Queridos lectores:

Con alegría, voluntad de servicio y humildad acepté la oportunidad de ser la editora de El Centinela. Me siento orgullosa de servir a la comunidad hispana desde este cargo y presentarles una perspectiva que ayude a informar, analizar, educar y difundir la doctrina de la iglesia católica.

Soy comunicadora social y periodista, con una maestría en educación bilingüe, egresada de las universidades de La Sabana de Bogotá, Colombia y la Universidad estatal de Portland (PSU) respectivamente. Víctima de la violencia brutal que asolaba a mi país, me vi forzada a abandonarlo hace 17 años.  Provengo de una familia grande y ello me permite desempeñar varios roles en mi vida tales como hija, hermana, esposa, madre y abuela entre otros.

Durante los catorce años previos a ocupar la posición como editora de El Centinela, me desempeñé en el ámbito de la educación pública y la enseñanza. Doy gracias a Dios por guiarme por ese camino que además de haber sido fuente de supervivencia para mi familia, con el transcurrir del tiempo se convirtió en una experiencia transformadora para mi vida.

Influir en el futuro de los jóvenes, apoyarles para lograr el éxito, fortalecer su autoestima y ayudar a formar ciudadanos de bien para nuestra sociedad son solo algunos de los aspectos más gratificantes que atesoro de esa experiencia.  Mi compromiso diario, fue motivar e inspirar a los jóvenes para creer en si mismos y propagar semillas de fe, amor y esperanza en sus corazones.  Fue allí, en mi tarea de apoyar las generaciones futuras y crear espacios para fortalecer su voz, donde comprendí que mi llamado iba mas allá de los salones de clase y decidí buscar una oportunidad que me permitiera realizarlo.

Ahora, como editora de El Centinela, quiero empezar por expresar mi agradecimiento al esfuerzo y talento del equipo que por 24 años ha trabajado incansablemente para hacer realidad este periódico en español como medio de difusión de la fe católica. Gracias también a ustedes queridos lectores por abrirnos la puerta para entrar en sus vidas, por hacer de El Centinela su fuente confiable de información católica y permitimos ser parte de sus familias.

Mi compromiso es asegurar que El Centinela continúe con su rol de observar y vigilar que la voz de las comunidades católicas hispanas se escuche y que brinde un espacio de encuentro, comunión y reflexión para ustedes los gestores y protagonistas de los valores humanos y cristianos en las generaciones del futuro.

Es mi objetivo, que El Centinela, como mensajero de la iglesia, ofrezca un canal de comunicación con un panorama diverso y que a través de sus páginas y con más fuerza que nunca, profundice en la senda de servir como difusor de la palabra de Dios. 

El entusiasmo y alegría que siento, me motivan a promover una visión que narre historias acerca de la vida, retos y desafíos de la comunidad hispana desde la perspectiva de la iglesia y del evangelio.  Un mensaje que llegue a nuestro corazón con la buena nueva de la resurrección y con sus noticias, reportajes, reflexiones e información en general, nos inspire a vivir en conformidad con las enseñanzas de Cristo. 

Estoy llegando al periódico en una época con un contexto socio político difícil.  La crisis humanitaria de los inmigrantes en la frontera, la cantidad de niños en los centros de detención y alejados de sus padres, la reducción drástica por parte del gobierno al número permitido de refugiados y asilados, y la reciente ola de violencia y terror, odio e intolerancia expuesta mediante los ataques de supremacistas blancos disparando contra la multitud en el Festival del ajo en Gilroy, California, en la tienda Walmart en El Paso en Texas y horas más tarde en Dayton, Ohio, que dejaron un saldo de más de 30 personas muertas y docenas de heridos; nos horroriza y entristece. Estos son solo algunos ejemplos del agitado panorama socio político actual. Estos ataques indiscriminados contra personas inocentes e indefensas hacen parte de una ola de violencia armada sin control y conllevan un mensaje claro de prejuicio racial, odio e intolerancia que se suma a una tendencia creciente de violencia de extrema derecha, manifestada también a nivel internacional. 

Esta época de dolor y sufrimiento para los inmigrantes nos brinda una oportunidad para acercarnos mas a Dios y pedirle incrementar nuestra capacidad de aceptar, perdonar y tolerar a los demás.  Es una ocasión para reflexionar en el evangelio reciente acerca de la parábola del buen samaritano y preguntarnos: ¿Quién es mi prójimo? Independiente de quien se trate, es uno de los nuestros, inmigrante y un ser humano como nosotros.  El llamado es para perseverar en amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos; en apoyarnos y cuidarnos los unos a los otros y permitir que Dios nos utilice como instrumentos de su amor y misericordia.