Con la ayuda del diácono Bill Richardson, el padre Cary Reniva sumerge el Cirio Pascual en la pila bautismal como una manera de bendecir el agua. (Ed Langlois/Catholic Sentinel).
Con la ayuda del diácono Bill Richardson, el padre Cary Reniva sumerge el Cirio Pascual en la pila bautismal como una manera de bendecir el agua. (Ed Langlois/Catholic Sentinel).

BEAVERTON — La Pascua tiene que ver con una fe que no puede mantenerse inactiva. Ese fue el mensaje del tres de abril durante las Vigilias en inglés y español en la Parroquia de Santa Cecilia, en Beaverton.

 

Signos de la época llenaron la iglesia: tapabocas, carteles con avisos que bloqueaban la mitad de los bancos, una botella de desinfectante de manos sobre la mesa junto a los recipientes eucarísticos.

 

Todo esto ha ralentizado un poco esta activa parroquia, que tiene un atareado ministerio social, formación de fe y un movimiento pro-vida.

 

Las lecturas de vigilia establecen la historia de la salvación, y los intentos persistentes de Dios de amor a la humanidad — el Jardín del Edén, la huida de Egipto, la Ley, los profetas llamando al pueblo de nuevo a la relación con Dios y finalmente la pasión salvadora de Jesús y la tumba vacía.

 

El Padre Cary Reniva, pastor, señaló que las narrativas de la resurrección de Jesús han imprimido en la historia abundante material que permanece en el tiempo. Hay urgencia.

 

“La Pascua es un verbo, no un sustantivo”, dijo el Padre Reniva. “Todo esto articula la acción dinámica de la vida de Dios en nosotros”.

 

La idea está plasmada no sólo en el ministerio parroquial aquí, sino en Maya y Aileen Martínez, hermanas jóvenes que se volvieron católicas en la vigilia. Maya, de 10 años, y Aileen, de 5, entraron en la fe con ojos abiertos de admiración y entusiasmo.