Queridos Lectores:

Este mes la foto que ilustra la historia principal de la edición impresa es muy especial. Se trata del instante en que toda la comunidad, _gracias al Arzobispo John Vlazny_, se une como es tradición en un momento de oración durante la Misa Mariachi, que es la ceremonia de fe  católica que enmarca la Fiesta del Cinco de Mayo. Este año la Misa Mariachi celebró 25 años de historia en la fiesta que es posible gracias a Portland Guadalajara Sister City Association. 

El Arzobispo John Vlazny, quien fuera nuestro Arzobispo de la Arquidiócesis de Portland durante 16 años, se dirigió al público en español y habló a la comunidad de la importancia de hablar el mismo idioma. “Ni inglés, ni español. El idioma del amor. El amor servicial”.

Sus palabras llegaron a todos los asistentes que entendieron el significado profundo de su mensaje. Y mucho más en medio de esta fiesta de hermandad, entre las ciudades de Portland y Guadalajara. Una ciudad mexicana y una ciudad norteamericana. Dos ciudades unidas en una tradición de cultura y fe. Porque cada año al escuchar al Mariachi de Guadalajara iniciar la misa cantando: “Que alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor”, uno se transporta a México, se transporta a su casa, se transporta a su país sin importar el origen, se transporta a la iglesia en la que creció.

Ahí está el significado de esta Misa Mariachi que recibe a todos los hispanos por igual. Yo he participado durante 18 años en esta hermosa celebración y cada año siento como si fuera la primera vez. Cada año la música del mariachi, el ambiente familiar, la oración devota de todos como hermanos me transporta en el tiempo a mi país. Por eso, esta fiesta del Cinco de Mayo trasciende a la celebración de nuestra fe católica, en medio de una celebración cultural.

Para todos los mexicanos es un momento emotivo, de orgullo, remembranza y nostalgia por estar lejos de casa. Pero también es un momento de mucha emoción, al ver su tradición y su cultura en un espacio de celebración en esta ciudad. Y para los que no somos mexicanos, es una gran experiencia, pues en la música y la eucaristía regresamos a casa y nos sentimos en nuestro hogar, o como parte de México. 

En la tradición de fe, en la música, en la devoción, en la oración, en cada momento, uno se siente parte de esta gran comunidad de mexicanos. Se siente parte de la misma familia. Ese es el sentido de esta Eucaristía en medio de la fiesta.