Robby Selby fotografiado a la edad de 9 años. Falleció de cancer al año siguiente. (Cortesía Janie Selby).
Robby Selby fotografiado a la edad de 9 años. Falleció de cancer al año siguiente. (Cortesía Janie Selby).

Danny Rauda comenzó su trabajo como coordinador de justicia social en la Parroquia de San Antonio, en Tigard, en la misma época en que la muerte de George Floyd encendió el movimiento de derechos civiles más grande desde las décadas de 1950 y 1960.

 

Rauda estaba ansioso por fomentar conversaciones constructivas en torno a la justicia racial, pero también sabía que las conversaciones podrían disolverse fácilmente en un conflicto improductivo.

 

“Estamos divididos como país y eso se ve reflejado más ampliamente en nuestra propia iglesia y las ideologías políticas”, dijo.  “Tan pronto como alguien habla de raza cada uno se refugia en su propia zona de confort”.

 

Para reunir a los católicos con ideologías opuestas en una conversación fructífera, Rauda se ha enfocado en las enseñanzas de la iglesia y en cultivar las relaciones. Un ejemplo simbólico de como ha enfrentado el tema fue la presentación del 22 de febrero sobre la vida de sor Thea Bowman, nieta de esclavos y hermana franciscana de adoración perpetua, cuyo caso se encuentra en proceso de investigación hacia la santidad.

 

“Las conversaciones sobre el racismo a menudo se centran en acontecimientos negativos, pero con esta presentación de la hermana Thea, hubo discusiones de temas difíciles a través de un enfoque de alegría: la alegría de la justicia, la unidad y la paz”, dijo Rauda. “Fue una forma accesible de entrar en un diálogo más amplio sobre la raza”.

 

El evento virtual a través de Zoom fue patrocinado en conjunto con la Metropolitan Alliance for Common Good, una coalición de grupos religiosos del área de Portland, sindicatos y agencias de ayuda y contó con ValLimar Jansen, cantante, compositora y artista discográfica de Oregon Catholic Press, quien dirige talleres de adoración y oración en los Estados Unidos.

 

Llevada a cabo con interpretación en español, la velada estuvo enmarcada por la oración e incluyó la separación de los participantes en subgrupos para reflexionar sobre temas de la presentación y la carta pastoral de los obispos estadounidenses de 2018 sobre racismo, "Abramos nuestros corazones” (Open Wide Our Hearts).

 

Los cerca de 65 asistentes provinieron de 13 parroquias de la Arquidiócesis de Portland, pero el evento atrajo a personas de Canadá, California y Wisconsin.

 

El Padre John Henderson, pastor de San Antonio, dirigió la oración inicial. El sacerdote conoció a la hermana Thea en una conferencia en la década de 1980 y recordó como ella destacaba lo mejor de la gente.

 

No tengo ninguna duda de que estaba enamorada de Jesús y siempre compartió su amor”, dijo el sacerdote. “Pero nunca desvirtuó su deseo de paz y justicia”.

 

Elise Shearer, una feligresa de San Antonio desde hace tiempo, asistió a la presentación de febrero y dijo que fue un mini retiro lleno de sabiduría.

 

Vestida con atuendos tradicionales africanos, Jansen utilizó las propias palabras de la hermana Thea, extraídas de su biografía y captó su esencia con cantos africanos, entre ellos, “A veces me siento como un niño sin madre”, “Ven aquí, mi Señor” y “Esta pequeña luz mía”.

 

 

La hermana Thea a menudo usaba música en sus presentaciones.

 

Shearer encontró especialmente conmovedora la recreación del discurso de la hermana Thea en 1989 ante los obispos estadounidenses. Para entonces, la hermana religiosa estaba devastada por un cáncer en última etapa y hablaba desde su silla de ruedas. Jansen comenzó con una canción, luego dirigió una parte del discurso con cadencia rítmica.

 

“¿Qué significa, obispos, ser negros y católicos?” Jansen preguntó en el recital. “Significa que vengo a mi iglesia y funciono plenamente. Eso no te asusta, ¿verdad? Vengo como soy, con mi yo negro, todo lo que soy, todo lo que tengo, todo lo que espero llegar a ser. Traigo toda mi historia, mis tradiciones, mis experiencias, mi cultura, mi canción afroamericana, mi danza y movimiento, gestos, enseñanzas, predicaciones, la sanación y la responsabilidad como regalo a la iglesia”.

 

Jansen explicó que cuando la hermana Thea terminó el poderoso discurso, invitó a los obispos a cruzar los brazos y cantar con ella "Venceremos". El recinto lleno de hombres en su mayoría blancos estalló en estruendosos aplausos y muchos derramaron lágrimas.

 

Nacida en 1937 en Canton, Mississippi, la hermana Thea se convirtió al catolicismo a los 9 años después de inspirarse en las Hermanas Franciscanas de Adoración Perpetua quienes la educaron. Finalmente entró en la orden como la única mujer negra. “Quería amar como estas hermanas aman”, dijo Jansen, usando las palabras de la hermana Thea.

 

“Mi madre siempre esperó que fuera una joven con decoro, sofisticada y dulce”, continuó Jansen en el recital. “Desafortunadamente para ella, Dios tenía otros planes. Yo era audaz, ruidosa y exuberante. Ser franca y activa no era un rasgo admirable en el Sur de Jim Crow. Lo que la gente se refiere como arrogante o con espíritu independiente podría hacer que te maten”.

 

Con una mente aguda, una voz hermosa y una personalidad carismática, la hermana Thea pasó a compartir el mensaje del amor de Dios a través de una carrera docente antes de que un obispo de Mississippi la invitara a convertirse en consultora para la conciencia intercultural.

 

Janie Selby, feligresa de San Antonio, dijo que como muchos católicos sabía poco sobre la hermana y la presentación, mezclada con humor y hábil narración, la inspiró a seguir estudiando.

 

“Contar historias tiene una manera de romper barreras ya sea en el mundo secular o en un ambiente de fe”, dijo Selby. “Puede conectarse con las experiencias de la gente y ValLimar Jansen lo hizo tan hermosamente”.

 

Después de la presentación histriónica, los participantes se reunieron en grupos pequeños para reflexionar sobre varias preguntas. Primero se pidió a los asistentes compartir dónde crecieron y cómo han sido sus experiencias entre personas diferentes a sí mismos.

 

“Creo que las preguntas invitaban a que la gente se sintiera segura de estar allí, sin importar su nivel en términos de creencias políticas o ideológicas”, dijo Rauda. “Este no fue un foro anti-policía o para personas que no creen que debamos reconocer que la raza existe. Era para todos”.

 

Cuando se trata de un cambio auténtico en torno al racismo, “se trata de empatía, se trata de relacionarse con los demás”, dijo Selby.

 

Si puedes hacer eso, vas a ver que las barreras disminuyen. No podemos entrar en discusiones sino primero debemos mirar a nuestro interior y reconocer nuestras propias luchas. Tenemos que ser honestos con nosotros mismos. Todo el mundo tiene algún nivel de prejuicio; es un rasgo humano. Pero si podemos conectar de una manera compasiva con humildad — como lo hizo la hermana Thea y cómo fue expresado por Jansen — creo que podemos avanzar”.