Esta columna la escribo en medio del dolor por los hechos que cobraron la vida de dos personas y dejaron una herida en el hecho violento que ha sido noticia este mes, en la estación del tren de Hollywood, en Portland.

El pasado 26 de mayo, Taliesin Namjai-Meche, de 23 años de edad; Ricky John Best, de 53 y Micah David Cole, de 21 años dieron un paso adelante para defender a las dos adolescentes musulmanas que iban en el tren y que fueron víctima de los ataques de Jeremy Christian. 

Rick Best, una de las víctimas del ataque fue declarado muerto en la escena del crimen. Taliesin Myrddin Namkai Meche, de 23 años de edad, graduado de Reed College, murió más tarde en el hospital. Micah David-Cole Fletcher, único sobreviviente y estudiante de 21 años de edad en la Universidad Estatal de Portland, salió del hospital y se encuentra en recuperación. Estos tres hombres son héroes por su gesto de solidaridad en defensa de las adolescentes musulmanas víctimas del odio. 

En esta columna quiero resaltar el gesto generoso de Rick Best, católico de la parroquia Cristo Rey en Milwaukie, quien deja a su esposa y tres hijos adolescentes, y una niña de 12 años. Era un padre de familia que se dirigía ese viernes a su casa, después del trabajo. Era un padre de familia, católico y con sensibilidad que dio un paso frente a la injusticia y que evitó que las jovencitas fueran las víctimas de este hecho violento. Pero al dar su paso al frente, en forma desinteresada, dio su vida en un hecho trágico que ha sido noticia en todo el país.

Rick Best a sus 53 años, era un veterano que sirvió en Irak y Afganistán durante una carrera de 23 años en el Ejército y trabajaba como técnico para los Servicios de Desarrollo de la Ciudad de Portland desde el año 2015.

Este Día del Padre su familia sumida en el dolor y la pena, no podrá celebrarlo con él. Su pérdida es irreparable para sus hijos y para la ciudad que en él encontró a una persona valiente y que se manifestó en contra del racismo y del odio. Su espíritu de fe, lo llevaron a vivir según sus principios hasta el último instante de su vida.

En esta columna quiero hacer honor a este padre de familia, a su valentía y a su entrega, pues es un ejemplo para todos nosotros.

Ahora que vamos a celebrar el Día del Padre, espero que todas las familias hispanas oren por las víctimas de esta tragedia que empaña nuestros días en Portland. 

Igualmente los invito a leer mi historia de este mes, y a tomar nota atentamente a los consejos del Santo Padre para ser un “buen padre de familia”, en una época en que los hijos requieren supervisión, entrega, atención y sobre todo, tiempo para compartir y saber cómo viven su día a día.

El Santo Padre invita a los padres de hoy a ser mejores padres, y lo hace como un llamado a esa figura fundamental en la vida familiar.