Lupita Suárez, feligresa de la parroquia Nuestra Señora de la Montaña, en Ashland, trabajando en la recolección de la cosecha de uva, en Talent, Oregon, durante los días calurosos en Oregon. (Foto cortesía Lupita Suárez).
Lupita Suárez, feligresa de la parroquia Nuestra Señora de la Montaña, en Ashland, trabajando en la recolección de la cosecha de uva, en Talent, Oregon, durante los días calurosos en Oregon. (Foto cortesía Lupita Suárez).

Un año después del devastador incendio Almeda, cientos de familias hispanas de Talent y otras ciudades del condado de Jackson continúan en la lucha por recobrar la estabilidad emocional y encontrar un lugar para vivir.

 

Entre estas familias se encuentra Lupita Suárez, feligresa y directora voluntaria del coro en español de la iglesia Nuestra Señora de la Montaña, en Ashland.

 

El 8 de septiembre del 2020, los residentes de las poblaciones de Talent y Phoenix, en el sur de Oregon, sobrevivieron a uno de los incendios más destructivos y sin precedentes en la historia del estado.

 

La devastadora tragedia agravó los desafíos y condiciones difíciles ya existentes para las familias hispanas debido a la pandemia de Covid-19

 

“Fue aterrador”, dijo Lupita entre lágrimas. “Las emociones vienen y van y todavía lo recuerdo como si hubiera sido ayer”, agregó.

 

El impacto en la salud mental

 

“Con las altas temperaturas, los vientos fuertes y el humo del incendio de estos días, he vuelto a sentir el pánico”, agregó refiriéndose al incendio Bootleg, que ardía sin control a finales de julio de 2021, y que ha sido considerado como uno de los incendios más grandes en la nación.

 

Lupita explicó que su salud mental se ha visto muy afectada. “No he podido volver a dormir bien desde entonces", dijo. "Siento mucho pánico cuando escucho la sirena de las ambulancias", agregó.

 

Otras familias afectadas por el incendio Almeda han expresado sentir la misma ansiedad y estrés, especialmente familias con niños, describió Suárez.

 

“Es difícil enfrentar y dejar atrás el dolor y la tristeza ante el desamparo en que nos encontramos”, dijo.

 

“Muchas personas y familias impactadas por el incendio dejaron de venir a la iglesia y estuvimos haciendo llamadas para contactarlos, pero sus teléfonos están desconectados”.

 

Ausencia de recursos financieros

 

Suárez manifestó que la solidaridad de la iglesia y personas de buen corazón ha sido grande, pero estas son ayudas momentáneas.

 

No obstante, Lupita expresó su agradecimiento por la generosidad de muchas personas y algunas ayudas inesperadas que ha recibido.

 

“Recibí una donación de $3.000 dólares y ese regalo ha sido fundamental porque me ha sacado de apuros en los momentos en que no he tenido trabajo”, dijo.

 

Al mismo tiempo, expresó su frustración. “Me siento cansada de no encontrar la ayuda suficiente, la ayuda que necesitamos”.

 

Suárez explicó que la gran mayoría de las familias que perdieron sus viviendas vivían en casas móviles que no tenían ningún seguro contra incendio, o eran inquilinos de apartamentos de bajos ingresos. “Lo perdimos todo. Muchos nos sentimos más pobres que nunca”, dijo Lupita.

 

“No hay un proceso real, un plan que puedas seguir para recibir ayuda. Vas aquí, vas allá, pierdes tiempo en la búsqueda de cualquier ayuda, pero todo es incierto”.

 

“La verdad es que perder un día de trabajo es demasiado. No podemos darnos el lujo de dejar de trabajar para ir en la búsqueda de algo que no existe”.

 

El acceso a la vivienda continúa siendo un reto

 

Ubicado en un vecindario tranquilo y seguro de Talent, Lupita había puesto sus recursos, esperanza y energía en hacer de su apartamento en Anderson Vista el lugar de sus sueños. Allí vivió por cerca de seis años, acompañada por dos amigos inseparables; sus perros Tequila y Nala.

 

Hay varias fincas de cultivos en las áreas montañosas y con colinas de los alrededores de Talent. “Me sentía muy a gusto allí en ese lugar porque además de ser destinado para trabajadores del campo con bajos ingresos, estaba muy cerca de los lugares de mi trabajo”.

 

La gobernadora de Oregon, en un resumen ejecutivo tras los incendios de Oregon cita que más de 2000 personas buscaron refugio temporal de emergencia.

 

“La oficina del manejo de emergencias trabajó con la Cruz Roja Americana casi desde el principio y después comenzó a trabajar con el departamento de Servicios Humanos y Comunitarios de Oregon (OHCS) para identificar las necesidades y desarrollar soluciones creativas tanto para vivienda y refugio temporal o permanente, al igual que servicios circundantes. La disponibilidad de vivienda económica continúa siendo un reto”, se lee en el informe.

 

“Después del incendio, llené la solicitud de la Cruz Roja y pude arrendar un apartamento de bajos ingresos para trabajadores del campo, pero hace una semana recibí una notificación en la que me solicitan desocuparlo en agosto”, exclamó Suárez.

