El diácono Robert Lavanco, de la Iglesia Católica Nuestra Señora de la Esperanza, reza con Krystyna Kopacki, en el distrito Queens de la ciudad de Nueva York, el 24 de mayo de 2020. El presidente Trump declaró los lugares de culto "esenciales" el 22 de mayo. (Foto CNS/Mike Segar, Reuters)
El diácono Robert Lavanco, de la Iglesia Católica Nuestra Señora de la Esperanza, reza con Krystyna Kopacki, en el distrito Queens de la ciudad de Nueva York, el 24 de mayo de 2020. El presidente Trump declaró los lugares de culto "esenciales" el 22 de mayo. (Foto CNS/Mike Segar, Reuters)

WASHINGTON (CNS) — Los obispos del estado de Washington anunciaron que la decisión de suspender la celebración pública de la Eucaristía, debido a la pandemia por el coronavirus, se determinó "no por miedo, sino por nuestro más profundo respeto a la vida y salud humana".

"Como discípulos de Jesús, estamos llamados a ser instrumentos de Dios para proteger a los vulnerables y el bien común", dijeron los cinco obispos en una declaración emitida el 22 de mayo por la Conferencia Católica del Estado de Washington. "Nuestro amor a Dios y al prójimo es siempre personal y no parcial."

"Si bien compartimos el deseo de traer a la gente de regreso a misa lo antes posible, esperaremos para programar esta adoración pública cuando sea seguro y estemos preparados para hacerlo", afirma el comunicado.

El estado de Washington fue el lugar donde se situó el primer brote generalizado del COVID-19, la enfermedad causada por el nuevo coronavirus. El gobernador de Washington, Jay Inslee, y los funcionarios de salud pública promulgaron rápidamente el cierre masivo del estado, incluyendo las iglesias, para detener la propagación del virus.

El anuncio de los obispos se produjo en respuesta a la declaración del presidente Donald Trump el 22 de mayo, donde manifestó que las iglesias, como otros lugares de adoración, son "esenciales". El presidente pidió a los gobernadores del país "hacer lo correcto y permitir que estos lugares de fe esenciales e importantes se abran ahora mismo, este fin de semana".

La apelación del presidente a los gobernadores se realizó cuando sectores de la economía de Estados Unidos comenzaron a reabrir después de que semanas de cierres obligatorios y órdenes de quedarse en casa gobernaran a la población general.

Trump dijo que iba a "desautorizar a los gobernadores" para garantizar que las iglesias se abrieran para adoración. También señaló que varios gobernadores "han considerado que las licorerías y las clínicas de aborto son esenciales, pero han dejado de lado las iglesias y otras casas de oración. Eso no está bien".

Mientras que algunos defensores de la libertad religiosa elogian la declaración de Trump, los críticos dijeron que el no puede constitucionalmente "sobrepasar" la autoridad de los gobernadores sobre un asunto que incumbe a sus estados.

Los obispos de Washington dijeron que esperan que "nuestro derecho a reunirnos de manera responsable y segura para la adoración pronto se pueda honrar para que podamos colaborar de una manera en que se respete tanto nuestra tradición católica como nuestras responsabilidades cívicas".

"Esperamos ansiosamente la respuesta del gobernador a nuestras sugerencias sobre este tema, para que podamos proceder con nuestros planes de reapertura", concluyó el comunicado.

Las arquidiócesis de Baltimore y Los Ángeles también emitieron declaraciones el 22 de mayo, explicando por qué las iglesias permanecían cerradas al público.

El arzobispo de Los Ángeles, José H. Gómez, dijo en un mensaje de video que, si bien los edificios de la iglesia permanecían cerrados, las parroquias estaban abiertas. El arzobispo quiso destacar que la seguridad de las personas era su prioridad. 

También expresó su solidaridad con los fieles de la arquidiócesis, reconociendo la dificultad y el conflicto que sienten ellos al no poder celebrar la misa y los sacramentos en comunidad.

"Pero creo que todos debemos entender que la razón por la que tenemos que hacer esto es porque nos cuidamos unos a otros", señaló el arzobispo.

