Cortecía ACIPrensa 
 Los padres de familia son los ausentes de la realidad cotidiana de sus hijos y la sociedad está llena de “huérfanos”.
Cortecía ACIPrensa
Los padres de familia son los ausentes de la realidad cotidiana de sus hijos y la sociedad está llena de “huérfanos”.

La pregunta interesante es: ¿Por qué a la familia se le llama la Iglesia doméstica?

Y si recorremos nuestra infancia, en particular mi experiencia infantil, no puedo negar que fue en casa donde aprendí el valor de la oración, gracias a mi abuelita Carmen Vargas de Niño y a mi abuelito Luis Carlos Niño Molina. Al lado de ellos, era impensable vivir sin la oracion diaria y la Misa dominical.

Sobre la familia como iglesia doméstica hay un epígrafe en el Catecismo de la Iglesia Católica, que abarca los números 1655-1658, con ese mismo título.

La Conferencia Episcopal de República Dominicana (CED) recordó a los padres de familia su papel en la formación de los hijos, iluminándolos con su experiencia para que tomen las mejores decisiones. Ese papel se reitera con base en el mensaje del Santo Padre sobre la importancia de la Iglesia doméstica.

“Los padres juegan un rol muy importante en el discernimiento vocacional, constituyendo un factor primordial y decisivo en la vida de sus hijos. La familia es fundamental, pues los padres acompañan, orientan, guían, transmiten valores y creencias, y los educan a sus hijos en la fe”, afirmó el Episcopado en su carta pastoral.
“Escuchar y acompañar a los jóvenes en un proceso de discernimiento”, tema que cobra mayor importancia cuando se acaba de celebrar la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá.
“Las experiencias de vida de los padres iluminan a los jóvenes para tomar las mejores decisiones, ya que confían en ellos y reconocen que buscan su bien”.

Catequesis del Papa

El Papa Francisco ha reflexionado durante su pontificado sobre los efectos de la ausencia de los padres en los hijos y en las graves consecuencias de una sociedad que, en la práctica, está formada por niños y adolescentes “huérfanos”.

En una de sus catequesis, el Papa ha reiterado: “Retomemos el camino de catequesis sobre la familia. Hoy nos dejamos guiar por la palabra “padre”. Una palabra más querida que cualquier otra por nosotros cristianos, porque es el nombre con el cual Jesús nos ha enseñado a llamar a Dios: Padre.

“El sentido de este nombre ha recibido una nueva profundidad precisamente a partir del modo en el cual Jesús lo usaba para dirigirse a Dios y manifestar su especial relación con Él. El misterio bendito de la intimidad de Dios, Padre, Hijo y Espíritu, rebelado por Jesús, es el corazón de nuestra fe cristiana.

“Padre” es una palabra conocida a todos, una palabra universal. Ella indica una relación fundamental cuya realidad es antigua cuánto la historia del hombre. No obstante, hoy se ha llegado a afirmar que nuestra sociedad sería una “sociedad sin padres”. En otros términos, en particular en la cultura occidental, la figura del padre estaría simbólicamente ausente, desvanecida, removida.

En un primer momento, el asunto fue percibido como una liberación: liberación del padre-patrón, del padre como censor de la felicidad de los hijos y obstáculo a la emancipación y a la autonomía de los jóvenes.

En efecto, en el pasado algunas veces en nuestras casas reinaba el autoritarismo, en ciertos casos incluso el atropello: padres que trataban a los hijos como siervos, no respetando las exigencias personales de su crecimiento; padres que no los ayudaban a emprender su camino con libertad –pero no es fácil educar a un hijo en libertad– padres que no los ayudaban a asumir las propias responsabilidades para construir su futuro”.

Hoy en la comunidad católica es vital estar atentos a esa figura paterna en la vida de los pequeños y al mismo tiempo del adolescente. Una figura desde la que se pueda construir la confianza y el espacio de oración en el hogar.