Cristo resucitado es representado en un vitral en la Iglesia de San Aloysio en Great Neck, N.Y. Si la Cuaresma es un tiempo para la reflexión, el servicio y el sacrificio, y acercarse a Dios, la Pascua sigue con un mensaje asombrosamente maravilloso de alegría y amor. (CNS Foto/Gregory A. Shemitz).
Cristo resucitado es representado en un vitral en la Iglesia de San Aloysio en Great Neck, N.Y. Si la Cuaresma es un tiempo para la reflexión, el servicio y el sacrificio, y acercarse a Dios, la Pascua sigue con un mensaje asombrosamente maravilloso de alegría y amor. (CNS Foto/Gregory A. Shemitz).

Queridos lectores,

 

¡Felices y bendecidas Pascuas!

 

¡Que nuestro corazón se alegre en Jesucristo y le demos la bienvenida al espíritu de renacimiento que El nos ofrece en la Pascua de Resurrección!

La celebración de la Pascua 2021 adquiere un gran significado tras un año de enfrentar la pandemia de Covid-19 y sus efectos devastadores.

 

Todo el dolor y sufrimiento de este último año, incluidas las pérdidas humanas es tomado por Jesús en su cruz para ofrecernos una nueva vida: la vida eterna, vida que ya comenzamos en esta tierra. Esa es nuestra fe y la fe de la iglesia.

 

La pandemia plantea un tiempo de cambio, una interrupción para aislarse de todo pero que para nosotros los cristianos ha significado un largo periodo de Cuaresma. Un espacio para acercarnos más a Dios, una oportunidad para la oración, especialmente en familia y en comunidad.

 

Esta época ha sido una nueva ocasión para regresar a nuestro encuentro con el Señor, tomar conciencia de que solos nosotros es imposible que podamos.

 

Necesitamos volver a nuestro creador, que El nos ayude a encontrar lo que nos separando de El y nos guíe a volver a su seno, a ese encuentro con Dios en esta Pascua de Resurrección. El es nuestra guía y nuestra luz.

 

Son muchas las historias aprendidas, las experiencias vividas, las lágrimas y es probable que los corazones de muchos estén cargados por la pérdida de seres queridos, empleos, negocios, el estrés por el riesgo para la salud, la incertidumbre, la soledad y más.

 

La alegría de vivir este año la celebración de la Pascua de 2021 no está exenta de la evidencia de las penurias, la enfermedad, la tristeza, el dolor y la lucha que siguen asolando a la humanidad.

 

Cada uno de nosotros ha tenido una cuota de sacrificio; ha vivido algún duelo, ha estado expuesto a historias de dolor en el rostro de nuestros hermanos enfrentando la mortal enfermedad, en aquellos que perdieron sus empleos, sus viviendas arrasadas por los incendios, en nuestros padres ancianos y bebés vulnerables, en los inmigrantes empujados de sus países por la violencia, la pobreza, la falta de oportunidades o que perdieron todo por la furia de la naturaleza

 

El Santo Padre nos lanzó la invitación para "decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan", en lugar de "palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian".

 

Esto es algo que podemos implementar en nuestro día a día.

 

De igual forma, el arzobispo Sample, al pronunciar la homilía de la Vigilia Pascual nos anima a recibir el gran regalo que Cristo nos dio, el regalo de la salvación.

 

Ese gran regalo al haber hecho ese sacrificio inmenso en la cruz de dar su vida por nosotros unos pobres pecadores. "La muerte no tuvo poder sobre El y tampoco tiene poder sobre nosotros", afirmó el líder religioso.

 

Enfocando su reflexión en la Resurrección de Jesucristo apunta al hecho del sepulcro vacío como la última palabra en el plan de salvación de Dios para aquellos que confían en Su Hijo como Salvador del Mundo.

 

¿Cómo recibir el regalo de la salvación?, se preguntó retóricamente el arzobispo Sample.

 

El es la fuente de la vida eterna para aquellos que creen. Los que llevan su cruz con fe y esperanza, a pesar de sufrir en esta vida, siempre tienen motivos para alegrarse.

 

Jesús resucitó de entre los muertos para que la humanidad pueda elevarse hacia una vida nueva, por encima de cualquier sentimiento de miedo, culpa y desesperación que nos agobie.

 

No permitamos que se nos niegue la alegría de la resurrección. El resplandor del Señor Jesucristo resucitado desvanece las sombras de la cruz.

 

Que nuestro testimonio como discípulos misioneros del Señor resucitado, sea motivo de alegría para todos por el encuentro personal con Él.

 

Vivamos la alegría de la Resurrección con Cristo y permitamos que la vida de El renazca en nuestros corazones.

 

¡Dios los bendiga!