Queridos lectores,

En la vida diaria no estamos exentos de enfrentar acontecimientos aversivos. Esos sucesos inesperados alteran de tal manera nuestra vida que prácticamente la convierten en un antes y después del mismo.

En ocasiones, esos eventos nos dejan en total estado de indefensión y vulnerabilidad. El efecto conlleva a una ruptura del esquema de vida conocido, lo cual supone un volver a empezar.

Un ejemplo claro es la época en la que nos ha tocado vivir con la pandemia del coronavirus; nuestras vidas no volverán a ser iguales.

Los psicólogos afirman que los seres humanos tenemos una capacidad de adaptación tan fuerte que nos permite sobreponernos ante la adversidad y en la mayoría de los casos, salir fortalecidos.

De hecho, existe la llamada “hipótesis de la adversidad”, la cual argumenta que las personas necesitarían en su vida adversidades, problemas e incluso traumas para alcanzar así los máximos niveles de fortaleza y desarrollo personal.

Desde esta perspectiva, la adversidad y el sufrimiento tendrían la capacidad de sacar a la luz talentos que, en circunstancias opuestas, es decir de bienestar, hubieran permanecido ocultos.

En medio de la pandemia del coronavirus, el tema del sufrimiento ha sido motivo de reflexión recurrente.

En los Estados Unidos, además del Covid-19, han salido a relucir otras causas de sufrimiento como el racismo, las protestas sociales, la división y agitación política, desastres naturales como tornados y huracanes entre otros.

En la Costa del Noroeste los incendios han agregado un buen porcentaje a la ya alta dosis de dolor y sufrimiento.

Tuve el privilegio de conocer de cerca la devastación causada por el incendio Almeda en el Sur de Oregon. Ver con tus propios ojos la destrucción causada en las ciudades de Talent, Phoenix y Medford y estar frente a las familias para escuchar de primera mano sus historias de sufrimiento es simplemente conmovedor y desgarra el corazón.

El arzobispo Alexander Sample viajó para estar cerca de los feligreses impactados y llevarles palabras de aliento, confort y esperanza.

En la homilía de la misa celebrada en la iglesia del Sagrado Corazón en Medford, el líder religioso reflexionó acerca del sufrimiento.

El arzobispo recordó que el dolor y el sufrimiento no vienen de Dios porque Dios es solo amor y bondad, sin embargo, explicó que Dios permite el sufrimiento como una forma de traer mayor bien a la humanidad.

El religioso citó como ejemplo la muerte y crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo e invitó a los fieles a entregar el sufrimiento a Cristo.

“En la misa, cuando renovamos el sacrificio de Cristo en la cruz, ‘toma tu sufrimiento y ponlo en el pan y el Cáliz y deja que Cristo lo transforme en gracia para tu vida y para el bien del mundo’”, indicó el arzobispo.

La iglesia sale permanentemente al encuentro con los demás, especialmente de las personas que sufren. A lo largo de la historia se ha ocupado de dar respuesta concreta al sentido del sufrimiento.

En 1984, Juan Pablo II escribió la Carta Apostólica Salvifici Doloris sobre el sentido del sufrimiento humano y en ella afirma que “el sufrimiento es casi inseparable de la existencia terrena del hombre”.

El pontífice explica que el ser humano prácticamente coexiste con el sufrimiento y se refiere a él como un tema universal que acompaña al hombre a lo largo y ancho de la geografía.

El papa profundiza en el tema, “El sentido del sufrimiento es verdaderamente sobrenatural y a la vez humano. Es sobrenatural porque se arraiga en el misterio divino de la redención del mundo y es también profundamente humano, porque en él el hombre se encuentra a sí mismo, su propia humanidad, su propia dignidad y misión. El sufrimiento ciertamente pertenece al misterio del hombre”.

El papa polaco invita en su Carta a presentar a Dios la pregunta “¿para que existe el sufrimiento?, en lugar de preguntarnos ¿Por qué sufrimos?

El papa Benedicto XVI abordó también el tema en varios momentos de su pontificado.

En el mensaje para la 18ª Jornada Mundial del Enfermo, el pontífice habla sobre los “aspectos positivos” del sufrimiento, ya que —asegura el Papa Ratzinger— “puede convertirse en una escuela de esperanza, madurez y unión a Cristo, y beneficiar a toda la Iglesia”.

El pontífice enfatiza sobre la importancia de acompañar al que sufre pues es allí donde se revela una clave para enfrentar el sufrimiento: “Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito”.

El sufrimiento ha sido un tema constante para el papa Francisco insistiendo en la importancia de enfrentar los momentos de dolor y tribulación en la vida, “con esperanza cristiana”, que es “aquella que no muere jamás” porque nace de la plena confianza en Cristo.

Las experiencias que nos toca vivir nos llevan a confrontar de manera directa nuestra existencia. Son como una especie de polo a tierra que nos sacuden y aunque es difícil entender por qué uno tiene que sufrir, pienso que hay un lado relumbrante para el corazón humano.

Al sufrir y crecer a partir del sufrimiento, la vida se transforma en una vida más enriquecedora de lo que era antes, y en la que cada momento de bienestar y felicidad al lado de nuestros seres queridos, se convierte en algo mucho más valioso y extraordinario.

Dios está presente en todos los momentos de nuestra vida, los buenos y los malos, pero en los malos esta allí para transformarnos.

¡Dios los bendiga!