Héctor y Maricela Calderón acompañados de sus cuatro hijos. Héctor Calderón es considerado el caso cero de Covid-19 en el estado de Oregon. (Cortesía Maricela Calderón).
Héctor y Maricela Calderón acompañados de sus cuatro hijos. Héctor Calderón es considerado el caso cero de Covid-19 en el estado de Oregon. (Cortesía Maricela Calderón).
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“Dios valora y se manifiesta ante las necesidades de los que nos acercamos a El con fe y que confiamos en su respuesta de amor y poder”,

" Maricela Calderón, esposa de Héctor Calderón, considerado el caso cero de Covid-19 en Oregon.

El camino hacia una recuperación completa comienza con un primer paso, pero para Héctor Calderón, ese primer paso fue aterrador.  

 

Después de dos meses y medio en coma y sobrevivir a Covid-19, Héctor, de 46 años, no estaba seguro si podría levantarse de la cama y valerse por si mismo. Tras pagar el alto precio del coronavirus que afectó su cuerpo, el esposo y padre de cuatro hijos tuvo que aprender a hablar, alimentarse, caminar y ducharse de nuevo.

 

Héctor Calderón, considerado el paciente cero de Covid-19 en el estado de Oregon, entró al hospital de Kaiser Permanente Westside Medical Center, en Hillsboro, el 23 de febrero del 2020.

 

Cuando Héctor ingresó a la Unidad de Cuidados Intensivos casi no podía respirar. La tos, fiebre alta, intenso dolor de cuerpo, fatiga y cansancio eran contundentes.

 

El día anterior, Héctor había sido enviado a casa con diagnóstico de gripa tras acudir al servicio de urgencias en Kaiser Permanente. Luego, vino la dificultad para respirar.

 

Ese mismo día, las autoridades sanitarias en China reportaron una disminución de contagios de Coronavirus de Wuhan —como se le llamó inicialmente— que hasta ese momento ascendía a más de 10 mil casos confirmados, 360 fallecidos y el brote extendiéndose por una veintena de países, haciendo temer una pandemia dado su poder de propagación.

 

En tanto, el director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom, el 30 de enero había declarado el brote de coronavirus originado en China como una “emergencia de salud pública de importancia internacional”.

 

Hasta ese momento se pensó que se trataba de una epidemia regional que solo afectaba a China y sus alrededores y la administración de Trump anunció negar la entrada a los extranjeros que hubieran viajado a China en los últimos 14 días.

 

Después de un año, la pandemia global ha dejado más de 2.5 millones de muertos y 113 millones de casos de contagio en el mundo. Los médicos y científicos han recopilado abundante evidencia de la enfermedad, sus efectos, cómo se transmite y la manera de tratarlo de una forma más efectiva.

 

El 28 de febrero del 2020, un día frío y lluvioso en Portland, Héctor recibió el diagnóstico positivo de Covid-19 y los medios de comunicación anunciaron el primer caso positivo de Covid-19 en Oregon.

 

En entrevista exclusiva con El Centinela, un año más tarde, un Héctor saludable y sonriente narró con ayuda de su esposa Maricela, desde la apacible sala de su hogar, la odisea vivida y lo que él y su familia consideran el milagro de su sanación.

 

La posible fuente de contagio

 

En el colegio de primaria en Lake Oswego, donde Héctor se desempeña como ingeniero de mantenimiento, dos semanas antes se habían registrado muchos casos de niños y adultos enfermos, dijo.

 

“Entre siete a diez niños eran enviados a sus casas con fiebre y vómito. Pensábamos que se trataba del virus de influenza y hubo maestros ausentes por enfermedad hasta por una semana.

 

“Fui uno de los últimos en enfermarme de la supuesta gripa”, afirmó. “Pienso que posiblemente fue allí donde me contagié porque no viajé a ninguna parte y en mi casa nadie estaba enfermo”, agregó.

 

Los síntomas empezaron el 19 de febrero. “Me sentía como si un tren hubiese pasado por encima, describió Héctor.

 

“El dolor en todo el cuerpo y los huesos era pavoroso. Aún así, por la responsabilidad en mi trabajo, fui a trabajar”.

 

El sábado 22 de febrero tuve que ir a urgencias de Kaiser. Allí me hicieron radiografías y el médico me diagnosticó influenza, me prescribió pastillas para la tos, me envió a casa y me dijo que en diez días estaría bien.

