Alexa González recibe del Rev. David Schiferl la Eucaristía en la mano el día de su Primera Comunión, en la iglesia San Alejandro, en Cornelius, el 29 de agosto. Sacerdote y candidata con máscara de protección facial debido a la pandemia de Covid-19 (Patricia Montana/El Centinela)
Alexa González recibe del Rev. David Schiferl la Eucaristía en la mano el día de su Primera Comunión, en la iglesia San Alejandro, en Cornelius, el 29 de agosto. Sacerdote y candidata con máscara de protección facial debido a la pandemia de Covid-19 (Patricia Montana/El Centinela)

Siguiendo por el camino del despertar religioso, diez niños y niñas con espíritu de alegría celebraron la primera comunión en la iglesia San Alejandro en Cornelius, el 29 de agosto.

A la celebración litúrgica, niñas y niños vestidos de blanco y luciendo la requerida máscara de protección facial, llegaron acompañados por sus padres y padrinos que muy emocionados participaron de la Eucaristía con gran devoción.

150 niños y niñas se prepararon durante dos años y estaban listos para recibir su Primera Comunión en el mes de mayo. Sin embargo, debido a la pandemia del Coronavirus y las restricciones, la iglesia celebrará 35 misas para administrar el sacramento en pequeños grupos. Las misas continuarán celebrándose hasta el final de septiembre, informó Kim Folsom, coordinadora de educación religiosa de la parroquia.

Tanto niños y niñas como sus padres esperaban ansiosos el momento de ser participes de la sagrada Eucaristía y engrandecer el amor de Dios, expresaron las familias a El Centinela.

“Yo soy la luz del mundo dice el Señor, el que me sigue tendrá la luz de la vida”, expresó el Rev. David Schiferl. ¡Aleluya! dijeron los feligreses.

“Felicidades a los diez que hacen hoy la primera comunión”, dijo el padre David al iniciar la predicación de su homilía.

“¿Piensan que van a olvidar este día?”, preguntó dirigiéndose a los candidatos.

“Pienso que la máscara va a ayudarles a recordar este día", dijo el padre David sonriendo. "Muchos pensamos en nuestra primera comunión, pero no recordamos muchos detalles. La historia de esta misa del día de hoy va a quedar grabada en su memoria", señaló el presbítero.

"Esta celebración es diferente. Es una historia que ustedes van a contar una y otra vez a lo largo de su vida: a sus hermanos, primos y familiares para explicar lo que otras personas no han experimentado: la pandemia que tenemos este año”, agregó.

"Aún así, estamos aquí celebrando la presencia de Jesús en nuestras vidas, en medio de todo, porque el amor de Dios es constante”, añadió.

“Las historias son importantes porque marcan nuestras vidas”, prosiguió el sacerdote.

“El Evangelio de hoy nos narra una historia muy importante. Es tan importante que la misma historia está referida en los cuatro Evangelios seis veces", afirmó el padre David.

"Es la historia de la multiplicación de los panes” (Luc. 9:10-17)

“Podemos imaginar a la gente yendo de un lugar a otro contando la historia acerca de esa experiencia. Fue una vivencia muy rara. Tal vez dirían estuvimos allá en el monte y no teníamos casi nada de comer o muy poco y Jesús tomó cinco panes y dos pescados. Levantando los ojos dio gracias a su padre en el cielo, lo bendijo y partiendo los cinco panes se los dio a los discípulos y los discípulos a la multitud. Y comieron todos y se saciaron. Y recogieron lo que sobró de los pedazos y completaron doce cestas llenas y los que comieron fueron unos cinco mil hombres sin contar las mujeres y los niños”, explicó.

“Cinco más dos es siete: es un número que quiere decir algo perfecto, algo completo”, dijo el sacerdote.

“Sí, vimos el milagro”, dirán. “Estuvimos allí. Si pasó, era Jesús”, enfatizó el padre David en su intento por recrear en la imaginación del público la escena del Evangelio. "Es una historia muy importante", repitió el sacerdote.

“Tenemos una historia aún más grande", continuó. "Otra vez por puro amor y compasión, Jesús quería darnos su cuerpo y su sangre. Esto pasó la noche antes de su muerte”.

“El sabía que no podía quedarse con nosotros para siempre y como prueba de su amor nos dejó su cuerpo y sangre para siempre. Y esta es una historia que estamos contando y celebrando en cada misa”.

“Con ustedes hoy por primera vez”, dijo dirigiéndose a los candidatos a recibir el Sacramento. 

“Han estado ustedes antes aquí celebrando la misa y participando en la comunión espiritual. Hoy van a recibir físicamente el cuerpo y sangre de Jesús”, dijo.

“Es una comida distinta”, explicó. “Las otras comidas se hacen como nosotros”.

