les parece que no es correcto. Pero para las personas que lo celebran en la Iglesia católica es una forma de recordar de una manera especial y sentirse más cerca de los seres queridos que han muerto.

Esta es una celebración muy antigua que tiene su origen en los tiempos prehispánicos. En nuestros tiempos y después de la colonización española, se adecuó especialmente en México, donde se celebra en todo el país, pero de manera muy diferentes dependiendo de cada región.

Generalmente en algunas ciudades del sur de México, la gente va al cementerio llevando veladoras, xempazuchitl (una flor color naranja) tradicional de esta celebración, y ofrendas, como el tradicional “pan de muerto” hecho de levadura, y la comida y bebida favorita del difunto.

Con el tiempo la tradición ha cambiado. Ahora todo es motivo de fiesta y color, la fiesta es una conmemoración para recordar a los muertos, pero también para recordar que un día todos vamos a morir, por lo cual hay que vivir plenamente la vida. Como católicos durante estas celebraciones, se asiste a Misa, donde la intención principal es orar por los difuntos. Es una celebración hermosa llena de color y recuerdo.

Durante la fiesta, son tradicionales las calaveras de azúcar, las cuales son generalmente para dar de regalo a los amigos. También se leen historias divertidas que hablan de la muerte, se canta y se disfruta la comida tradicional. Algunas personas se pintan la cara y otros se disfrazan para ayudar a dar vida a esta celebración.

Esta fiesta se celebra de diferente manera según la región donde se vive, pero siempre con la misma idea: se asiste a Misa en familia, generalmente en la capilla del panteón, donde hay misa cada hora durante todo el día, y después la familia va a la tumba, la limpia, la arregla con flores, se reza el Rosario y otras oraciones. Se canta, se llora y se come, para sentirse cerca al ser querido. En algunos lugares la gente va la noche anterior y pasa noche en vela en el cementerio.
En este país la celebración ha tomado fuerza, no sólo en la comunidad mexicana sino también entre los inmigrantes latinoamericanos y miembros de la comunidad angla.

Al estar lejos de los seres queridos y sin la oportunidad de viajar para enterrar a sus muertos o visitarlos en su tumba, el Día de los Muertos se ha convertido en la celebración perfecta para poder dar ese tributo a los seres queridos, que se quedaron en el país de origen u otros estados del país.


Mantener la tradición


Quizás la celebración del Día de Muertos puede ser difícil de entender o parecer pagana, pero es una manera de recordar el pasado y celebrar la vida. Sobreviven las enseñanza de los abuelos y bisabuelos que se pasan a los hijos y les da un sentido de pertenencia cultural.

El Padre Ben Tapia, de la parroquia de San Antonio de Padua, en Forest Grove, Oregon, compartió su experiencia personal sobre el Día de los Muertos.

“Es interesante porque en Tijuana siempre hacíamos la misma rutina cada año con mi familia. Y ahora viajo para ir con mi familia y llevar a mis sobrinos al panteón, y así poder continuar con la tradición. Es fácil, ya que toda mi familia está en el mismo panteón en Tijuana. Llevábamos palas, azadón y pintura. Limpiamos, pintamos, reparamos y decoramos las tumbas. En el pasado, cuando asistíamos con la abuela que era la cabeza del matriarcado, ella nos iba contando sobre cada uno de los familiares fallecidos, de sus vidas, anécdotas felices, qué les gustaba comer y cómo eran. Empezaba con el abuelo, luego los tíos y seguía, cada año mientras limpiábamos, pintábamos. Ella nos iba contando las historias, que se quedaron en mi memoria”.

“Por eso ahora con las siguientes generaciones, yo trato de viajar a México para llevar a mis sobrinos. Hago lo mismo con ellos, para que ese recuerdo no se olvide”.

“El sincretismo religioso es muy interesante sobre la forma en que honramos la memoria de todos aquellos que se fueron antes que nosotros. De la misma manera es la forma de reconocer los tres niveles de la muerte de una persona, como lo habla la famosa película “Coco”. La muerte del corazón, osea cuando este deja le latir. La segunda, el duelo o el dolor con la partida de la persona de este mundo cuando el cuerpo es enterrado y entra en la tierra. La tercera, cuando los seres queridos se olvidan de esa persona y ya nadie la recuerda”.

“Así crecí yo, con la memoria de todo los seres queridos que no conocí en vida, pero ya que me contaban sus historias y así supe quiénes eran y aprendí a quererlos”.

“Es importante recordar de donde somos. De donde venimos y nuestras raíces, ya que nuestra cultura en estos momentos cuando vivimos tan lejos y no tenemos a donde ir a visitar a nuestros muertos y mantener esta tradición”.

“Por eso, yo celebro nuestra Misa del Día de los Muertos, y pido que la gente asista y lleve su pan de muerto y la calavera. Es es el recuerdo de Cristo que venció a la Muerte. No es nada satánico, ni de temer. Es una tradición bonita y única, ya que no sólo es para recordar la muerte, sino como aceptarla como parte de la vida y del misterio de la salvación”.

“Nuestros familiares mayores, fueron los que guiaron nuestra tradición, por eso muy importante mantener el recuerdo de su vida presente, ya que eso nos ayuda a saber de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde vamos”.

“La muerte es el centro de nuestro misterio de la salvación. Así que cuando los españoles llegaron y conocieron esta arraigada tradición, la continuaron incluyendo en el cristianismo y redirigiéndola, desde lo pagano hacia el sentido cristiano”.

El Padre Tapia dijo que “es muy importante como católicos seguir haciendo de esta tradición prehispánica, algo cristiano. Y nunca olvidar ‘Santificar las Fiestas’”.



                      FranciscoL@ocp.org