El sacerdote Sample celebra un bautismo en una iglesia de la Península Superior de Michigan. (Foto cortesía familia Sample).
El sacerdote Sample celebra un bautismo en una iglesia de la Península Superior de Michigan. (Foto cortesía familia Sample).
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“Necesitamos enamorarnos perdidamente de Jesús”.

" Rvdmo. Sr. Alexander Sample, Arzobispo Arquidiócesis de Portland

En medio del confinamiento por la pandemia del covid-19, el arzobispo de Portland Alexander Sample ha experimentado un sentido más profundo de su identidad sacerdotal como padre espiritual.

“Ha despertado una respuesta en mí: Siento que tengo que estar allí realmente para el pueblo”, dijo el arzobispo Sample, quien el primero de junio celebra el trigésimo aniversario de su ordenación sacerdotal.

“Siento el deseo de estar con el pueblo, asegurarles que todo va a estar bien, darles esperanza y guiarlos espiritualmente”, afirmó.

Durante la pandemia, el arzobispo habitualmente ha grabado mensajes de video para animar a los católicos del Oeste de Oregon, reafirmando su amor y la constancia de Dios.

En las redes sociales y sitios web, sus mensajes espirituales están llegando a grandes audiencias. 

Las charlas informales de los viernes por la noche, en vivo desde la capilla de su residencia, han atraído a un promedio de 5.000 espectadores de todo el país.

Con su cara radiante de alegría, saluda a los invitados virtuales, mientras el reloj del abuelo de su madre marca la hora. Insta a los espectadores a tener esperanza y luego reflexiona sobre asuntos de la fe y cómo se desarrollan en la vida cotidiana.

“Espero poder verlo ahora todos los viernes por la noche”, dijo un comentarista en Facebook Live. 

Quiere ser pastor 

Con una carga administrativa ligera, el arzobispo recuerda cómo se sintió el día de la ordenación en 1990.

Su único sueño era ser pastor de una parroquia, asegurando a la gente el amor transformador de Dios. 

El nuevo sentido de padre espiritual ya había florecido gracias a un conjunto de visitas de una semana que el arzobispo ha estado haciendo a varias partes del oeste de Oregon.

Ha conocido a feligreses, ha recorrido ministerios y ha mantenido largas conversaciones con sacerdotes. 

“Ha transformado mi ministerio episcopal”, dijo el arzobispo Sample. 

“Me ha traído una nueva vida como obispo que satisface mi deseo de ser pastor”. 

Incluso, después de que la pandemia desaparezca, quiere continuar las visitas y los videos, en la medida que su horario lo permita. 

"Ha habido un verdadero cambio en mí, que trajo consigo una responsabilidad”, dijo. “Se supone que la gente debe ver en mí a un padre amoroso, ver a Cristo en mí”.

¡Cielos! 

En un tiempo el obispo más joven de la nación, el arzobispo Sample tiene ahora casi 60 años.

Este es esa etapa de la vida, él sabe, para compartir la experiencia. Admite que ese rol ha sido un punto débil hasta ahora. 

Pero el recuerdo de dos sacerdotes lo motiva. Ambos ya llevaban décadas en sus vocaciones cuando lo ayudaron a abrazar la noción del sacerdocio y el servicio desinteresado. 

Como estudiante de último año en Bishop Gorman High School en Las Vegas, a finales de la década de 1970, vivió por un tiempo sin sus padres, quienes se habían mudado al norte de Michigan. 

Antes de mudarse, quiso quedarse para terminar el colegio con sus compañeros de clase. 

El clérigo de San Viator Leo Weiland, su profesor de alemán, se convirtió en una amable figura de abuelo. El joven Alex Sample prestó servicios en las misas del padre Weiland. 

El veterano sacerdote una vez invitó a su estudiante a almorzar y al final dijo algo así: "he sido sacerdote por mucho tiempo y he visto hombres que tienen vocación sacerdotal. Nunca me he equivocado". 

El joven, que quería ser ingeniero, se dijo a sí mismo: ¡cielos!. 

El sacerdote le señaló con su dedo diciendo definitivamente: “Tienes vocación al sacerdocio”. 

Durante años después, mientras el futuro arzobispo asistía a la escuela de ingeniería en Michigan Tech, el padre Weiland le escribió cartas de motivación.

Después de graduarse de la universidad, Alex Sample fue en un viaje por carretera al oeste y fue a ver a su antiguo mentor en Las Vegas. 

Al llegar, encontró una nota de disculpa en la puerta — El sacerdote no podía almorzar porque había sido llamado para ungir a un paciente moribundo. Ese compromiso conmovió al futuro arzobispo. 

El padre Weiland murió a principios de 1990. Unos meses más tarde, el día de su ordenación en la Catedral de San Pedro en Marquette, Michigan, el sacerdote Alexander Sample tenía a su antiguo maestro en su mente. 