“Esta comida que entra a nosotros, el cuerpo y sangre de Cristo es una comida para hacernos como Cristo, para hacernos a su imagen y semejanza. Para vivir como Cristo en el mundo sirviendo a los demás con compasión, preocupados por los demás en lugar de por nosotros mismos”, dijo el reverendo.

“Esta es la historia más importante de todas las historias y de toda la historia de la humanidad", advirtió el religioso.

"Estamos aquí con ustedes celebrando. Ustedes son privilegiados al participar hoy plenamente en esta Primera Comunión”, exclamó el sacerdote.

"Porque después vendrá la segunda, tercera, cuarta y muchas más comuniones, hasta que no podamos contar las veces…porque Jesús siempre quiere entrar en nuestras vidas", dijo.

"El siempre está aquí esperándonos. Depende de nosotros si estamos listos para recibirlo”, advirtió.

“Hoy podemos pensar en historias”, instó el sacerdote. “En su historia personal para compartir con sus familiares y amigos, por el resto de su vida, es decir, su historia del día de hoy”.

“La historia de Jesús y la multiplicación de los panes para mostrarnos su amor y compasión y para que nos diéramos cuenta de lo que iba a pasar en la última cena”.

“Y la historia más importante de nuestras vidas que es la historia de Jesús entregando su vida por nosotros en la última cena y en la cruz, que celebramos en cada misa y que ustedes van a celebrar hoy por primera vez', dijo.

¡Felicitaciones de antemano!, exclamó el padre David.

“Hoy vamos a renovar los votos bautismales en preparación para recibir el cuerpo y sangre de Cristo”, anunció el sacerdote a los niños y niñas y procedió a guiar la renovación de los votos bautismales con los candidatos mientras ellos escucharon.

El sacerdote Schiferl pronunció la renovación de los votos bautismales y los niños y niñas respondieron.

A continuación, los candidatos, uno a uno, fueron pasando para recibir en la mano la Sagrada Eucaristía.

Natalia Alfaro, dijo estar nerviosa antes de recibir la Primera Comunión. “Ahora me siento tranquila y confiada. Rezo todos los días para que se acabe el mal y el Covid que hay en el mundo”.

Para Rosalba Pintor, una de las madres que participó de la Primera Comunión de sus hijos Natalia y Ricardo; recibir la Eucaristía como familia "nos hace sentir felices. Es importante para nosotros inculcar y apoyar la fe católica a nuestros hijos", dijo. "Creemos en los sacramentos y como familia estamos comprometidos en persistir en nuestra fe católica”, manifestó.

"Me siento un poco triste porque mis hijos no puedan continuar sus clases de educación religiosa. Pienso que ahora es el momento preciso cuando ellos más requieren fortalecer su fe y quisiéramos tener apoyo de la iglesia para reforzar el compromiso. En este país los niños tienen todo tipo de influencias, muchas veces contrarias a nuestra fe y valores. Enfrentamos una batalla grande”, dijo.

La Primera Comunión, además de ser un acto religioso, es también un acontecimiento social importante para las familias hispanas. Una oportunidad para vivir las tradiciones culturales y compartir tiempo con familia y amigos. 

Debido a la pandemia del Coronavirus, las reuniones sociales están limitadas, sin embargo, la ocasión amerita adquirir un traje especial para cada miembro de la familia.

Los candidatos en su mayoría eligieron el tradicional color blanco, como símbolo de pureza del ritual católico. André Rosas se distinguió al elegir un traje de charro mexicano color beige con decoraciones doradas.  

Para Lenin y Marcos Rosas, padres de Abigail y André, participar en la Santa Eucaristía con sus hijos fue maravilloso. “Desde niña mis padres me inculcaron la fe en Dios y para nuestra familia sigue siendo así”, dijo Lenin.

“Habíamos estado preparándonos todos por dos años, apoyando a nuestros hijos y muy emocionados por este gran día, luego tristes con la pandemia”, dijo. “Esperamos que todo nuestro esfuerzo como padres les ayude a comprender que la fe es lo más importante en la vida de una persona” añadió Lenin.

Catalina Salazar, madre de Jayra y Brian, expresó su compromiso en seguir el camino de Dios. “Estamos felices por este gran día, damos gracias a Dios, al padre David y a todos los catequistas que ayudaron a nuestros hijos para llegar hasta aquí hoy”, manifestó.

“Mi fe en Dios es a toda prueba”, añadió Catalina al contar a El Centinela que Dios la libró de ser contagiada de Covid-19 al viajar a su trabajo en compañía de algunos compañeros de trabajo y una de ellas resultó contagiada con el virus. “Dios me protegió”, dijo.

“El nos dio la vida y si no lo tenemos como guía en este mundo que vivimos hoy, no somos nadie”, concluyó.

Patriciam@ocp.org