Foto Marc Salvatore
Peregrinos en procesión antes de cruzar la puerta Santa y ganar las indulgencias en la ceremonia del Año de la Misericordia en el Sagrado Corazón en Medford.
Foto Marc Salvatore
Peregrinos en procesión antes de cruzar la puerta Santa y ganar las indulgencias en la ceremonia del Año de la Misericordia en el Sagrado Corazón en Medford.

MEDFORD - Cientos de católicos del sur de Oregón se reunieron en la iglesia del Sagrado Corazón, el 29 de abril para recibir la Misericordia de Dios. En un evento oficial del Año Jubilar de la Misericordia el Sagrado Corazón recibió una multitud de feligreses católicos que llegaron para orar y recibir las indulgencias al cruzar la Puerta Santa, que en esta parte del país es la única para seguir el llamado de vivir este año Jubilar de la Misericordia.

 

 La jornada que contó con decenas de peregrinos del Sur de Oregon fue solemne y cuando cruzaron la Puerta Santa recibieron la bendición y la indulgencia.

El grupo rezó la oración de la Arquidiócesis para el Jubileo de la Misericordia y luego todos se unieron en la procesión alrededor de la cuadra donde se encuentra la iglesia del Sagrado Corazón, en un camino que fue tetimonio público de fe.

Cuando los peregrinos llegaron a la iglesia, entraron por la Puerta Santa, la cual se abrió de par en par para recibir a los feligreses peregrinos. Al entrar pusieron sus peticiones de oración en un recipiente y luego comenzaron a cantar la Coronilla, una oración basada en el rosario que se centra en la Misericordia.

Padre Alaeto colocó el Santísimo en una custodia y la puso sobre el altar, que se encuentra bajo una cúpula con una gran imagen de Jesús en una actitud de acogida, amor y bendición.

Después de la oración en silencio, los fieles rezaron y cantaron en presencia del Santísimo, en momento solemne que estuvo invadido de reflexión personal e interior. El sacerdote recogió la custodia y bendijo a la multitud con la señal de la cruz.

Posteriormente se dio paso a la bendición con agua e incienso, de todas las peticiones escritas por los peregrinos.

Después de la misa, cuando los peregrinos concluyeron sus oraciones se dio paso a una ceremonia, en la cual las peticiones fueron quemadas en una hoguera de la cual emanaba el humo camino al cielo. Muchos peregrinos sintieron el poder de la oración y conmovidos dejaron derramar lágrimas de sus ojos.

“Es una gran bendición” dijo Don Haverkamp, un organizador del evento. “Realmente es reafirmar la fe en la presencia de Dios”.

Haverkamp espera que los peregrinos hayan experimentado esa gracia durante la solemne ceremonia.