Las reliquias de San Pío de Pietrelcina, conocido popularmente como el padre Pío, llegarán a la iglesia San Vicente de Paúl, en Salem, el 19 de noviembre de 2021 para ser veneradas por los fieles.

 

Una misa en inglés en honor de San Pío será oficiada el 19 de noviembre por el Rev. Manuel Becerra, párroco de la iglesia, a las 8:00 a.m.

 

Las reliquias disponibles para la veneración pública incluyen costras de las heridas de sus estigmas, un mechón de su cabello y gasa con manchas de sangre.

 

La exhibición de las reliquias se iniciará después de misa, a las 9:00 a.m. y estará abierta hasta las 6:30 p.m.

 

El evento culminará con una misa en español a las 7:00 p.m. igualmente oficiada por el padre Becerra.

 

La iglesia San Vicente de Paúl se encuentra localizada en 1010 Columbia St. NE, Salem, OR. 97301

 

¿Quién fue el padre Pío?

 

El Padre Pío nació en Pietrelcina, Italia, el 25 de mayo de 1887. Su nombre era Francisco Forgione y tomó el nombre de Fray Pío de Pietrelcina en honor a San Pío V, cuando recibió el hábito de Franciscano capuchino.

 

Durante su vida, Dios lo dotó de muchos dones, como el discernimiento extraordinario que le permitió leer los corazones y las conciencias. Por ello muchos fieles acudían a confesarse con él.

 

Fue un niño muy sensible y espiritual. En la Iglesia Santa María de los Ángeles, la cual se podría decir fue como su hogar, fue bautizado, hizo la Primera Comunión y la Confirmación.

 

A los cinco años se le apareció el Sagrado Corazón de Jesús, quien posó su mano sobre la cabeza del niño. El pequeño, a su vez, prometió a San Francisco que sería un fiel seguidor suyo. Desde entonces su vida quedó marcada y empezó a tener apariciones de la Santísima Virgen.

 

Ingresó a la Orden de los Frailes Menores Capuchinos en Morcone en enero de 1903. El día anterior de entrar al Seminario, Francisco tuvo una visión de Jesús con su Santísima Madre.

 

En esta visión Jesús puso su mano en el hombro de Francisco, dándole coraje y fortaleza para seguir adelante. La Virgen María, por su parte, le habló suave, sutil y maternalmente penetrando en lo más profundo de su alma.

 

Fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1910 en la Catedral de Beneveto, y en febrero de ese año se estableció en San Giovanni Rotondo, donde permaneció hasta su muerte, el 23 de setiembre de 1968.

 

Poco después de su ordenación, le volvieron las fiebres y los males que siempre le aquejaron durante sus estudios, y es enviado a su pueblo, Pietrelcina, para que se restableciera de salud.

 

Luego de 8 años de sacerdocio, el 20 de setiembre de 1918, recibe los estigmas de Nuestro Señor Jesucristo en sus manos, pies y costado izquierdo, convirtiéndose en el primer sacerdote estigmatizado.

 

“Era la mañana del 20 de septiembre de 1918. Yo estaba en el coro haciendo la oración de acción de gracias de la Misa… se me apareció Cristo que sangraba por todas partes. De su cuerpo llagado salían rayos de luz que más bien parecían flechas que me herían los pies, las manos y el costado”, describió San Pío a su director.

 

“Cuando volví en mí, me encontré en el suelo y llagado. Las manos, los pies y el costado me sangraban y me dolían hasta hacerme perder todas las fuerzas para levantarme. Me sentía morir, y hubiera muerto si el Señor no hubiera venido a sostenerme el corazón que sentía palpitar fuertemente en mi pecho. A gatas me arrastré hasta la celda. Me recosté y recé, miré otra vez mis llagas y lloré, elevando himnos de agradecimiento a Dios”, añadió.

 

El 9 de enero de 1940 animó a sus grandes amigos espirituales a fundar un hospital que se llamaría “Casa Alivio del Sufrimiento”. El local se inauguró el 5 de mayo de 1956 con la finalidad de curar a los enfermos en lo físico y espiritual.

 

Según fuentes que no se han podido confirmar, San Juan Pablo II siendo un joven sacerdote visitaba al Padre Pío para confesarse y en una de esas ocasiones, estando en trance, le dijo al futuro Sumo Pontífice: “Vas a ser Papa”.

 

El Padre Pío partió a la Casa del Padre un 23 de septiembre de 1968, después de murmurar por largas horas “¡Jesús, María!”.

 

San Juan Pablo II, durante su canonización el 16 de junio de 2002, dijo de él: “Oración y caridad, esta es una síntesis sumamente concreta de la enseñanza del Padre Pío, que hoy vuelve a proponerse a todos”.

 

Fuente de información: ACI Prensa

 

Las reliquias en la iglesia

 

La Congregación para la Causa de los Santos de la Santa Sede afirma que, en la Iglesia Católica, las reliquias han recibido siempre una especial veneración y atención porque el cuerpo de los Beatos y de los Santos, destinado a la resurrección, ha sido en la tierra el templo vivo del Espíritu Santo y el instrumento de su santidad, reconocida por la Sede Apostólica mediante la beatificación y la canonización.

 

Tradicionalmente son consideradas reliquias insignes el cuerpo de los Beatos y de los Santos o partes considerables de los propios cuerpos o el volumen completo de las cenizas derivadas de su cremación.

 

Son consideradas reliquias no insignes los pequeños fragmentos del cuerpo de los Beatos y de los Santos o incluso objetos que han estado en contacto directo con sus personas.

 

Las reliquias no son adoradas, pero son tratadas con respeto religioso. Tocar u orar en presencia de tal objeto puede ayudar a un individuo fiel a enfocarse en la vida y las virtudes del santo, de modo que, a través de la oración o intercesión del santo ante Dios, el individuo se acercará a Dios.