Dios no es una fuerza abstracta en el universo, sino es un Dios personal que irrumpió en la vida humana por amor, dijo el arzobispo Sample, durante su homilía el Domingo de la Santísima Trinidad.

“El está profundamente interesado en nosotros”, dijo en la misa transmitida en vivo desde la Catedral de Santa María de la Inmaculada Concepción.

Las tres Personas divinas de la Trinidad se relacionan entre sí en el amor y se relacionan con los seres humanos por amor, dijo el arzobispo.

Señaló que aquellos en la sociedad que profesan ser “espirituales, pero no religiosos” no van tan lejos para responder a un Dios que nos llama a las relaciones personales.

Una de Las Personas de la Trinidad, el Espíritu Santo, fue el tema de la homilía del arzobispo en el Domingo de Pentecostés, el 31 de mayo.

La venida del Espíritu convirtió a un grupo apiñado de discípulos temerosos y abatidos, en un equipo seguro y resiliente de apóstoles que predicaron a Jesús Resucitado de entre los muertos, dijo el arzobispo.

Ellos temían por sus propias vidas en los momentos previos, pero de repente no pudieron mantenerse callados”, explicó en la misa transmitida en vivo desde la Catedral.

Recordó a los espectadores que, por el poder del Espíritu Santo, Jesús permanece con la humanidad y que todos tienen dones del Espíritu como cuidar a los pobres, luchar por la justicia, atender a los enfermos, guiar a los jóvenes y velar por los adultos mayores.

El Espíritu también trae unidad; una profunda necesidad ahora dijo. “Si pudiéramos llegar a ser uno, y nuestros corazones se prendieran con el fuego del Espíritu Santo, podríamos transformar el oeste de Oregon”.

El 29 de mayo, durante su charla semanal en vivo desde la capilla de su residencia, el arzobispo continuó una serie sobre la Eucaristía.

En sesiones anteriores, había explicado que la misa, si bien es un banquete, es principalmente un sacrificio, una manera en que los humanos participan en el Sacrificio de Jesús que se entregó por todos en la cruz. En esa sesión, explicó por qué es necesario el sacrificio.

El arzobispo explicó a los espectadores que el pecado original causó una ruptura infinita porque el ofendido fue Dios, que es amor infinito, bondad y perfección. Tal rompimiento no puede sanarse por un sacrificio humano finito — sólo uno de valor infinito servirá.

Es por eso por lo que, a través de la Santa Misa, Cristo se convierte en nuestro sacerdote, ofreciendo el sacrificio, pero también es aquel que es sacrificado para llevar a cabo la reconciliación.

“Debido a que su naturaleza es divina, el sacrificio es de valor infinito”, dijo el arzobispo, recordando que necesitamos reconciliarnos con Dios no sólo por el pecado original, sino por los pecados que cometemos cada día contra Dios. “Sólo esa ofrenda de Jesús en la cruz puede compensarlo.” 

Traducido y editado por Patricia Montana/El Centinela.