WOODBURN.- “Debes estar en dónde está la gente”,pensaba el Padre Scott Baier cuando visitó un campamento de inmigrantes en la ciudad de Woodburn.

Él describió su experiencia durante su recorrido por el campamento. Contó que un día al finalizar el verano habiendo todavía luz del sol, un grupo de personas estaban sentadas jugando cartas. Entonces el se les acercó y les preguntó si podía orar con ellos, ellos estuvieron de acuerdo. Luego de hacerlo, continuó caminando y hablando con otros inmigrantes que vivían en el campamento. El vicario de la parroquia San Lucas en Woodburn dice que ellos estaban muy felices al verlo.

“Me di cuenta de que eran personas que trataban de hacer el bien, pero parecía que estaban como aburridas”, dijo el Padre Baier. “No gozaban de las distracciones o entretenimiento”.

El Padre Baier le preguntó al capataz si podía regresar para confesar y celebrar una Misa, ya que la mayoría de quienes viven en el campamento trabajan los domingos o no tienen transporte. Al final del verano, lo pudo hacer.

“Visitar campamentos de inmigrantes, nos abre los ojos a la pobreza que existe en medio de nosotros”, dijo el Padre Baier. “Estas son las personas que recogen los kiwis, el agráz, los espárragos y los lúpulos con que se elabora la cerveza que bebemos, y asumimos que todo esto ya está hecho”, dijo conmovido el sacerdote.

El número de migrantes en Oregón no es fundamenta para la economía. Un estudio realizado por Larson Assistance Services en el 2013 estimó que hay más de 90.000 inmigrantes y trabajadores temporales agrícolas en el estado y más de 160.000 cuando se incluyen a los inmigrantes que no trabajan en agricultura o que acompañan a los trabajadores agrícolas.

“Escencialmente, Oregón es un estado cuya economía está basada en la industria agrícola de $6 billones que depende de que haya muchos trabajadores del campo, tanto temporales como permanentes”, dijo Ramón Ramirez, presidente de PCUN y defensor de los inmigrantes en el estado.

De acuerdo con Ramón Ramírez, los inmigrantes surgieron de la necesidad económica. Muchos de los trabajadores agrícolas que llegaron a los Estados Unidos eran propietarios de pequeñas fincas, agregó en entrevista con El Centinela.
“Pero, terminaron vendiendo sus fincas o las perdieron debido a las deudas y a lo difícil que es competir en el mercado alimenticio global”.

Es posible emigrar temporalmente a los Estados Unidos con documentos para trabajar en fincas, pero debe demostrarse que existe la necesidad de contratar a estos trabajadores. Y los agricultores deben cumplir con un número de condiciones para traer trabajadores migrantes. El año pasado, sólo 134.368 visas agrícolas temporales para emigrantes fueron otorgadas a nivel nacional por el Departamento de Estado.

Aquellos que viven en campamentos de inmigrantes y no tienen documentos viven en condiciones pésimas. “Son condiciones peores que las del tercer mundo”, explica Ramón Ramírez. Familias numerosas viven hacinadas en pequeños cuartos con acceso limitado a baños y cocinas. “Es difícil. Es una vida muy dura”, dice.
“La gente vive allí por pura necesidad”.

Ser emigrante es distinto a ser inmigrante porque el emigrante se muda frecuentemente dependiendo del trabajo. “Todos somos personas. Darle la bienvenida al extraño no se trata solo del inmigrante que llega, sino que se trata del individuo. Se trata de reconocer que todos somos personas”, dice Matt Cato, director de la Oficina de Vida, Justicia y Paz de la Arquidiócesis de Portland.

“Tienes que sostener a tu familia”, agrega Matt Cato, mencionando una frase de Juan Pablo II. “Cada ser humano tiene derecho a la libertad de movimiento y de residencia dentro del territorio de su propio estado. Cuando hay razones justas a su favor, se le debe permitir emigrar a otros países y residir allí. El hecho de que sea ciudadano de un estado particular no le quita la membrecía de la familia humana, ni la ciudadanía de la sociedad universal, de la comunidad mundial de la hermandad humana”, declaró el Papa en un discurso ante el Congreso del Nuevo Mundo sobre el Cuidado Pastoral de los Inmigrantes en 1985.

La Conferencia de Obispos de los Estados Unidos reforzó este punto, diciendo que todas las personas tienen el derecho a la vida y a suplir sus necesidades básicas.
“Creo que es importante darnos cuenta de que todos estamos conectados al cuerpo de Cristo”, dijo el Padre Baier. “De eso se trata la verdadera comunión”.


*Traducción al español Carolina Andraus-Edición Rocío Rios.


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