Queridos Lectores:

Esta es una edición especial pues es el cierre del año 2018. Muchas noticias han pasado por esta sala de redacción y ustedes, los lectores han podido seguir paso a paso nuestra realidad. Este sin lugar a dudas, ha sido un año muy duro para nuestra comunidad de inmigrantes.

El Papa nos invita a estar listos para esta temporada navideña. Lo dice con estas palabras: “Preparemos nuestros corazones para recibir a Jesús el Salvador; reconozcamos en la Navidad el encuentro de Cristo con la humanidad”. Al decir ‘encuentro de Cristo con la humanidad’, pienso inmediatamente en todas las familias que han sido separadas este año.

Por eso, quiero invitar a cada uno a orar en esta Navidad por esos niños separados de sus padres. Al mismo tiempo, por cada lágrima derramada en el momento de esa separación. Por el dolor de los padres y la incertidumbre que viven alejados de sus hijos. Es imposible dejar de pensar en esto, cuando en muchas familias de los Estados Unidos, ya se empiezan a colocar los regalos debajo del árbol navideño y nosotros los católicos nos preparamos para rezar la novena en familia.

Si, rezar la novena en familia. Y la familia se compone de padres e hijos. El Santo Padre ha enviado su mensaje al inicio del tiempo litúrgico de Adviento 2018, en la audiencia general, celebrada en el Aula Pablo VI.

Dirigiéndose especialmente a los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los recién casados presentes en la audiencia general, el Pontífice ha exhortado a preparar nuestros corazones “para recibir a Jesús el Salvador” en Navidad.

Así, ha pedido de manera particular tener presentes a las personas que “viven todavía al margen de la sociedad, en medio de la necesidad y del sufrimiento y de tantas guerras”.

En nuestra realidad, esas personas son sin duda nuestros inmigrantes. Como inmigrante doy gracias por la oportunidad de vivir en este país. Como católica, por la fe que he traído y que me lleva a vivir cada día, a pesar de las adversidades que representa vivir en un país extraño. Y me refiero a este aspecto, pues las imágenes que los medios hemos compartido durante este año, muestran el dolor de muchos que buscan sobrevivir. Por ejemplo, la caravana migrante que es una de las noticias más importantes del año, muestra familias de inmigrantes centroamericanos, que caminando por millas, sin alimento y cansados, no dejan de pensar en cruzar la frontera para tener n futuro lejos de la violencia que los ha llevado a abandonarlo todo.

Espero que antes de abrir los regalos, todos en silencio oremos por esos niños que lloran sin saber qué va a pasar a sus padres. Recordemos las imágenes de los menores que fueron víctima de los gases lacrimógenos y que son parte de un grupo humano desesperado y sin futuro. Por eso ese grupo humano llegó en caravana hasta Tijuana. En esta Navidad nuestra sensibilidad con esa realidad se puede ver al orar por cada uno de ellos.

Las noticias son desalentadoras para muchos. Y para otros, son una forma de recordar que estamos en un país en el que muchas veces no se nos da la bienvenida, así pensemos que es nuestra casa. Por eso, las voces se han dejado escuchar en torno al tema de los derechos de los inmigrantes.

Una de esas voces, ha sido la del Santo Padre, quien ha dicho: “En la cuestión de la migración no están en juego solo ‘números’, sino ‘personas’, con su historia, su cultura, sus sentimientos, sus anhelos…. Personas que necesitan protección”.

El Santo Padre hizo público este mensaje con motivo del II Coloquio Santa Sede – México sobre la Migración Internacional, en el 25 aniversario del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos Mexicanos y la Santa Sede. En su mensaje el Santo Padre indicó que los migrantes, “estas personas, que son hermanos y hermanas nuestros, necesitan una ‘protección continua’, independientemente del status migratorio que tengan”.

Como seres humanos requieren “sus derechos fundamentales y su dignidad. Deben ser protegidos y defendidos. Una atención especial hay que reservar a los migrantes niños, a sus familias, a los que son víctima de las redes del tráfico de seres humanos y aquellos que son desplazados a causa de conflictos, desastres naturales y de persecución”.

Las palabras del Santo Padre son perfectas para este momento en que nos alistamos para celebrar la Navidad en familia y despedir el año. Son palabras que muestran cómo vivir la misericordia hacia el inmigrante.

Otra de las voces que se dejó escuchar en torno al tema, fue la del obispo Joe S. Vásquez, de Austin, Presidente del Comité de Migración de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), quien dijo: “Como cristianos, debemos responder al llamado de actuar con compasión hacia los necesitados y trabajar juntos para encontrar soluciones humanas que honren el estado de derecho y respeten la dignidad de la vida humana”.

Doy gracias por estas voces que se han dejado escuchar y esta reflexión en favor de los migrantes y el respeto ante su calidad humana.

Que esta Navidad, todos podamos unirnos a esta comunidad que sufre y en el Año Nuevo podamos ver un cambio, desde el respeto mutuo y la valoración de la dignidad de cada persona.

 

           RocíoR@ocp.org