 

"Esa noche la pasé muy mal. No podía casi respirar", dijo.

 

“La fiebre era tan alta que sentía que se quemaba”, dijo Maricela, su esposa.

 

Terriblemente enfermo

 

“El domingo 23 no podía pararse y respirar era casi imposible”, contó Maricela. “Sosteniéndose de las paredes, tembloroso y como pudo bajó las escaleras y nos fuimos al hospital”.

 

"Llamé a una de mis hermanas para que se quedara con mis hijos y nos fuimos".

 

"De inmediato lo admitieron y ya empezó a perder el conocimiento. La fiebre estaba más arriba de 104 grados".

 

"Esa misma noche, lo transfirieron a la Unidad de Cuidados Intensivos con una mascarilla para ayudarlo a respirar y con bolsas de hielo para bajar la fiebre, sin embargo, la fiebre persistía"

 

A partir de ahí, Héctor no recuerda lo que pasó.

 

Maricela relata que su respiración era cada vez más difícil. “Pasó otra noche con terapia de oxígeno. Se estaba asfixiando y sus pulmones comenzaron a fallar”.

 

En la unidad de cuidados intensivos

 

La salud de Héctor continuó deteriorándose rápidamente.

 

En menos de 72 horas, “le indujeron un estado de coma y lo pusieron en un ‘monstruo’ de cama giratoria”, cuenta Maricela.

 

Héctor no volvió a saber nada de su entorno hasta dos meses y medio después.

 

“Lo ataron de todas partes y lo acostaron boca abajo en esa cama”, dijo Maricela.

 

“Los médicos afirmaron que era un tratamiento para ayudarle a desinflamar los pulmones y ahí estuvo por dos semanas”.

 

Por su parte, Maricela en casa, empezó a sentir los síntomas de Covid-19. “Fueron dos días terribles”, contó.

 

“Las enfermeras nos permitían verlo todos los días a través de un iPad, pero con Héctor en coma, obviamente no podía hablar con él, pero hacía de cuenta como si él me escuchara. Oraba y le ponía alabanzas a Dios”.

 

La cama giratoria no dio el resultado esperado.

 

Los médicos optaron por hacerle una traqueotomía e intubarlo para brindarle asistencia con ventilación mecánica.

 

Había pasado una semana. Los médicos entraban y salían de su habitación y los síntomas parecían ser un misterio a resolver tanto para el cuerpo médico como para la familia de Héctor. 

 

“Nunca imaginamos que se trataba de Covid-19, hasta que una epidemióloga solicitó hacerle la prueba", dijo Maricela.  

 

A partir del diagnóstico positivo de Covid, Héctor permaneció aislado y no se permitía ningún tipo de visita al hospital.

 

Decisiones médicas

 

Los médicos reportaron que la salud de Héctor mostraba un cuadro crítico de Covid-19 con inflamación pulmonar severa y ellos no veían ningún signo de mejoría, dijo Maricela.

 

Habían pasado ya como 20 días y un día me autorizaron ir a verlo. “Tal vez para que me despidiera de él”, dijo Maricela.

 

“Las llamadas telefónicas del personal médico se hicieron más frecuentes y me solicitaban autorizar desconectarlo de la ventilación mecánica para ayudarlo a tener una muerte tranquila”.

 

La actitud de indiferencia de los médicos fue sorprendente para Maricela y su familia. “Me causó conmoción” dijo. “Nunca me esperé algo así”, agregó.

 

“Yo pensé en que, si de Dios estaba quitarle la vida, lo aceptaría, pero no sería yo quien iba a decidir sobre la vida de mi esposo, expresó.

 

“Les dije a los médicos que yo jamás daría la autorización y empecé a considerar la posibilidad de una segunda opinión médica”.

 

La batalla por una segunda opinión y un aliado esencial

 

Maricela indicó que solicitó a Kaiser la intervención de un neumólogo para una segunda opinión médica, sin embargo, la respuesta negativa fue constante: “no hay médicos”, “todos están ocupados” y más con un sinnúmero de peros.

 

El 19 de marzo del 2020, Maricela y su hermana Lucina contactaron a Western Farm Workers Association, organización sin ánimo de lucro que aboga por los derechos y dignidad de los trabajadores hispanos, para solicitar ayuda dado que Kaiser estaba considerando terminar con el tratamiento y el sistema de soporte vital en que se encontraba Héctor.

