Queridos Lectores:

Este mes nuestra edición está muy interesante. Tenemos muchas historias y sobre todo, testimonios que nos inspiran. Los invito a leer cada página de El Centinela, pues cada tema ha sido trabajado con dedicación y nuestra motivación de llegar a cada lector de nuestra publicación con un mensaje de vida, un mensaje de reflexión.

Este mes, hemos vivido el calor intenso de temperaturas que han sobrepasado los niveles a los que estamos acostumbrados en Oregon, donde el frío y la lluvia son la cotidianidad. Pero este año ha sido excepcional con esta oleada de calor que ha sido noticia en el país. El noroeste fue el centro de una semana de noticias sobre el cambio climático y su efecto en el cambio vivido por las altas temperaturas.

Y precisamente una de las historias que quiero invitarlos a leer en esta edición es la que hemos hecho, para compartir como la Arquidiócesis de Portland a través de su oficina de Ministerio Pastoral, tuvo la iniciativa de convocar a todos los empleados del Centro Pastoral para que se unieran en una acción de misericordia con las personas que viven en las calles de Portland.

Estoy segura de que todos ustedes han visto como en el último año las calles de nuestra ciudad se han invadido de personas sin techo. Ellos habitan al lado de los puentes, debajo de los puentes, en los linderos de las universidades, cerca a los supermercados, en los barrios del este y el oste de la ciudad. 

Es imposible dejar de verlos. Como es imposible dejar de pensar que estas personas sin techo, en medio de la calle, puedan sobrevivir a un día en medio del calor intenso que llegó hasta los 107 grados Fahrenheit en un registro récord de calor en la ciudad.

Si nos detuviéramos a pensar que una persona durante el día tiene que soportar esta temperatura extremas, podríamos entender la obra de misericordia de la Arquidiócesis. Sí, se invitó a donar agua y sobre todo, un grupo de empleados del Centro Pastoral, salió en medio del intenso calor para llevar agua fría a las personas que estaban en la calle y sobre todo, aliviar su sed. 

Las escrituras lo dicen: “Tuve sed y me diste de beber”. Ese fue precisamente el llamado de la comunidad de católicos de la Arquidiócesis que en un gesto de misericordia se unieron para ayudar a estas personas, que si lo pensamos son nuestros hermanos. Son el prójimo del que hablan las escrituras y a quien estamos llamados a brindar amor, como si se tratara de nosotros mismos.

Este gesto me ha dado una gran lección de vida, pues ahora salgo a la calle y no dejo de pensar en estas personas. Pienso en sus necesidades y pido a Dios por ellos. Al mismo tiempo, que agradezco por el pan y el agua de cada día que es una bendición.


RocioR@ocp.org