Las familias entrevistadas por El Centinela coincidieron en la importancia de planear las actividades, hacer acuerdos, establecer rutinas y ayudar a crear hábitos y responsabilidades. “Esos hábitos se los inculcamos desde pequeñas y son esenciales para ayudar a mantener la armonía en el hogar”, dijo Graciela Cupa, en la imagen, acompañada de su esposo Juan y sus hijas Heydi María y Guadalupe. (Cortesía Graciela Cupa).
Las familias entrevistadas por El Centinela coincidieron en la importancia de planear las actividades, hacer acuerdos, establecer rutinas y ayudar a crear hábitos y responsabilidades. “Esos hábitos se los inculcamos desde pequeñas y son esenciales para ayudar a mantener la armonía en el hogar”, dijo Graciela Cupa, en la imagen, acompañada de su esposo Juan y sus hijas Heydi María y Guadalupe. (Cortesía Graciela Cupa).

El confinamiento en casa debido a la pandemia del coronavirus COVID-19 ha puesto una prueba a muchas de las familias; la de pasar veinticuatro horas juntos en casa. Una situación que podría llegar a ser agobiante, sin embargo, es una oportunidad de pasar un difícil examen familiar en el que no se requiere un puntaje sobresaliente para ser superado.

“Definitivamente ha sido un desafío”, dijo María Elena Ruiz, coordinadora del ministerio hispano en la iglesia San José en Salem. “la pandemia nos ha puesto a todos fuera de nuestra zona de confort”, pero “ha sido una oportunidad para valorar lo que tenemos y maximizar nuestros recursos”, añadió.

La gobernadora de Oregon anunció el 12 de marzo el cierre de toda las escuelas y centros educativos en el estado hasta el 31 de marzo. Debido al incremento en los contagios del Covid-19, la gobernadora amplió el cierre temporal hasta el 28 de abril, el cual fue prolongado más tarde por el tiempo restante del año escolar que regularmente finaliza a mediados de junio.

El cierre de las escuelas como medida para detener la propagación del virus, condujo a maestros, estudiantes y padres de familia a trasladar la escuela a casa y enfrentar un ambiente de aprendizaje en línea para el cual ninguno estaba preparado.

“Escucho a madres que están desesperadas en casa con sus hijos y sé que este tiempo ha sido una prueba para muchos de nosotros”, expresó Virginia López, feligresa de la iglesia Santa Ana en Gresham. “Dios nos está dando esta oportunidad para pasar tiempo de calidad, enseñarles valores y ensenarles a crear buenos hábitos”, agregó.

Nuevos roles de los padres

Con los niños en casa, se multiplicaron las tareas para los padres. En abril 8, el departamento de Educación de Oregon anunció nuevas directrices requiriendo a los distritos escolares a tener planes de contingencia de educación virtual o a distancia a partir de abril 12.

La nueva medida significó que los padres, además de cumplir con sus obligaciones laborales en sus trabajos diarios, deben asegurar que sus hijos pueden comprender y seguir las instrucciones enviadas por los maestros y cumplir con las tareas asignadas.

“Al comienzo fue un poco difícil, sobre todo con las clases en línea. La escuela les prestó las tabletas, pero al hablar los niños con sus maestros y compañeros, el ruido les distraía mucho porque estaban todos uno cerca del otro”, explicó Virginia.

“En el espacio reducido que tenemos, mi esposo construyó unos pequeños cubículos para aislar a cada uno y así se mejoró un poco el ambiente”, añadió. “Pero he visto familias donde los niños solo tienen la mesa del comedor y allí tienen que estudiar todos. Es una situación difícil tanto para los niños como para los padres”, lamentó.

“Nuestros hijos atienden sus responsabilidades de la escuela cada día y yo no puedo ayudarles como quisiera por la barrera del idioma; todo lo que les enseñan está en inglés, sin embargo, les inculcamos el amor por el estudio y la responsabilidad”, dijo. “Gracias a Dios, ellos responden muy bien y se apoyan entre sí”, continúo.

