Foto Rocío Rios
La Pasión y Muerte de Jesucristo llevan a los católicos del mundo a reflexionar sobre el Misterio de la Salvación.
Foto Rocío Rios
La Pasión y Muerte de Jesucristo llevan a los católicos del mundo a reflexionar sobre el Misterio de la Salvación.

Los católicos del mundo entero se alistan para vivir el Triduo Pascual. Estos días son de reflexión, oración y sobre todo, camino por la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. La reflexión teológica del significado del Triduo es fundamental para entender el Misterio de la Salvación.

VIERNES SANTO

Ciclo B

Textos: Is 52, 13- 53,12; Heb 4, 14-16; 5, 7-9; Juan 18, 1-19, 42: Pasión de Cristo según san Juan.

Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos.

Idea principal: Contemplemos a Jesús, al Siervo sufriente. ¡Lo que no sufrió para salvarnos! 

Síntesis del mensaje:  El Jueves Santo fue “la hora de Jesús”. El Viernes Santo es sobre todo “la hora de Satanás”. Dos horas que se reducen a una sola hora, “la hora del Misterio Pascual”, con sus dos manecillas: la entrega de Cristo y la maldad humana. La celebración de la Pasión de hoy, que no misa, tiene tres partes: primera parte, liturgia de la Palabra y la oración universal; segunda, adoración de la santa cruz y, tercera, sagrada Comunión. También podemos dividirla así: Pasión proclamada en las lecturas, Pasión invocada en la oración universal, Pasión venerada en el beso a la santa cruz y Pasión comunicada en la comunión.

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, ¿quién resiste contemplar este Siervo sufriente? Despreciado, desestimado, leproso, herido de Dios, humillado, traspasado por nuestras rebeliones (1ª lectura), con miedo, pavor, tristeza, tedio, gritos, lágrimas. Ahí, tirado en el huerto de los olivos. Ahí, aniquilado y desangrado en la flagelación. Ahí, blasfemado, injuriado, insultado en la cruz. Ahí, clavado manos y pies en el madero ignominioso de la cruz. Ahí, con el costado sangrando por culpa de esa lanza cruel. Ahí, acostado en la cruz, el cielo cerrado sin la voz de su Padre y una noche oscura interior terrible.

En segundo lugar, no obstante, ese Siervo sufriente es modelo y ejemplo para nosotros (2ª lectura). Modelo de obediencia al Padre por encima de todo. Modelo de amor a los hombres hasta dar la vida por ellos. Modelo de perdón sin medida. Modelo de mansedumbre, que ante tanta injusticia no chistó ni se rebeló. Modelo de generosidad, que mientras a su alrededor cada uno sacaba su tajada, Él nada se reservó para sí. Modelo a la hora de saber sufrir con paciencia tanto atropello, golpes, empujones, escupitajos, bofetadas, azotes, corona de espinas. Modelo de fidelidad hasta el final al plan de Dios. Modelo de confianza en las manos de su Padre.

Finalmente, cada uno de nosotros tiene algo de culpa en el dolor de este Siervo sufriente. Los Judas que traicionan a Jesús y lo venden por unas monedas de placer. Los Pedros que niegan a Jesús para salvar su pellejo. Los otros discípulos que le abandonan por miedo a la cruz. Los que le martirizan y crucifican haciendo sufrir a sus hermanos, con los que Cristo se identifica. Los Anás que están bien apoltronados en su sillón almidonado, que esconden en su palacio una mafia, siendo él el padrino omnipotente, escéptico y agnóstico, dispuesto a dar una bofetada a Jesús ante la fuerza de la verdad que él no aceptaba; sí, ese Anás que pasará a la historia como el prototipo de hombre que hace valer sus derechos de “autoridad jubilada”, para humillar a los demás, darse importancia… y como no pudo, recurrió a la violencia baja y propia de villanos. Hombre orgulloso, expeditivo, frontal, tajante, práctico, seguro de sí mismo. También están los Caifás. Caifás era hombre más político que ético; le interesaba la religión del “interés”, dispuesto a practicarla, aunque tuviera que pasar por encima de la muerte, mientras le proporcionara tajada. Este era Caifás: un juez que pronunció la sentencia, mucho antes de que el juicio comenzara. Culpa también tienen los cobardes Pilatos de turno que prefieren lavarse las manos para no perder el sillón de prestigio, aunque tengan que sacrificar la verdad y dar muerte al inocente. Por supuesto que tienen su peso de culpa los Herodes supersticiosos, sensuales, frívolos que pretenden servirse de Jesús como diversión de la fiesta. Y también los Barrabás, bandoleros, criminales, asesinos. Menos mal que también estaban los que le consolaron: su santa Madre, Juan evangelista, el cireneo, las santas mujeres, la Verónica.