Lorena Marrón abraza la fotografía de su hijo Moisés, fallecido a la edad de 22 años en un accidente de tránsito, mientras hace fila para poner la foto en el Altar de Muertos en la parroquia San Enrique (St. Henry), en Gresham, el 2 de noviembre de 2021. (Foto Patricia Montana/El Centinela).
Lorena Marrón abraza la fotografía de su hijo Moisés, fallecido a la edad de 22 años en un accidente de tránsito, mientras hace fila para poner la foto en el Altar de Muertos en la parroquia San Enrique (St. Henry), en Gresham, el 2 de noviembre de 2021. (Foto Patricia Montana/El Centinela).

Guadalupe Ojeda, feligresa de la parroquia San Enrique (St. Henry), en Gresham, con mascarilla puesta llevó consigo las fotografías de sus cuatro seres queridos fallecidos y se unió a los cerca de 450 devotos en la misa el dos de noviembre a las 7:00 p.m. con ocasión del Día de los Fieles Difuntos, oficiada por el Rev. Julio Torres, sacerdote vicario.

 

Las restricciones vigentes por la pandemia y el brote de la variante Delta, no impidieron este año que la mayoría de las familias rindieran tributo a sus familiares difuntos y rezaran por ellos.

 

En la celebración del Día de los Muertos hubo oportunidad para evangelizar acerca de la realidad de la muerte y la esperanza cristiana; también para enseñar y compartir la fe y tradiciones culturales con jóvenes y niños.

 

Mientras la pandemia de Covid-19 sobrepasa los cinco millones de personas fallecidas por la enfermedad en el mundo, rememorar a los difuntos brindó alivio y consuelo a algunos de los fieles que aún lloran la partida de sus seres queridos.

 

La festividad se inició a las 5:30 de la tarde con el rezo del Rosario, seguido por una catequesis dirigida por Christian Piña, feligrés de la parroquia, sobre la importancia de honrar a los fieles difuntos.

 

Piña explicó que como católicos estamos llamados a encomendar el alma de los difuntos a la misericordia de Dios y orar por ellos. “Si realmente recordamos con cariño a nuestros seres queridos, no hay nada más grande que ofrecer una misa y orar por ellos”, dijo.

 

“Por todas esas personas que marcaron nuestra vida, por ellas estamos aquí”, dijo el sacerdote Julio Torres al iniciar la misa.

 

Las familias habían inscrito con anticipación el nombre de sus familiares fallecidos para pedir oración y cerca de 390 nombres fueron mencionados en la celebración eucarística.

 

“Bienvenidos todos en un día tan importante para la comunidad hispana”, dijo el padre Julio Torres al comenzar su homilía. “Al igual que el año pasado, esta celebración este año tiene una connotación especial, porque la muerte sigue caminando en nuestras ciudades y pueblos en esta variante Delta del virus Covid-19”, agregó.

 

“Esta conmemoración de los Fieles Difuntos no es un rito ni una misa más; es un acto de amor, porque quien ama a sus difuntos, rezará por ellos”, enfatizó el padre Torres. “Y aunque pasen los años, seguiremos orando por ellos”, prosiguió.

 

El presbítero se refirió al hecho que algunas personas celebren este día más como una celebración cultural que como una experiencia de fe. “Las dos cosas van de la mano”, dijo el padre.

 

“La cultura va tomando un tinte de purificación en la sangre de Cristo y puede ser una experiencia renovadora”, afirmó.

 

“El poner un Altar de Muertos debe transcender en los hogares más allá de lo meramente cultural”, dijo.

 

“La iglesia nos pide siempre la inculturación del evangelio”. Pero ¿qué quiere decir esto?, preguntó retóricamente el sacerdote.

 

“Que la cultura es un puente para conocer más a Dios”, dijo.

 

“Es importante que resaltemos la cultura, pero también necesitamos resaltar la fe”, agregó. “El altar deber ser un signo de encuentro con Dios”, afirmó.