No dejó de decir sí 

El segundo clérigo veterano que le enseñó una lección sobre el sacerdocio fue el Padre Henry Mercier, un pastor de Marquette.

El Padre Mercier aconsejó a su protegido nunca pedir una asignación y nunca rechazar una.

El Padre Mercier solía decir que no quería llegar al final de su vida y descubrir que había vivido su propia voluntad en lugar de la de Dios. Además, el sacerdote mayor decía que en cada lugar a donde fue encontró personas amables y maravillosas.

El sacerdote Sample tomó el consejo en serio. El formulario llegaba de la diócesis cada año preguntando si había un puesto que le gustaría, y él simplemente escribía: “Lo que el obispo quiera que yo haga”. 

“Es tan liberador”, explicó el arzobispo Sample. "Puedes decir, 'Señor, todo está en tus manos. No tuve que preocuparme por si iría a tal o cual parroquia o si obtendría una alta posición. Había tranquilidad y alegría en eso”. 

Fue feliz como párroco durante 15 años y luego de nuevo dijo que sí, siendo nombrado obispo de Marquette en 2005 por el Papa Benedicto XVI. 

En 2013, la aceptación abierta estuvo una vez más en juego cuando el Papa Benedicto le pidió que se convirtiera en arzobispo de Portland.

Programado para Cristo

Cuando era joven, el Padre Sample se concentró en hacer lo que hace un sacerdote. Ahora, tres décadas después, el arzobispo Sample está más interesado en quién es un sacerdote. 

El sacerdocio, insiste, no es sólo otra carrera profesional o un rol por cumplir. 

"Con la ordenación, algo en el alma cambia en el alma que nunca desaparece", dijo el arzobispo. "No hace que un sacerdote sea mejor, pero lo hace diferente. Lo que hacemos los sacerdotes brota de esa identificad de ser alguien sacramentalmente programado para Cristo".

“Después de todos estos años, tengo conciencia de cómo Jesús opera en mí. No son sólo mis acciones. Esa configuración para Cristo fluye en mi relación con las personas a las que sirvo. El sacerdote está llamado a entregar su vida por el pueblo, como Jesús entregó su vida en la cruz". 

Hacia el futuro, el arzobispo Sample ve la necesidad en que los sacerdotes den prioridad a cultivar una profunda relación con Dios. 

“La iglesia, necesita ahora más que nunca, hombres que estén fervientemente dedicados a la oración y a fomentar su relación con Dios”, dijo. 

“Tenemos que enamorarnos perdidamente de Dios”. 

Esa relación profunda llenará el corazón de los sacerdotes, y el don de la caridad de Dios luego se derramará al pueblo, explicó. 

Defensor del sacerdocio

"No obstante, los sacerdotes, incluso los que se convierten en obispos, también son humanos y pecadores", dijo.

Ha observado que la gente suele perdonar los errores, defectos y peculiaridades si un sacerdote ha estado allí para ellos y les hace saber que los ama.

Sin embargo, dijo el arzobispo Sample, "algunas fechorías y enfermedades no tienen cabida en el sacerdocio". Incluso antes de convertirse en obispo, fue un funcionario diocesano llamado a manejar casos de abuso sexual del clero. 

Tal vez porque ama tanto el sacerdocio, ha surgido como una de las voces más fuertes de la iglesia en la política de seguridad y transparencia con los casos de abuso sexual. 

"No hay lugar en el sacerdocio para quien se atreva a causarle daño a un niño o un menor. Mi tolerancia es cero frente a eso”, señaló.

Ha notado heridas psicológicas profundas en los abusadores. Un caso de abuso es demasiado, dijo. 

Al mismo tiempo, se desanima cuando el público juzga injustamente a todos los sacerdotes o al sacerdocio en general por un mínimo número de casos (el índice no es más alto que el del público en general). 

“La mayoría de los sacerdotes son hombres santos muy dedicados que han ofrecido su vida a servir a Dios y a la gente", dijo. 

"Siempre apoyado"

Incluso con todos los retos, el arzobispo Sample volvería a elegir su vida "sin dudarlo". "No lo pensaría dos veces", dijo. "Nunca he lamentado mi elección ni una sola vez en mis 30 años de ministerio sacerdotal. El Señor me ha dado tanto gozo en mi ministerio", añadió.

Puede sentirse solo de vez en cuando, pero nunca en profunda soledad. 

"Cristo siempre está conmigo", dijo. "La gente siempre está ahí para apoyarme. La iglesia es mi familia. Nunca estoy solo y es tan gratificante. Tengo una familia que siempre me apoya". 

edl@catholicsentinel.org

Traducido y editado por Patricia Montana/ El Centinela