Malin Jimenez
Malin Jimenez

Pascual Miguel Pascual, con voz temblorosa intentó expresar lo que sintió después de que su hermano menor desapareciera en un afluente del río Columbia este verano.

 

“Cuando experimentas ese tipo de dolor, realmente no hay palabras que puedan describir lo que hay en tu corazón”, dijo el inmigrante guatemalteco de 28 años.

 

Después de cuatro días, los equipos de rescate recuperaron el cuerpo del joven, lo que permitió a la comunidad católica maya de los hermanos celebrar una misa fúnebre y comenzar a procesar su dolor. Pero como sucede con muchas familias inmigrantes, había seres queridos de luto a miles de kilómetros de distancia.

 

“Nuestros padres en Guatemala, querían despedirse y enterrarlo allá”, dijo Pascual. “Eso era muy importante para ellos”.

 

Las tarifas asociadas con el transporte de un cuerpo a nivel internacional pueden oscilar entre US$5.000 y US$15.000 dólares, un precio asombroso para los inmigrantes más recientes.

 

Pascual mantiene a sus cuatro hijos trabajando para una empresa de limpieza; José, su hermano fallecido, era empleado en un restaurante mexicano de comida rápida. “No estábamos preparados para esto, y mi familia no tenía todo ese dinero de nuestra propia cuenta”, dijo Pascual.

 

Sin embargo, una asociación funeraria recién formada gracias a la acción colectiva, estaba equipada para ayudar.

 

Organizada el año pasado por católicos mayas de la comunidad local, apoya a las familias con gastos funerarios, incluido el costo de enviar un cuerpo a Guatemala.

 

La familia de Pascual fue la primera en recibir asistencia.

 

Es un arreglo simple: cualquier persona mayor de 18 años puede solicitar ser incluida en una lista que indique que contribuirá con US$50 cuando un miembro de la comunidad que está en la lista fallezca. Ellos también son elegibles para recibir ayuda con los fondos recaudados.

 

José Pascual posa frente al río Willamette, en el centro de Portland en abril pasado. (Cortesía Pascual Miguel Pascual).

 

El grupo está compuesto por 120 personas, principalmente miembros de la parroquia St. Andrew de Portland, el centro espiritual de los católicos mayas en la región.

 

La cooperativa “es algo especial y algo que necesitábamos”, dijo Romeo Jiménez, diácono permanente en St. Andrew e inmigrante guatemalteco. “Es tender tu mano para ayudar a otro cuando está sufriendo”.

 

Grupos de inmigrantes guatemaltecos comenzaron a establecerse en Oregon en la década de 1980 a medida que las violaciones de derechos humanos y la violencia política se intensificaban en el país centroamericano.

 

Más de 200.000 personas fueron asesinadas o desaparecidas durante los 36 años de guerra civil de Guatemala, que terminó en 1996. Décadas después, la violencia y la extorsión por parte de organizaciones criminales y pandillas siguen siendo problemas graves y motivan a muchas personas a irse.

 

A medida que los guatemaltecos fueron llegando a Oregon, trajeron muchas lenguas y culturas indígenas, incluida la de los mayas. Un grupo diverso de pueblos indígenas, los antiguos mayas vivieron en partes de los actuales México, Belice, El Salvador, Honduras y Guatemala y tuvieron una de las civilizaciones más sofisticadas del hemisferio occidental.

 

Hoy en día, alrededor de siete millones residen en sus países de origen y en países de todo el mundo.

 

Para satisfacer las necesidades espirituales de la comunidad católica maya que crece localmente, la parroquia San Andrés hace más de 20 años comenzó a ofrecer una misa mensual en Qánjob’al.

 

Es la única liturgia en lengua maya en la arquidiócesis y actualmente atrae a alrededor de 150 personas de Cornelius, Hillsboro y Portland.

 

Malín Jiménez, es maya guatemalteca y feligresa de San Andrés. Su madre llegó a Oregon en la década de 1990 después de huir de la violencia.

 

“Trabajó duro recogiendo arándanos y fresas hasta que tuvo suficiente dinero para traer a todos los niños y a mi papá aquí”, dijo la joven de 31 años.

 

Jiménez es empleada de una organización sin fines de lucro de Portland que aboga por mejorar el transporte, la vivienda y la calidad del aire para la comunidad latina.

 

También se ofrece como voluntaria para servir como intérprete maya y ayuda a conectar a miembros de la comunidad con servicios de alquiler y asistencia alimentaria.

 

Ella dijo que cuando algún miembro de la comunidad maya muere, se apoyan mutuamente con oración, generalmente una novena que comienza el día de la muerte y diferentes niveles de ayuda financiera. Algunos inician una cuenta de GoFundMe.

 

“La gente recauda fondos y ayuda, pero eso no siempre es suficiente para los costos funerarios y el envío de un cuerpo”, dijo.

 

"Debido a que la mayoría de los mayas en la región son inmigrantes de primera generación, hay vínculos especialmente fuertes con Guatemala.

 

“Los padres allá quieren que sus hijos queden enterrados junto a ellos”, dijo Jiménez.

 

El Consulado de Guatemala tiene un fondo que puede ayudar a cubrir el costo de repatriar algunos cuerpos de migrantes, pero no todos son elegibles. Incluso si lo son, se necesitan una serie de documentos para su aprobación y puede haber retrasos.

 

“La gente se comunicaba conmigo para decirme que un miembro de la familia falleció y no sabían qué hacer, no tienen el dinero necesario”, recordó el diácono Jiménez.

 

La asociación funeraria fue la respuesta a tal angustia.

 

La mayoría de las comunidades de inmigrantes se unen unas a otras cuando hay una tragedia, y si un maya guatemalteco no estuviera en la lista y necesitara ayuda, “aún recibiría nuestra atención y apoyo financiero”, dijo el diácono.

 

Pero la asociación proporciona un nivel de seguridad y tranquilidad que es único.

 

“No siempre hay una buena manera de ayudar a alguien que realmente está sufriendo”, dijo. “Este tipo de ayuda significa mucho para una familia”.

 

Si bien la mayoría de los miembros del colectivo son feligreses de San Andrés, algunos pertenecen a otras religiones y algunos incluso viven fuera del estado.

 

El objetivo es compensar la mayor parte de los gastos, ya sea que la familia opte por enterrar el cuerpo localmente o enviarlo a Guatemala.

 

El grupo cubrió US$6.000 de los US$8.000 necesarios para transportar el cuerpo de José a sus padres este verano. “Fue muy, muy útil para nosotros”, dijo Pascual, y agregó que estaba agradecido por la reciente oportunidad de contribuir con $50 y ayudar a otra familia.

 

La vida sigue siendo difícil sin su hermano de 21 años, un joven tranquilo que cantaba en el coro maya y le encantaba andar en bicicleta por Portland.

 

“Cuando escucho que alguien más muere realmente me afecta, me siento sensible”, dijo Pascual. “Pero tener el apoyo de la comunidad a través de todo esto, ayuda a lidiar con la tristeza”.