El padre José Luis González, pastor de la iglesia Santa Ana, en Gresham, posa sonriente frente a un pastel durante la celebración de sus 22 años de vida sacerdotal, el 20 de diciembre del 2020. (Cortesía Lorena Caballero).
El padre José Luis González, pastor de la iglesia Santa Ana, en Gresham, posa sonriente frente a un pastel durante la celebración de sus 22 años de vida sacerdotal, el 20 de diciembre del 2020. (Cortesía Lorena Caballero).
"

“Este tiempo nos tiene que ayudar a inspirar la verdadera paternidad, es un tiempo para purificarnos, valorar lo que somos y tenemos, expresar el amor, usar la creatividad y sin lugar a duda, mirar a San José como nuestro mejor ejemplo a seguir,

" Rev. Padre José Luis González, pastor de la iglesia Santa Ana, en Gresham

El sacerdote José Luis González, pastor de la iglesia Santa Ana, en Gresham, instó a los padres de familia a imitar a San José, a quien se refirió como ejemplo de fe, adaptación y guardián de los pilares de la familia.

En el marco del año de San José convocado por el papa Francisco el 8 de diciembre del 2020, con ocasión del 150 aniversario de la declaración de San José como patrono de la Iglesia Universal, el Centinela conversó con el sacerdote José Luis, con motivo de la celebración de su vigésimo segundo aniversario como sacerdote.

“La mejor manera de celebrar un aniversario siendo sacerdote, es cumpliendo cabalmente la misión que Dios me designó”, dijo el padre José Luis, citando la frase bíblica de Hebreos 5,1-3: “Escogido de entre los hombres y puesto en favor de los hombres”.

El religioso expresó su agradecimiento con la comunidad por las demostraciones de cariño en la celebración de sus 22 años de sacerdocio, cumplidos el 20 de diciembre del 2020, destacando la importancia del tiempo para convivir y compartir; especialmente si se disfruta alrededor de unos buenos “chilaquiles”, los que describió como uno de sus platos favoritos.

El presbítero reflexionó en su misión sacerdotal como padre espiritual e hizo un paralelo con la paternidad amorosa y fuerte de San José, especialmente en los tiempos difíciles, como padre y guardián de los pilares de la familia e invitó a los católicos a imitar las virtudes del santo.

San José y la fe profunda

El religioso dijo relacionarse mucho con la vida de San José en su vocación y misión.

“Aquí en Santa Ana ha sido una prueba constante de confiar en Dios en medio de las dificultades”, afirmó.

“Al comenzar el año, nos sentimos nerviosos y empezamos con números rojos”, dijo y en medio de las preocupaciones “lo único que nos queda es confiar”, anadió. “Creer que, si Dios pone algo en nuestro camino, es porque El sabe de que somos capaces y tiene un propósito para nosotros”.

“La vida de San José fue muy complicada”, continuó, “sin embargo, él confió y siempre flexible, se puso en las manos de Dios”.

El presbítero afirmó que, en medio del sufrimiento, la confianza de San José en Dios queda demostrada cuando nace Jesús en un establo, “no tiene más que la protección y el amparo de Dios”, explicó.

El presbítero dijo que él, al igual que San José y la Sagrada familia, tuvo que dejar su tierra y su familia en su natal Altos de Jalisco, México, para ir a una ciudad lejana en cumplimiento de la misión y el llamado de Dios sin más seguridad que su fe y el amor de Dios”.

San José, modelo de adaptación

Cuando José huye con María y el niño Jesús a Egipto; fue un inmigrante en tierras desconocidas; allí todo era extraño para él, la gente, el idioma y las costumbres. José vive como inmigrante, en un lugar con un idioma diferente, trabaja duro, recibe maltrato, todo en virtud de proteger y proveer lo necesario para su familia, explicó el sacerdote.

“San José soportaba en silencio los momentos difíciles y las situaciones duras. Todo lo guardaba en su corazón”, aseguró el religioso.

El padre José Luis señaló que, en la condición de inmigrantes, es importante aprender a aceptar y adaptarse a vivir las circunstancias de la vida en este país.

“Somos personas con fe, valores, tradiciones y cultura y podemos enriquecer lo que ya somos con nuevas experiencias, costumbres, conocimientos, sin olvidar de donde venimos”, dijo.

“El amor y la unidad familiar son parte de nuestros valores fundamentales, especialmente no olvidar a los padres que dejaron en sus países de origen”, señaló.

“Hay que tener presente que el objetivo de emigrar ha sido el de tener una vida mejor; no solo para mí sino también para los míos”, indicó.

La protección de la familia

Los sacerdotes dejamos a nuestra familia de sangre para unirnos a una familia más grande, explicó el prelado. “Nos casamos con la iglesia y tenemos hijos espirituales. Dios nos ha puesto la labor de velar por todos".

"Como verdaderos padres, tenemos que cuidar las necesidades especiales de cada uno, no todos iguales ante los ojos de Dios. Cada hijo tiene unas necesidades diferentes”, dijo el sacerdote, haciendo alusión a la multiculturalidad en la parroquia Santa Ana.

Cuando el ángel se le apareció a San José ante la amenaza de Herodes, él creyó y decidió llevar a su familia y protegerla del peligro. Dios le pidió a San José que se encargara del cuidado y protección de Jesús.

De esta misma forma, todo padre debe ser protector incondicional de su familia.

El padre José Luis indicó que, como todas las familias, los católicos tenemos la responsabilidad de cuidarnos unos a otros; de cuidar a nuestra comunidad y familia espiritual.

"Se trata de la corresponsabilidad de la oración, de la salud, de la familia parroquial, de ayudarnos los unos a los otros, no solamente por la iglesia sino por cada uno de nosotros, por tu familia, por tus hijos y tus nietos", afirmó.

"El compromiso de cada uno es fundamental", añadió.

“Estamos enfrentando una crisis con la pandemia y muchos padres han sido forzados a estar en casa”, advirtió.

“Este tiempo nos tiene que ayudar a inspirar la verdadera paternidad, es un tiempo para purificarnos, valorar lo que somos y tenemos, usar la creatividad, expresar el amor y sin lugar a duda, mirar a San José como nuestro mejor ejemplo a seguir, concluyó.

patriciam@ocp.org