 

Parker Berger, director de la organización, manifestó que se requirió un trabajo intenso consecutivo de llamadas a la dirección de Kaiser para lograr la segunda opinión médica en el caso de Héctor.

 

Los médicos Dick Stenson, presidente y CEO jubilado de Tuality Hospital y Brian Ricci, M.D., de Medicina Interna en OHSU en el hospital Tuality fueron esenciales en ayudar a obtener la aprobación en el cambio de curso del tratamiento de Héctor.

 

“Fueron tres días sin parar de trabajo consecutivo para lograr una segunda opinión”, dijo Parker. “Al cuarto día recibimos una llamada de Kaiser para confirmarnos que cambiarían el tratamiento de Héctor”.  

 

Los médicos administraron a Héctor los medicamentos utilizados para tratar el ébola, dijo Maricela. El virus del ébola es tratado con Remdesivir, un antiviral que en octubre del 2020, fue aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos —FDA— por sus siglas en inglés como el primer tratamiento contra el Covid-19.

 

María Castañeda, quien es miembro activa de la organización expresó que “como miembros de la comunidad, estamos agradecidos por tener este apoyo. Mi experiencia es que como individuos no se nos escucha y menos cuando no hablamos el idioma, pero cuando una organización aboga por la comunidad, entonces si se les presta atención”, dijo.

 

“El caso de Héctor es un caso de vida o muerte y un ejemplo que inspira la importancia de nunca dejar de abogar por nuestros derechos”, advirtió Parker.

Más allá de la medicina, la mano de Dios

 

La fe de Maricela no está basada en sus circunstancias. Al enfrentar la difícil y angustiante prueba que Dios le puso con la enfermedad de Héctor, ella mantuvo la absoluta confianza en la misericordia de Dios, su oración y clamor diario fue “A ti te entrego mi esposo, es tu hijo y si quieres sanarlo tu tienes el poder para eso”, indicó.

 

Habían transcurrido ya dos meses con Héctor en el hospital. Un día una de las doctoras dijo a Maricela que “ya habían hecho todo lo que estaba a su alcance y que no había nada más por hacer”.

 

No obstante, Maricela con la antorcha de su fue más encendida que nunca, reafirmó su oración, y “El poder de Dios comenzó a manifestarse”, dijo.

 

“La Biblia se convirtió en mi refugio. Sentí que Dios me hablaba”, contó Maricela.

 

Maricela compartió la imagen de una cita de la Palabra de Dios. "Dios nos dio su palabra", dijo. (Cortesía Maricela Calderón).

 

“Mi esposo es un milagro de vida”, afirmó. “Dios valora y responde a las necesidades de los que nos acercamos a El con fe y que confiamos en su respuesta de amor y poder”, agregó. 

 

"La recuperación de Héctor comenzó a verse de una manera tan sorprendente que hasta los médicos se mostraban sorprendidos", afirmó Maricela.

 

En cuestión de 15 días, la salud de Héctor fue mostrando señales de mejoría. "Día tras día fuimos viendo milagros de Dios", dijo Héctor.

 

“Dios nos escogió para experimentar esto”, añadió. “Hay un Dios que vive y debemos volver a El con todo nuestro corazón”, dijo.

 

Héctor contó que cuando comenzó a reaccionar, no podía hablar. "No recuerdo exactamente, creo que era un miércoles. Entonces, me autorizaron las visitas, una vez por semana". 

 

Le habían dicho a mi esposa que tal vez perdería las cuerdas vocales y no había certeza de que yo pudiera volver a hablar.

 

Con la ayuda de las enfermeras fui practicando poco a poco. "Tenían que ponerme un parche en el hueco de la traqueotomía para poder hacerlo", dijo.

 

"Un día me dijeron que mi esposa vendría a verme y yo estaba impaciente por verla. Estaba impaciente y se tardó. Ella no sabía que ya yo podía hablar", narró Héctor.

 

Con lágrimas en los ojos, Héctor cuenta que lo primero que dijo al verla fue "mi amor, te amo". Maricela atónita, se quedó inmóvil ante la sorpresa de volver a escuchar su voz.

