Archivo Personal
Su vocación ha sido encendida como la luz de este cirio y Sandy Martínez ha iniciado ese camino hacia la vida religiosa.
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Su vocación ha sido encendida como la luz de este cirio y Sandy Martínez ha iniciado ese camino hacia la vida religiosa.

“La primera vez que pensé en la vida religiosa fue cuando tenía 15 o 16 años”, recuerda con emoción la joven de 26 años Sandy Martínez.

“Me acuerdo que estaba en una pizzería con una de mis mejores amigas y dije “¿Qué tal si estoy llamada a ser una hermana religiosa?” y ella me dijo, “no seas torpe, sólo estas diciendo eso porque no tienes novio” y respondí, “si, tienes razón”.

En ese momento no se imaginó que sus palabras se harían realidad. “No pensé en eso hasta varios años después cuando tomé un año de misión con NET Ministries. A mediados de mi año en misión tuve una experiencia en la que Dios me invitó e hice esa pregunta nuevamente: ¿Qué tal si estoy llamada a ser una religiosa? Eso fue hace 4 años, así de que ha sido un largo proceso de discernimiento hacia  donde me guía Dios”.   

Sandy Martínez, nació en Escondido, California, pero creció en México en las edades entre los 2 y 8 años. Desde entonces ha vivido en los Estados Unidos, 

Su vida ha sido de una gran riqueza y sobre todo, en el campo espiritual.

“Tuve mi conversión cuando tenía unos 12 años. Mi madre tuvo su conversión y su cambio me dio curiosidad por querer saber qué la inspiraba a cambiar. La parroquia a la que asistía en Portland, es la Catedral Santa María de la Inmaculada Concepción, porque tiene un buen grupo de jóvenes adultos” dijo en entrevista con El Centinela.

En cuanto a su experiencia de ser joven y haber crecido en este país le ha dado para reflexionar. “Creo que cada joven hispano que ha sido bendecido con haber nacido aquí lucha con algo de culpa en algún momento de sus vidas. La pregunta de ‘por qué tengo este privilegio y esta persona no’ viene a mi mente. Mi madre y mi hermano han estado en México por 6 o 7 años, pero tengo la oportunidad de visitarlos de vez en cuando. Sé que algunas personas no tienen ese privilegio, por eso oro para que el Señor consuele a aquellos que no pueden visitar a su familia.

Al escoger su camino frente al llamado a la vocación de la vida religiosa habla sobre la fe. “Es confianza y la confianza se construye a través de la relación con Dios. Es como tener una relación con cualquier otra persona. A veces puede ser difícil confiar en alguien porque tememos que nos decepcionará, pero una vez que confiamos en ellos con algo pequeño y vemos que no nos decepcionaron, nuestra confianza crece. De la misma manera, confiar en Dios puede ser difícil al principio, pero una vez que vemos que no nos decepcionará sino que cumplirá, no podemos evitarlo, sino que queremos confiar en Él con todo. La clave es comenzar a confiar en Él aunque sea con cosas pequeñas al principio”.

La vocación religiosa le ha cambiado la vida a Sandy Martínez. “Discernir sobre la vida religiosa ha sido una hermosa aventura para mí. Nunca pensé que terminaría dejando todo para mudarme a un convento en Nueva Jersey. Muchas personas me han preguntado si estoy nerviosa, pero tengo mucha paz en esta transición. Estoy emocionada de cometer errores y aprender de ellos. Continuar dando un paso a la vez y ver a dónde Dios me guiará”, dijo en entrevista con El Centinela.

Al ver cómo ha sido este tiempo de discernimiento, Sandy comparte: “Creo que hay una percepción falsa de que el discernimiento ocurre antes de ingresar y una vez que estás allí, solo tienes dos opciones: hacerla o fallar y salir. Eso no puede estar más lejos de la verdad. Entrar en una comunidad es solo el comienzo de ese compromiso de discernimiento, de si se está llamado a esta especial vocación o no”.

“ No significa que estás 100% seguro de que vas a ser una hermana y que vas a ser una hermana allí. Significa que el Señor te ha invitado a dar este paso y a tomar estos dos años para hacerte la misma pregunta: ¿Estoy llamada a ser solo suya? Hay muchas mujeres que han discernido la vida religiosa y se han ido, no porque hayan fallado, sino porque el Señor las estaba llamando para otra cosa. Quería que aprendieran algo de la comunidad y lo aplicaran en otra cosa. Ninguna de estas mujeres con las que he hablado ha lamentado su tiempo de discernimiento. Todas ellas vieron su tiempo en un convento como un tiempo de crecimiento y mayor claridad en su vocación”, explicó Sandy.

    Diferentes tiempos

La joven de 26 años hizo una búsqueda detallada y al tomar el paso de vivir este nuevo camino, ha iniciado con la mente abierta y el corazón listo para aprender de esta gran experiencia. “La mayoría de las comunidades religiosas pasan por un proceso de discernimiento de 6 a 9 años, lo que significa que tienes de 6 a 9 años para estar allí y realmente piensas si estás llamado a hacerlo por el resto de tu vida o no. Si has pensado en la vida religiosa, realmente te animo a dar un paso hacia un discernimiento más profundo. El proceso de discernimiento te da mucho tiempo para cambiar de opinión para que puedas libremente, sin miedo, discernir tu vocación”.

Ahora tiene una visión de su futuro. “Tengo la certeza de que estoy destinada a ser la esposa de Cristo, pero no sé cuándo, dónde o cómo sucederá. Estoy emocionada de seguir creciendo y ver hacia dónde me lleva el Señor. Aprendí que realmente no puedo predecir mi futuro, cuando confío mi vida a él. Vivo constantemente asombrada al ver hacia donde Él me guía y cómo trabaja situaciones, más allá de lo que yo creía posible”.

Al partir de Portland, Oregon, lo hizo con grandes expectativas. “Espero mucho crecimiento durante este tiempo de discernimiento. Lo más probable es que no sea fácil. Les pido a todos que me mantengan en sus oraciones porque sé que las necesitaré”.

Así pidiendo oraciones y lista para su nueva vida, Sandy Martínez partió el pasado 4 de septiembre. “Dejo atrás muchas cosas. Pero al igual que cualquier otra persona que ha estado enamorada, no pienso en lo que estoy dejando atrás, sino en lo que he encontrado. No me voy con tristeza en mi corazón porque mis ojos no están fijos en lo que he visto. No estoy perdiendo,  sino que lo que estoy ganando es mucho mayor”.

Su familia ha vivido este proceso. “Mi mamá está encantada de que he escogido este camino de discernimiento hacia la vida religiosa. Ella ha sido un gran apoyo. Por otro lado, a mi hermano le cuesta más entender porqué querría yo hacer esto”.

Sandy Martínez, con la sonrisa en los labios partió de Oregon y hoy está en ese día a día, que la lleva con su vocación por el camino que escogió a Dios.

              RocioR@ocp.org