Un niño reacciona antes de que trabajadores de la salud le hagan una prueba para el coronavirus con un hisopo, en San José, Costa Rica, el 26 de junio del 2020. (CNS Foto/Juan Carlos Ulate, Reuters).
Un niño reacciona antes de que trabajadores de la salud le hagan una prueba para el coronavirus con un hisopo, en San José, Costa Rica, el 26 de junio del 2020. (CNS Foto/Juan Carlos Ulate, Reuters).

CIUDAD DE MÉXICO (CNS) — Los obispos de América Central han exhortado a sus gobiernos y pueblos a unirse para proporcionar cuidado de salud y proteger vidas a medida que la pandemia de COVID-19 siembra la miseria y consecuencias económicas se acumulan en una de las regiones más pobres del hemisferio.

En una declaración del 5 de julio, el Secretariado Episcopal de América Central, conocido por sus siglas en español como SEDAC, hizo referencia a la advertencia del papa Francisco: "Sólo podemos salir de esta situación juntos, como humanidad completa", y añadió: "Todos estamos en el mismo barco. Nadie puede ser olvidado. Todos tienen que implicarse. Gobiernos y ciudadanos deben unirse en un esfuerzo común en favor de la salud y las vidas humanas".

"Todos debemos obedecer las medidas de seguridad de salud para proteger las vidas de nuestros hermanos y hermanas", dijeron, refiriéndose a las llamadas de levantar la cuarentena y reabrir las iglesias incluso mientras la pandemia sigue cobrando vidas. La declaración fue firmada por el presidente del secretariado, arzobispo José Luis Escobar Alas, y su secretario general, el cardenal Gregorio Rosa Chávez —ambos de San Salvador, El Salvador.

La pandemia de COVID-19 ha causado sufrimiento a América Central, donde la pobreza afecta a muchos y las cuarentenas forzadas le han negado a muchos un modo de atender a sus necesidades básicas. También ha puesto en evidencia las fallas en sistemas subfinanciados y carentes de los equipos necesarios, desprovistos de preparación debido a la negligencia y la corrupción.

Añadiendo a la miseria, la tormenta tropical Amanda inundó El Salvador en junio, cobrando al menos 27 vidas, dañando unas 30.000 viviendas y destruyendo los sembrados.

"A las familias afectadas por estas tragedias les expresamos nuestra cercanía y solidaridad", dijeron los obispos. "La iglesia ha trabajado para estar presente para poder aliviar el dolor y comunicar esperanza".

El papa Francisco, continuaron los obispos, "nos ha exhortado a cuidar de nuestra casa común. Es decir, el medio ambiente en el que desarrollamos nuestras vidas. Precisamente la pandemia que estamos sufriendo tiene sus raíces en el desequilibrio ecológico causado por la actitud gravemente irresponsable del hombre".

También le pidieron a la gente que escuchara la llamada del papa a reflexionar sobre su encíclica sobre el medio ambiente, "Laudato Si'", diciendo: "Estamos convencidos de que es una prioridad procurar la construcción de un nuevo modelo de desarrollo basado en la dignidad de cada persona y en el cuidado del medio ambiente".

La pandemia ha impactado de manera distinta, pero a menudo severa, a cada uno de los seis países centroamericanos a los que sirve el secretariado. En Costa Rica, que había sido considerado un modelo a seguir en su respuesta inicial a la pandemia, la difusión comunitaria del coronavirus ya ha comenzado, según una declaración del 3 de julio de la conferencia episcopal costarricense.

"Manifestamos la grave responsabilidad moral, que brota de la fe, de cuidar de nuestra propia salud y de la salud de los demás... (y) fielmente observamos las reglas y las medidas sanitarias que las autoridades de salud nos han indicado desde el comienzo de la crisis", dijeron los obispos costarricenses.

En Nicaragua el gobierno sandinista había restado importancia a la seriedad del COVID-19 e incluso había obstaculizado iniciativas de salud patrocinadas por la iglesia.

"Nos solidarizamos totalmente con la Iglesia Católica en Nicaragua, por su gran preocupación y generosa acción en favor de la salud y la vida del amado pueblo nicaragüense", dijeron los obispos centroamericanos.