 

"Lloramos mucho tiempo", dijo Hector. "Ese día vi el milagro de Dios hecho", dijo Maricela. 

 

"Hablábamos de las maravillas de Dios. "Dios nos escogió para experimentar esto para transmitir y llevar el mensaje a las demás personas", expresó Héctor quien emocionado dijo sentirse agradecido por su esposa, sus hijos y su familia.

 

"Esta pandemia ha sido un terror para todos", añadió. "Todo está escrito y Dios lo permitió para que nosotros volvamos a creer en El", dijo Héctor.

 

Las oraciones de todos ayudaron. Héctor y Maricela se sienten bendecidos y con una misión de Dios para cumplir.

 

Agradecen el apoyo del cuerpo médico, especialmente a Chad Cabe, un enfermero de la unidad de cuidados intensivos. El también oró cada noche por Héctor y le prometió una serenata con mariachi cuando se recuperara.

 

Chad cumplió su promesa y el 4 de mayo de 2020, día en que Héctor salió del hospital hacia la clínica de rehabilitación, un grupo de mariachi le acompañó y cantó a su salida.

 

Héctor explicó que después de tres semanas en la clínica de rehabilitación, regresó a casa para continuar su recuperación. En el mes de octubre estuvo listo para reintegrarse a sus labores en el colegio de primaria.

 

El alto precio de ser “esenciales”

 

Desde que se decretó la pandemia de coronavirus Covid-19 en marzo del 2020, los trabajadores hispanos al igual que miles de empleados se han vuelto ‘esenciales’.

 

Sin embargo, desempeñar los trabajos que sostienen la economía de Oregon ha significado pagar un alto precio, ya que los hispanos han sido los más afectados por la enfermedad.

 

Lorena Caballero, feligresa en Santa Ana, en Gresham, trabaja en un hogar de ancianos todos los días e incluso durante la pandemia ha tenido que hacer turnos adicionales.

 

Lorena al igual que Héctor, quienes ya recibieron la vacuna contra Covid-19 coincidieron en confiar la protección de su salud a Dios.

 

Los hispanos, que representan el 13% de la población en Oregon han sido afectados de una manera desmedida por Covid-19 y constituyen el 34% de los casos en el estado de Oregon, según reporte de la Autoridad de Salud de Oregon del 31 de marzo de 2021.

 

“Los hispanos son la fuerza laboral en sectores de primera línea durante la pandemia, desempeñando trabajos que no pueden hacerse desde casa y generalmente en ambientes que presentan un alto nivel de exposición al virus”, dijo Reyna López, directora ejecutiva de PCUN.

 

“Debido al impacto desproporcionado de Covid-19 en la comunidad hispana, nuestros esfuerzos están orientados a garantizar la equidad en el acceso al servicio de salud y especialmente la oportunidad de recibir las vacunas”, dijo Ignolia Duyck, directora de servicios a la comunidad en la clínica Virginia García.

 

Estigma y rechazo por Covid

 

“Al ser el primer caso de Covid-19 la estigmatización y el rechazo de la comunidad fue algo muy difícil de sobrellevar. Como familia sufrimos persecución de diferentes maneras”, contó Maricela.

 

La poca información que existía sobre el virus de Covid-19 hasta ese momento, ayudó a empeorar la situación.

 

“Es triste que algo así suceda justo en el momento en que más apoyo necesitas”, lamentó Maricela.

 

“El estigma puede afectar de manera negativa en la salud física, mental y emocional de los grupos estigmatizados y las comunidades en las que viven.

 

Las personas estigmatizadas pueden sufrir aislamiento, depresión, ansiedad o vergüenza pública. Es importante terminar con el estigma para hacer que todas las comunidades y los miembros de la comunidad estén más seguros y saludables.

 

Todos podemos ayudar a detener el estigma relacionado con el COVID-19 al conocer la información y compartirla con otras personas en la comunidad”, afirma el Centro de Control y Prevención de enfermedades —CDC— por sus siglas en ingles.

 

“Nuestra familia fue un hombro de apoyo mutuo”, dijo Maricela. “Creamos una cadena de apoyo y oración internacional; desde Guatemala con la familia de Héctor y mi familia.

 

“Este ha sido un tiempo de prueba muy duro para buscar la presencia de Dios y aprender a depender de El”, concluyó.

 

Patriciam@ocp.org