 

El clérigo hizo énfasis en “no orar para ser visto por las personas”, y pidió a los feligreses no poner un altar para tomarse una foto, publicarla en Facebook y competir por quién tiene el altar más bonito para ganar más ‘me gusta’.

 

El presbítero pidió a los feligreses hacer del Día de Muertos una experiencia espiritual completa, procurando que el altar sea una oportunidad de unión y reunión familiar para orar y hablar de los difuntos.

 

“Hablar de los difuntos recrea la historia, recrea la identidad de todos ustedes y les ayuda a entender quiénes son y porque están aquí”, señaló.

“Sino conoces tu historia, no puedes construir un futuro”, agregó.

 

El padre Torres reiteró que la oración por los difuntos es poderosa y orar en la misa por nuestros difuntos es la expresión más grande de amor “porque es realmente lo que purifica a nuestros seres difuntos”.

 

Reflexionó en la lectura del libro de los Macabeos, capítulo 12, versículo 43: “En aquellos días, Judas Macabeo, jefe de Israel, hizo una colecta y recogió dos mil monedas de plata que envió a Jerusalén para que ofrecieran un sacrificio de expiación por los pecados de los que habían muerto en la batalla.

 

Obró con gran rectitud y nobleza, pensando en la resurrección, pues si no hubiera esperado la resurrección de sus compañeros, habría sido completamente inútil orar por los muertos”.

 

“Hay tres razones por las que necesitamos orar por nuestros difuntos”, recalcó el padre Julio, “primero porque es un acto de amor, segundo porque es conveniente para el alma de ellos y tercero porque es un proceso sanador”. “Tristemente”, prosiguió, “aún hay personas que no aceptan que su ser querido se ha ido, entonces, el orar por los difuntos libera el alma, sana la mente y obtiene paz en el corazón”, expresó.

 

Para concluir, el sacerdote invitó a los feligreses a hacer mejores oraciones, pedir a Dios que nos ayude a respetar este día por medio de la fe, a no tener miedo a la muerte, amar a los difuntos y sobre todo amar y respetar a tus seres queridos hoy que los tienes a tu lado.

 

Al finalizar la misa, los feligreses desfilaron con las fotografías de sus seres queridos y el sacerdote Torres las bendijo y roció con agua bendita.  

Un altar de muertos, construido cuidadosamente en el gimnasio del colegio San Henry, y adornado con flores, velas, papel picado y calaveras de azúcar, sirvió de ofrenda a los Muertos.

 

Las personas hicieron fila para colocar las fotografías de sus difuntos y tomarse una foto para el recuerdo.

 

Primer Concurso de Catrinas y Catrines

 

En el marco del tradicional Día de los Muertos, el primer concurso de Catrinas y Catrines se llevó a cabo en la parroquia.

 

El concurso dirigido a la feligresía de la parroquia contó con tres categorías de participantes: adultos, jóvenes e infantil. El jurado calificador fue el público quien seleccionó a los ganadores mediante aplausos. Los ganadores recibieron premios de 100 dólares para el primer lugar, 50 dólares para el segundo y la imagen de un icono bizantino para el tercer lugar.

 

Las felices ganadoras fueron Jade Piña en la categoría infantil, Itxel Piña, en jóvenes y María del Carmen Piña en adultos.

Mayra Maldonado, feligresa, desconoce el origen de la Catrina, pero reconoce que es un símbolo cultural muy importante en su México natal.

 

Emocionada expresó su alegría ya que sus dos hijas ganaron el primer lugar en el primer concurso de Catrinas y Catrines en la parroquia.

 

“Me siento orgullosa de celebrar y transmitir nuestras tradiciones y cultura a nuestra familia al tiempo que recordamos y oramos por nuestros seres queridos”, dijo.

 

Los feligreses y asistentes degustaron comidas tradicionales de México como tamales, atole de maíz, chocolate, champurrado, entre otras, donadas para el evento por voluntarios y feligreses de la parroquia.

 

Patriciam@ocp.org