Acabamos de celebrar la Pascua de Resurrección, Cristo ha resucitado, Cristo ha vencido a la muerte. Tiempo del paso de la muerte a la vida, que en otras palabras podría decirse como el tiempo de cambio de las tinieblas a la Luz, a la Vida. 

Quién iba a imaginarse que esta Cuaresma sería tan diferente, tan especial.

Una pandemia se propaga por el mundo durante este tiempo de Cuaresma y no terminará como por arte de magia ni el Viernes Santo ni el Domingo de Pascua.

Una Cuaresma celebrada sin los feligreses reunidos en la iglesia; y las iglesias siguen vacías. Y la cuarentena impuesta por el coronavirus continuará durante varios meses más.

En medio de esta crisis por la pandemia, miremos esta Pascua como un momento apropiado para reflexionar y pensar cómo estábamos viviendo hasta ahora y cómo ya los valores, la moral, la ética, y la fe habían pasado a ser cosa del pasado.

Basta recordar los noticieros todos los días para ver las noticias sobre el calentamiento del planeta, la destrucción de la vegetación a pasos acelerados, las playas, los océanos y los ríos contaminados con tanta basura.

Y, por otro lado, la humanidad, distorsionando cada vez más los valores humanos y la vida. Lo que antes era malo ahora es bueno, y lo que antes era bueno ahora es malo.

Estábamos acostumbrándonos a ver la muerte y la destrucción como algo normal. Pero, con esta pandemia que nos llena de temor por tanta muerte y sufrimiento a nivel mundial; ahora es cuando buscamos desesperados la cura, la vacuna, para “salvar vidas” cuando unos meses atrás sabíamos de cientos y cientos de abortos, seres humanos inocentes y ya era normal porque “lo que importa es mi cuerpo”.

A cuántos ancianos o enfermos en los hospitales se les aplica la Eutanasia; “ayudarles a bien morir” al fin de cuentas ya se ve como normal.

¿Nos hemos acostumbrado a la violencia?

Ya era normal escuchar las noticias de personas asesinadas, despedazadas y tiradas en la calle; triste realidad de acostumbrase a ver esas situaciones como algo normal.

El mirar las noticias de cómo grupos de personas vandalizan las iglesias quemándolas, cometiendo sacrilegios y destruyéndolas sólo porque sus ideas no son aceptadas.

En fin, podríamos seguir enumerando ejemplos de cómo hemos estado acabando con nuestro hogar, llámese casa, comunidad, ciudad, planeta. Y parecernos normal.

Por esta razón mi reflexión se enfoca en mirar esta pandemia como un tiempo de purificación; purificarnos a nosotros mismos para valorar la vida en todas sus etapas —desde su concepción hasta la muerte natural—

Purificarte y valorar el tiempo que ya no pasabas con tu familia porque no tenias tiempo; purificarte y valorar lo mucho o poco que tienes y saber compartir con los que tienen menos; purificarte y mirar la naturaleza con respeto y agradecimiento, y cuidar de ella. 

¿Te has fijado cómo ahora con este descanso que le hemos dado, estando en cuarentena, el aire se ha limpiado, la vegetación se ve diferente, hasta animales que no se veían en las ciudades ahora salen a ver qué está pasando?; las playas se ven limpias y los arroyos cristalinos.

Purifícate, desintoxícate de la vida rutinaria que no te permitía disfrutar de tu familia, disfrutar de la vida, valorar lo que tienes, y pidamos a Dios para que en medio de la tribulación que nos ciega, como a los peregrinos de Emaús, podamos sentir su presencia sanadora. ¡Jesús, en tí confío!

Rev. Sacerdote José Luis González

Pastor de la Iglesia Católica Santa Ana en Gresham