"Esta pandemia por el coronavirus produce una enfermedad muy peligrosa y el virus se transmite fácilmente de una persona a otra. No sabíamos exactamente cuál era la realidad y comenzamos a ver las consecuencias en la muerte de muchas personas y el contagio y la enfermedad de muchas más, por eso tenemos que ser extremadamente cautelosos al cuidarnos unos a otros".

El arzobispo explicó que el número de casos por el COVID-19 continuó aumentando en el condado de Los Ángeles, pero que el número de enfermedades en los condados de Ventura y Santa Bárbara, que también son parte de la arquidiócesis, no son tan altos. "Pero aún así, es una enfermedad muy contagiosa", añadió.

La Arquidiócesis de Baltimore reiteró que ha emprendido planes para reabrir iglesias y ofrecer misas públicas durante el fin de semana del 30 al 31 de mayo en jurisdicciones que permiten reuniones religiosas de más de 10 personas y en parroquias que puedan implementar las precauciones necesarias para mitigar el riesgo de transmisión del coronavirus.

"La guía se basa en la doctrina de la iglesia, el asesoramiento de médicos expertos y las recomendaciones federales, estatales y locales para mantener la seguridad pública y prevenir el contagio comunitario del virus COVID-19", expuso el comunicado.

La arquidiócesis también expresó su gratitud a los líderes gubernamentales "que han consultado las recomendaciones de la comunidad religiosa" para respetar las libertades de religión y así garantizar la seguridad de los feligreses y la comunidad en general. 

Tomar decisiones en medio de "estos desafíos inexplorados", continuó la declaración, requiere que la libertad religiosa y personal sea equilibrada con la necesidad de estabilidad económica y con el impacto de la pandemia en la salud física, mental y social de las comunidades locales.

La arquidiócesis dijo que "continuará dando prioridad a la protección de la vida, que es sagrada, mientras nos esforzamos por ministrar las necesidades espirituales de los fieles".

El anuncio de Trump el 22 de mayo se produjo a menos de una semana después de que el Departamento de Justicia manifestara el "trato desigual a las comunidades religiosas" en el plan de reapertura por el coronavirus de California, advirtiendo que las restricciones continuas en los servicios de las iglesias amenazan los derechos civiles de los creyentes para practicar su religión.

"Poniéndolo de una forma simple, no hay una excepción a causa de la pandemia en la Constitución de los Estados Unidos y en su Declaración de Derechos", indicó el asistente del fiscal general, Eric Dreiband, en una carta de tres páginas enviada al gobernador de California, Gavin Newsom, el 19 de mayo. Dreiband es parte de la división de los Derechos Civiles del Departamento de Justicia.

En otros lugares como en Minnesota, obispos católicos y oficiales luteranos expresaron estar avanzando con los planes para reanudar las liturgias al 30 por ciento de su capacidad desde el 26 de mayo, a pesar de la orden ejecutiva del gobernador Tim Walz que limita las reuniones religiosas a 10 personas debido a la pandemia.

Pero después de dos días de reuniones con líderes católicos y luteranos, Walz anunció el 23 de mayo una nueva orden ejecutiva que permitía reuniones religiosas al 25 por ciento de capacidad de la iglesia y con un límite total de 250 personas comenzando el 27 de mayo. 

En respuesta, el arzobispo Bernard A. Hebda de St. Paul y Minneapolis y los otros obispos católicos del estado expresaron que consideran que la nueva disposición era razonable y, por lo tanto, modificaron sus planes para organizarse con el 25 por ciento de capacidad ahora permitida. Además de reducir ligeramente los límites de capacidad, también aceptaron reanudar las misas públicas el 27 de mayo en lugar del 26 de mayo, como lo planearon inicialmente.

Los líderes religiosos habían presionado a Walz para permitir una mayor cantidad de personas en los servicios de adoración como una "necesidad urgente". En las últimas semanas, los restaurantes, bares, centros comerciales, tiendas minoristas, salones y tiendas de tatuajes de Minnesota habían recibido luz verde para reabrir con ciertas restricciones.