 

Lupita informó que al no encontrar una opción de vivienda asequible para trabajadores del campo, tuvo que rentar un apartamento a un precio mucho más alto en Central Point.

 

Preocupación por el estatus migratorio y la barrera del idioma

 

Muchos trabajadores indocumentados han sido impactados de forma desmedida debido a las barreras del idioma y por la preocupación acerca de su estado migratorio.

 

Lupita manifestó que muchas familias, incluyéndose ella misma no solicitaron fondos de FEMA, en parte porque creían que no reunían los requisitos o también por el temor de que su información fuera compartida con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).  

 

“Los requisitos de elegibilidad en FEMA son confusos y no hay una persona que hable tu idioma claramente y te oriente en si realmente puedes recibir la ayuda o no y cómo esto puede afectar o no tu estatus migratorio”, dijo.

 

Otras personas también se preocupan de ser una “carga al estado” o por la prueba de la “carga al estado”, que es utilizada por los oficiales de inmigración para decidir si una persona es elegible para obtener la residencia permanente.

 

Sin alerta ante una emergencia

 

Ese ocho de septiembre del 2020, Lupita dijo haber salido de su casa a las cinco de la mañana como todos los días. Una larga jornada la esperaba en un cultivo en los campos de Talent.

 

“Lo más sorprendente es que nadie nos avisó del incendio. Se espera que en un país como este haya una red de comunicación para alertar a la gente ante un peligro inminente”, dijo.

 

“Algunos residentes se enteraron gracias a las redes sociales. Yo me enteré porque una comadre que vive en Ashland me llamó para informarme de que estaban evacuando a todos los residentes”, contó Lupita.

 

“Salí de mi trabajo, pero el tráfico estaba colapsado”, prosiguió. “Cuando finalmente regresé a mi apartamento, la policía me permitió estacionar cerca y corrí a rescatar a mis perros y mi guitarra”.

 

La policía nos forzó a abandonar el lugar. “Todo era un caos, el incendio estaba acosándonos y nosotros estábamos ahí, estancados en el tráfico, pero en cuestión de 15 minutos las llamas ya estaba en nuestras viviendas”, contó Lupita.

 

“Hablé con una señora que había sido mi patrona. Ella vive en la parte montañosa de Talent y me ofreció albergue. Manejé hacia allá y estuvimos en guardia toda la noche. Nos angustiaba pensar en que la dirección del viento cambiara y expandiera las llamas hacia la dirección donde estábamos. Fue verdaderamente aterrador”.

 

Organización sin ánimo de lucro al límite de su capacidad

 

Dagoberto Morales, director ejecutivo de Únete, organización que aboga por los derechos de los trabajadores hispanos, explicó que las necesidades de la gente son abrumadoras y “nosotros estamos al límite de nuestra capacidad. Hacemos lo mejor que podemos, pero las necesidades son muy grandes”, dijo.

 

Morales también advirtió que ha habido una proliferación de organizaciones sin ánimo de lucro con supuestos objetivos de ayudar a las víctimas, sin embargo, “la respuesta de las anunciadas ayudas no es tangible en la comunidad”.

 

Morales manifestó que el incendio Almeda que arrasó las poblaciones de Talent y Phoenix no solo dejó cenizas y escombros a su paso sino un impacto económico y mental de proporciones incalculables, del cual tomará mucho tiempo a las familias para sobreponerse.

 

“Muchas de las personas vivían en casas móviles y no tienen opción de reconstruir”, dijo.

 

La fe, la mejor medicina

 

Lupita explicó que su salud mental se ha visto muy afectada. "Ya con la pandemia estaba sintiendo bastante ansiedad y con el incendio se agravó".

 

“Lo único que nos mantiene realmente es la fe y la confianza en Dios”, dijo Lupita.

 

“Una de las cosas que más me dolió es que no pudiéramos asistir a la iglesia durante la pandemia, pero ahora que las iglesias están abiertas, es una bendición poder ir a misa, descargar y entregar todo en manos de Dios”, agregó.

 

“El impacto emocional de la pandemia y los incendios ha sido devastador”, continuó. “Hay sentimiento de enojo generalizado en la gente”, comentó Lupita.

 

“Con frecuencia escucho comentarios de enojo con Dios”, agregó. “Frente a la prueba es más fácil pensar que Dios nos ha abandonado, pero es la fe lo que nos mantiene firmes. Es en esos momentos más oscuros cuando en nuestra oración Dios nos da la luz, tal vez no la más fuerte sino la suficiente para continuar cada día”.

 

Mientras Lupita continúa su lucha por lograr la estabilidad económica y emocional que tanto anhela, dedica su tiempo libre del trabajo al coro en español de la iglesia Nuestra Señora de la Montaña, en Ashland.

 

Lupita participaba en el coro de su iglesia en México y al venir a Estados Unidos, lo primero que hizo fue ofrecer su talento al servicio de la iglesia.

 

Explicó que la música la mantiene más cerca de Dios, le da paz y la ayuda a reforzar la confianza en sí misma para continuar.

 

patriciam@ocp.org