Queridos lectores:

Es innegable que esta época de fin de año es tal vez el tiempo más esperado de todo el año. La Navidad es un tiempo especial. Para mí lo es. La Navidad tiene tantos significados en mi vida que al reflexionar sobre la razón de por qué es tan especial es porque me transporta a mi niñez, a mi familia, cultura, mi fe y creencias, tradiciones, mis valores, mi identidad, en fin, lo que soy.

En primer lugar, es un tiempo para compartir en familia, reencontrarnos con nuestros seres queridos, estrechar los lazos que nos unen, expresar nuestros sentimientos y fortalecer los vínculos de amor, comprensión, aceptación, solidaridad y perdón.

La Navidad es un tiempo de infundir la cultura, costumbres y tradiciones. Aprender a disfrutar las pequeñas cosas de la vida y comprender que la mayoría de las mejores cosas de la vida son gratuitas. 

La Navidad es el tiempo de conmemoración del nacimiento del Nino Jesús, el hijo de Dios, hecho hombre y que vino a este mundo para nuestra salvación, por lo que es un tiempo de agradecimiento, un tiempo para renovar la fe en Dios, un tiempo de oración que nos eleva a la celebración real, la encarnación y la venida de Jesucristo a este mundo, para mostrarnos con acciones quien es Dios y que quiere de nosotros.

 Es un tiempo de reflexión acerca de cómo vivimos el mensaje del Niño Jesús. Jesús nació en un pesebre, en condiciones extremadamente precarias para enseñarnos uno de los mensajes de humildad más poderosos. Su venida al mundo fue grande en amor y sencilla en lo terrenal.

Es un tiempo para pedir, pero no al estilo de la sociedad de consumo sino pedir la paz en nuestra familia, que el amor reine siempre en nuestros corazones, por la tolerancia y la comprensión, salud, trabajo, fe. Todos estos valoren no están a la venta, no se pueden comprar en ninguna parte, pero todos los podemos lograr a través de la oración.

Navidad es también un tiempo abrumador, los trancones del tráfico retrasan todos los planes, la movilidad se torna demasiado lenta tanto en las avenidas como en los centros comerciales atestados de personas con listas de regalos, intentando estirar el dinero que a duras penas alcanza para suplir las largas listas.

Es un tiempo para recordar cuan privilegiados somos, para pensar en las personas que sufren en la guerra, que pasan hambre, aquellos que están lejos de sus hogares, o simplemente aquellos que no tienen familia. Es el tiempo para enfocar la mirada más allá de nuestro entorno, especialmente hacia los niños para quienes es esta época.

Según el informe anual de la Unicef sobre el Estado Mundial de la Infancia 2019: Niños, alimentos y nutrición, publicado en octubre del 2019, “las cifras son preocupantemente altas” tal como la organización lo describe, de no enfrentarse las inequidades presentes en el mundo entero, se calcula que dentro de diez años habrá 167 millones de niños viviendo en la pobreza extrema y 69 millones de menores de cinco años morirán de pura pobreza.

“En 2018, 149 millones de niños menores de 5 años sufrían de retraso en el crecimiento y casi 50 millones tenían emaciación. En América Latina y el Caribe, 4,8 millones de niños menores de 5 años sufren de retraso en el crecimiento y 0,7 millones de emaciación”, afirma el reporte.

El tiempo de la Navidad es la historia de los niños pobres en el mundo. El tema de los niños es recurrente en las intervenciones del papa Francisco. Cuando el papa visitó a Colombia en el 2017, el periódico El Tiempo reportó el siguiente mensaje durante su visita al Hogar infantil San José: “También el Niño Jesús fue víctima del odio y de la persecución, también él tuvo que huir con su familia, dejar su tierra y su casa para escapar de la muerte. Ver sufrir a los niños hace mal al alma porque los niños son los predilectos de Jesús. No podemos aceptar que se los maltrate, que se les impida el derecho a vivir su niñez con serenidad y alegría, que se les niegue un futuro de esperanza,” dijo el papa allí, en Medellín, ante más de 300 niños sin hogar.

En este tiempo, en este país, hemos sido testigos a través de los medios de comunicación, del drama que enfrentan los niños inmigrantes en la frontera. La cantidad de menores en esta situación se ha desbordado y la justicia parece no dar abasto con los casos. Las denuncias por parte de los obispos y las organizaciones sin ánimo de lucro sobre el trato deshumanizado a los niños se han hecho oír, sin embargo, el problema continúa.

El tiempo de Navidad es una invitación a pausar, a reflexionar y dar gracias a Dios por lo que se tiene. Un tiempo para decidir que hay urgencia de encarar el mundo con bondad.