Las nuevas restricciones en lo que podemos y no podemos hacer han tenido impacto.

Un ejemplo de esto es como muchos padres han tenido que asumir roles adicionales en la vida de sus hijos. “Mi esposo se ha convertido en compañero de juego de nuestros hijos”. Una vez que ellos han cumplido con sus tareas, pasan tiempo jugando juntos, uno de sus juegos favoritos es el monopolio, explicó.

Muchas personas están pasando por esta transición como padres, haciendo malabares con varios roles en sus vidas.

Elsa Tzintzun, quien se desempeña como consejera de salud mental del Programa Hispano compartió que “la pandemia le ha añadido una cantidad de responsabilidades que le están causando estrés y presión”. 

Al hablar con El Centinela sobre este tema, la profesional dijo: “mis dos hijos requieren mi atención dedicada todo el tiempo y, aún así, tengo que cumplir con las responsabilidades del trabajo”. “Mi hijo de 13 años tiene síndrome de déficit de atención con hiperactividad; él requiere atención individual en su aprendizaje” continuó.

“La instrucción ha sido a través de correos electrónicos, por teléfono, con paquetes de tareas para completar, pero él no está recibiendo el apoyo que necesita por parte del distrito escolar de Woodburn. Mi hija de un año y medio, igual, es una bebé que depende totalmente de mí”, añadió. “Ha sido realmente una prueba muy difícil”, dijo.

“El impacto en el núcleo de nuestras familias hispanas es muy alto; hay demasiadas barreras y retos por superar; el idioma, la tecnología, el desempleo, la falta de servicios de salud física y mental son solo algunos ejemplos, sin embargo, nuestras familias son perseverantes, admiro su capacidad de luchar para seguir adelante y superar tanta adversidad”, dijo Elsa.

El Centinela también habló con Lupe Hernández del programa Adelante Mujeres. Ella compartió que la organización esta ofreciendo sus programas en línea.

Dijo haber empleado las dos primeras semanas de sus talleres brindando capacitación a cada una de las cerca de 10 madres inscritas en el programa de Más allá de Trauma. “Las señoras estaban desesperadas, realmente sin saber qué hacer con sus hijos en casa y sin tener ningún conocimiento de tecnología”.

Añadió que “algunas de ellas no conocían las funciones básicas del teléfono, pero por la gracia de Dios pudimos ayudarles y me siento feliz de haber estado lista para apoyarles”, dijo.

Gracias al entrenamiento, “estas mujeres fueron empoderadas no solo para apoyar a sus hijos, sino que también aprendieron herramientas para auto ayudarse y enfrentar esta situación de una forma más positiva”, comentó Lupe.

Límites y paciencia

Las familias coinciden en que la carga es abrumadora. “Con seguridad nos sentimos saturados y agobiados. Es recomendable poner atención a nuestras emociones y sentimientos y auto cuidarnos para controlar el estrés y no transmitirlo a los niños. También aceptar que necesitamos aumentar la dosis de paciencia”, dijo Elsa.

Lupe Hernández citó que “muchas madres manifestaron haber observado en sus hijos un deseo insaciable de comer”. Ante esto, la profesional dijo que “los niños expresan sus emociones de formas diferentes”. “Ellos pueden experimentar aburrimiento y al no encontrar maneras de entretenerse les genera ansiedad; entonces, quieren satisfacer la ansiedad con comida”, añadió Lupe.

Ella advirtió que es importante que “los padres aclaren a sus hijos que su rol como padres no los hace responsables de satisfacer las necesidades de entretenimiento de sus hijos”. Sin embargo, “es una oportunidad para establecer límites, fijar rutinas y horarios, motivarlos a la actividad física, el arte, motivarlos a la creatividad”, explicó.

“Todos podemos sentirnos sobrecargados, pero Dios está acompañándonos en este tiempo y vamos a salir bien y fortalecidos”, dijo.

