Queridos Lectores:

Este mes que celebramos la Jornada Mundial de las Migraciones, en una fecha que siempre nos recuerda a los inmigrantes al iniciar el año, nos lleva a  reflexionar sobre nuestros niños inmigrantes.

Esta columna quiere recordar las palabras del Santo Padre al respecto. Dijo “que la paz es una aspiración profunda de todas las personas y de todos los pueblos, especialmente de aquellos que más sufren por su ausencia”.

Su mensaje llegó al mundo cuando se presentó en El Vaticano la 51ª Jornada Mundial de la Paz, que se celebraró el pasado 1o. de enero de 2018.

El tema de la jornada fue: “Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz”.

El Papa recordó en este mensaje a los más de 250 millones de migrantes en el mundo, de los que 22 millones y medio son refugiados: “Con espíritu de misericordia, abrazamos a todos los que huyen de la guerra y del hambre, o que se ven obligados a abandonar su tierra a causa de la discriminación, la persecución, la pobreza y la degradación ambiental”.

El año pasado a nivel local, muchas noticias estuvieron enfocadas en la realidad de incertidumbre que enfrentan nuestros inmigrantes de la comunidad hispana y los refugiados que cada vez, encuentran más difícil su entrada a este país.

Por eso, el tema del Santo Padre que nos sirve para reflexionar este año es pertinente. 

El Sumo Pontífice dijo recordando las palabras de Benedicto XVI: “Tanto emigrantes como poblaciones locales que los acogen, forman parte de una sola familia, y todos tienen el mismo derecho de gozar de los bienes de la tierra, cuya destinación es universal, como enseña la doctrina social de la Iglesia”. Para ello, el Papa propone cuatro “piedras angulares” para la acción: Acoger, proteger, promover e integrar”.

Y esa voz se quedó sin ser escuchada a pesar del llamado de los Obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, en busca de reflexionar sobre su situación.

Cuando hemos vivido el duro revés de la eliminación del DACA el año pasado y hemos visto a nuestros jóvenes salir a las calles para pedir por sus derechos, como lo han hecho una y otra vez, es importante detenernos de nuevo a pensar en nuestras familias inmigrantes. 

Viven hoy una realidad de temor e incertidumbre. Los niños han visto a sus padres y hermanos mayores unirse y llorar ante la decisión que cambia radicalmente el futuro de sus hermanos, ya sea con el sueño de estudiar en una universidad o con la necesidad de trabajar.

En cada testimonio se vé la historia de los inmigrantes que se quedaron esperando la reforma migratoria en los Estados Unidos. La historia de familias que viven el miedo y la incertidumbre ante la falta de leyes que protejan sus derechos.

Y en medio de esa realidad, sin duda, están nuestros niños hijos de inmigrantes. Niños que son vulnerables y no tienen voz. Niños que viven la incertidumbre del futuro ahora más que nunca.

Este año la Jornada Mundial de las Migraciones hace un llamado para vivir en paz, rodear a nuestros inmigrantes y refugiados. Al empezar este nuevo año, esperemos que las palabras del Papa sean escuchadas.