Abigail Dávila regresa del recreo. Ella y los otros estudiantes cuelgan sus mochilas en su respectivo espacio en el pasillo y luego van a su asiento. (Kristen Hannum/Catholic Sentinel)
Abigail Dávila regresa del recreo. Ella y los otros estudiantes cuelgan sus mochilas en su respectivo espacio en el pasillo y luego van a su asiento. (Kristen Hannum/Catholic Sentinel)

“Esta es mi escuela”.

 

Una niña de preescolar, con su cabello trenzado ligeramente torcido y en medio de una carrera alrededor de los pisos de madera pulida del gimnasio de la escuela St. Vincent de Paul, el primer día del año escolar, se detiene para confiar esa importante noticia a la directora Angélica Gloria.

 

“Sí, esta es tu escuela,” Gloria afirma.

 

La niña asiente, solemne y complacida, luego se aleja a reunirse con otras niñas de 3 y 4 años girando aros de hula hula, rebotando pelotas, pero sobre todo corriendo, saltando y casi tomando el aire con exuberancia.

 

Su energía condensa la de la escuela, la primera de su tipo en la Arquidiócesis de Portland.

 

La escuela del nordeste de Salem, fundada en 1925, lanzó un programa de inmersión en dos idiomas en 2020. Los educadores bilingües enseñan tanto en español como en inglés, con el objetivo de graduar a estudiantes completamente bilingües.

 

“Los programas de inmersión bidireccional bien implementados se encuentran entre las formas más impresionantes de educación disponibles en los Estados Unidos”, según el Centro de Lingüística Aplicada.

 

“Los estudiantes que participan en estos programas adquieren capacidad académica a nivel de grado, habilidades lingüísticas y de alfabetización bien desarrolladas en dos idiomas, y competencia intercultural”.

 

Hay 100 estudiantes inscritos en San Vicente de Paúl este año, desde preescolar hasta quinto grado. Eso es un salto con respecto a los 52 del año pasado, el primer año del programa.

 

Antes de eso, la arquidiócesis y la parroquia se habían enfrentado a la posibilidad y probabilidad de hecho, de que la escuela tendría que ser cerrada.

 

“La escuela, financieramente hablando, no iba bien”, dijo el padre Manuel Becerra, párroco. “Y las necesidades de la comunidad no estaban siendo satisfechas.”

 

Muchos padres en el área no hablan inglés y no podían funcionar con una escuela de habla inglesa. Los adolescentes eran bilingües, pero no podían leer ni escribir español.

 

Mientras tanto, hubo una creciente comprensión del valor de hablar más de un idioma y el hecho de que los cerebros jóvenes aprenden idiomas fácilmente en comparación con las personas mayores.

 

En Portland, 10 escuelas públicas ofrecen inmersión bilingüe en español, con una demanda tan alta que hay una lotería de inscripción.

 

El padre Becerra y Gloria afirman que el apoyo del departamento de educación de la arquidiócesis fue fundamental, en parte vinculándolos con programas católicos modelo en lugares como Florida y California.

 

“Sin ellos no hubiera sido posible”, admitió el padre Becerra. “Así es como obra el Espíritu Santo”.

 

El presbítero Becerra y Gloria describen la renacida escuela San Vicente de Paúl en términos de su mascota, el Ave Fénix: una nueva escuela resurgida de sus propias cenizas.

 

El personal es 100% bilingüe, todos recién contratados en 2020 o este año. “Son un equipo de ensueño”, dijo Gloria, también contratada en 2020 como directora fundadora del nuevo programa.

 

Ella mantiene el tamaño de las clases pequeñas, 15 en cada clase de jardín de infantes y 20 en los otros niveles, pero espera 20 estudiantes más este año, lo que le permitiría contratar a otro maestro.

 

Hay lista de espera para algunos niveles.

 

Gloria espera que el éxito de la escuela continúe. “Esta es una gran comunidad”, dijo. “Estamos en el corazón de esta área, y estamos recibiendo excelentes comentarios y apoyo”.

 

El nuevo miembro del personal, Juan Jáuregui, es el coordinador de alcance a a comunidad que también ayuda con el trabajo en el patio de recreo y otras tareas en el campus. Su función principal, sin embargo, es coordinar voluntarios de la comunidad para brindar apoyo financiero y de otro tipo a la escuela, incluida la búsqueda de empresas que puedan asesorar a los estudiantes.

 

Gloria dijo que el objetivo era proporcionar una educación católica asequible o incluso gratuita a cada familia.

 

“Estamos desarrollando socios comerciales y aumentando nuestra base de donantes”, dijo Jáuregui.

 

En el comedor de los maestros, Alma Sanders, quien enseña kindergarten, dijo que este año se está basando en el año pasado. “Es más tranquilo”, dijo sobre el primer día de este año. “Y nosotros, los maestros, podemos ayudarnos mejor unos a otros”.

 

También está la tranquilidad de saber que hacer incluso si sucede lo peor. El año pasado eso significó que el humo de los incendios fue tan malo que la escuela tuvo que cerrar durante dos días, y luego Covid-19 cerró las escuelas, existen sistemas para aliviar el problema.

 

El año pasado, Gloria solicitó una licencia de emergencia para el cuidado infantil para la escuela, lo que significa que podría permanecer abierta durante el cierre, enseñando durante dos horas al día y luego brindando cuidado infantil educativo. La escuela también recibió fondos que permitieron una estación de saneamiento en cada puerta del aula, así como escudos plásticos para el escritorio de cada estudiante.

 

Las protecciones no parecen disminuir la comunicación o el aprendizaje.

 

En una clase de religión de quinto grado, realizada en inglés porque es la tarde (las clases de la mañana son en español), los estudiantes le dijeron a la maestra Melissa Garmon lo que significa la oración para ellos.

 

Garmon tuvo que elegir entre muchas manos levantadas.

 

“Nos ayuda a acercarnos más a Jesús y a Dios”, dijo Amy Armstrong.

 

Gloria, mirando, sonrió. “Este es un trabajo de ensueño”, dijo.

 

kristenh@catholicsentinel.org