Establecer rutinas y buenos hábitos

Las familias entrevistadas coincidieron en la importancia de planear las actividades y hacer acuerdos sobre las actividades y responsabilidades de padres e hijos y aprovechar del tiempo compartido para ser más participes de su formación.

“Como padres, hemos enseñado a nuestras hijas que, como miembros de una familia, cada uno tenemos una responsabilidad”, dijo Graciela Cupa, feligresa de la parroquia de San José, en Salem.

“Esos hábitos se los inculcamos desde pequeñas y son esenciales para ayudar a mantener la armonía en el hogar”, añadió. “Ahora que son adolescentes, son personas responsables, independientes y autónomas. Estudian, trabajan, cumplen con sus tareas de la escuela y en la casa”. 

“Este tiempo ha sido una bendición: compartimos, nos contamos historias, jugamos, a veces hacemos ‘pijamadas’ y nos quedamos a dormir todos en la sala”, dijo.

En este sentido, Virginia López, manifestó que “Dios no ha dado a cada uno diferentes talentos” y como padres debemos ayudar a nuestros hijos a descubrir esos talentos y motivarlos a ponerlos en uso y al servicio de los demás”, dijo.

“Esto ayuda en el momento de asignarles las pequeñas tareas que ellos deben cumplir en casa”, agregó.

Los padres también hablaron de la importancia de ofrecer un ambiente donde los niños se sientan seguros. “Mis hijas tienen una rutina y esa rutina ayuda a crear el hábito”, manifestó Alfaro. “Ellas tienen tareas que cumplir en casa, además de sus tareas escolares”.

Tomar turnos como padres

María Guadalupe explicó que para dividir el trabajo entre ella y su esposo y para mantener la comunicación con sus hijas, todos los días toman turnos para llamarlas por facetime a la hora del almuerzo. “Es un tiempo que compartimos con ellas para almorzar juntos”, dijo Alfaro.

Virginia explicó que con su esposo se esfuerzan en compartir tiempo con sus hijos y en los oficios y responsabilidades de todos. “Mi esposo sale a trabajar todos los días y yo me quedo en casa con los niños”, dijo Virginia, quien dijo estar tomando clases en Mount Hood Community College. “Al regresar de su trabajo, siempre compartimos tiempo en oficio por hacer y tiempo con los niños”.

Inculcar y promover la fe 

Virginia López, quien coordina en su parroquia el programa de verano “Vacaciones con Jesús”, afirma que “este tiempo debemos verlos como un regalo de Dios para fortalecer la fe en nuestros hijos. Vivir la fe en casa y orar juntos como familia es la mejor escuela”, dijo.

María Guadalupe compartió que “la fe en Dios nos ayuda a mantener seguros y confiados; en salir a trabajar y tener la certeza que Dios está en control. Sabemos que Dios tiene un plan que es perfecto y solo debemos tener paciencia”, dijo.

Algunos padres expresaron la importancia de pedir ayuda.

María Valdovinos, feligresa de la iglesia Santa Cecilia, en Beaverton, explicó sentirse agradecida de tener una hija quien le ayuda a cuidar a su pequeño hijo de cuatro años mientras ella trabaja en una guardería que cuida a niños y niñas de trabajadores “esenciales”.

“Tengo días y momentos de estrés y eso lo percibo en mis hijos también; especialmente mi hijo adolescente de 16 años”, dijo.

“Algo que realmente me tranquiliza es la oración”. María enfatizó que este es un tiempo de estar muy unidos y orar juntos en familia.

“A veces es una batalla con mi hijo adolescente porque protesta y yo le pregunto “¿ayer necesitaste comer y hoy también, verdad?”. Así como alimentamos el cuerpo, de esa misma manera, necesitamos alimentar nuestro espíritu, cada día. Es fundamental inculcar y fortalecer la fe en nuestros hijos”, reflexionó María.

“El único que nos puede dar la fortaleza para salir adelante es Dios y si no estamos agarrados de la mano de El, nosotros solos no podemos”, concluyó.

patriciam@ocp.org