Queridos lectores,

Peor que la pandemia, una plaga voraz azota nuestros bosques en Oregon. Hasta el cierre de esta edición, los medios reportan que varias docenas de incendios han quemado más de un millón de acres, cobrado la vida de diez personas, incinerado miles de viviendas y obligado a decenas de miles de familias a huir de sus viviendas.

De acuerdo con el Departamento de Silvicultura de Oregon (Oregon Department of Forestry), hasta el mes de julio el 90% de los incendios forestales fueron causados por la acción de las personas.

La agencia gubernamental indica que el promedio anual de incendios originados por humanos en los años anteriores era del 70%. El resto ocurre por el efecto de los rayos.

Analizando estos datos me pregunto ¿cómo pueden haber personas tan insensatas de ser capaces de destruir su vida, su propio hogar?

El famoso escritor español Miguel de Unamuno escribió en uno de sus ensayos “Hubo árboles ante de que hubiera libros. Y acaso, cuando acaben los libros, continúen los arboles. Y tal vez llegue la humanidad a un grado tal de cultura que no necesite ya de libros, pero siempre necesitará de árboles. Y, entonces, abonará los árboles con libros”.

Este pensamiento profundo nos invita a reflexionar en el impacto de esta tragedia, pues como lo cita Miguel de Unamuno nuestra humanidad siempre necesitará de árboles. De pronto esta es la razón por la cual nos duele ser testigos de este desastre en nuestra bendecida tierra de Oregon.

Pero más allá de la necesidad esencial que tenemos de los árboles, este pasaje del escritor español también nos recuerda algo que damos por hecho, en parte por la influencia de la tecnología y la forma en que consumimos información hoy en día. Probablemente, poca gente se asombre ante un libro y menos lo hará ante un árbol.

En Oregon vivimos acostumbrados a encontrar árboles casi en todas partes de este hermoso estado, excepto en el desierto. Fácilmente podemos pasar desapercibidos ante la frondosidad y el verdor sin caer en cuenta de que el árbol es fuente de vida, el mecanismo natural por el que puede respirar el ser humano.

Los árboles tienen tantos significados; ecológicos, económicos, estéticos, ornamentales, medicinales, mitológicos y de sentimientos…

Con cierta frecuencia encontramos utilizada la corteza de su tronco para tatuar corazones con flechas, nombres y declaraciones de amor; como si el árbol fuera el garante de la promesa de amor y fidelidad del uno al otro.

El tema del cuidado de la tierra está presente en el corazón del papa Francisco. Recientemente dijo: “El universo es bello y bueno y contemplarlo nos permite vislumbrar la infinita belleza y bondad de su Autor”. “Los cristianos tienen la obligación moral de respetar la creación que Dios les ha confiado “como un jardín para cultivar, para proteger, para que crezca según sus posibilidades”, agregó.

El papa fue más allá al decir que “si el hombre tiene derecho a utilizar la naturaleza para sus propios fines, no puede considerarse en modo alguno como su propietario o como un déspota, sino solo como el administrador que tendrá que rendir cuentas de su gestión”.

Muy oportuno el mensaje. Estamos en medio de una pandemia que tiene el mundo enfrentando la incertidumbre de la crisis sanitaria y económica. Sumado a esto, las protesta por la injusticia racial acompañada de disturbios y violencia. Y Como si todo esto no fuera suficiente, ahora la furia de la naturaleza nos ofrece huracanes e incendios.

¿Qué más estará por venir? Podría sonar pesimista, pero igual, como también dijo el papa, Jesús “sabe” que “nuestra fe es pobre y nuestro camino puede ser perturbado, bloqueado por fuerzas diversas”.

El investigador y escritor del mundo de los árboles Ignacio Abella, autor de varios libros sobre el tema, afirma “uno de los significados más importantes y menos comprendidos actualmente es el sentido de identidad que proporcionan los árboles. Nos permiten arraigar en un país-paisaje determinado, hasta el extremo de sentirnos en el bosque como en nuestro propio hogar. El bosque es el hogar del alma... la identificación con árboles o bosques determinados era en otros tiempos tan honda que suponían puntos de referencia vitales tanto para el individuo como para la tribu, el pueblo o nación”.

Los bosques son el hogar de la fauna silvestre y escuelas vivas en donde el hombre aprende y se desarrolla en todas las áreas. Sin bosques y sin árboles no hay futuro. “Los árboles, el bosque, representan la posibilidad de que el hombre y el resto de los seres que poblamos este planeta tengamos un futuro digno, hermoso, y vivo”.

Los incendios forestales en la Cordillera de las Cascadas, el Valle de Willamette, la Cordillera Costera y el Valle Rogue han cubierto gran parte del estado con humo, enviando lluvias de cenizas sobre las comunidades cercanas y llenando el aire y el agua con partículas peligrosas.

Los seres humanos, somos sin duda el mayor depredador de la naturaleza. Es indispensable tomar conciencia que nuestras acciones pueden tener un impacto irreversible en el medio ambiente.

Nosotros los cristianos tenemos una obligación moral. Necesitamos cuidar y proteger lo que amamos y con acciones sencillas como evitar arrojar basura, materiales inflamables u objetos encendidos en las carreteras, senderos o caminos, apagar totalmente el fuego de braseros y fogatas antes de abandonar el lugar y no permitir a los niños jugar con fósforos, podemos demostrar respeto por la creación que Dios nos ha confiado.

¡Bendiciones!