ASTORIA, N.Y. — Familiares, amigos y cientos de oficiales uniformados recordaron el heroísmo y sacrificio de Luis Álvarez, durante una emotiva Misa fúnebre en su honor en la Iglesia de la Inmaculada Concepción en Astoria en el barrio de Queens de la ciudad de Nueva York.

Álvarez, 53, fue uno de los muchos agentes de policía de Nueva York, bomberos y trabajadores de emergencia que acudieron de inmediato al sitio de la tragedia después de los ataques terroristas en el World Trade Center (Centro Mundial de Comercio) el 11 de septiembre de 2001. Murió el 29 de junio después de una batalla de tres años contra el cáncer del colon, aparentemente vinculado a los tres meses que pasó trabajando en la Zona Cero.

Con él ya son 222 los oficiales del departamento de policía de Nueva York que han muerto después de trabajar entre los escombros letales.

El padre de Álvarez sirvió como diácono de la diócesis de Brooklyn y trabajó en la parroquia por muchos años.

En la Misa fúnebre, la lectura del Evangelio de san Mateo reflejó el espíritu de servicio demostrado por Álvarez: "Todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron".

"Nuestra fe nos pide, queridos hermanos y hermanas, hacer algo muy simple ... tal vez pudieron captar su dedicación al ser llamado a servir, en la Infantería de la Marina y al departamento de policía, apoyado por su querida familia todos estos años", dijo el principal celebrante, el padre John Harrington, en su homilía.

El obispo auxiliar Paul R. Sánchez de Brooklyn, quien participó en el funeral, dijo que Álvarez se entregó a una profesión que requiere valor y señaló que él había "servido de forma loable y continuó batallando contra el cáncer hasta el final".

"Fue una ocasión hermosa que nos unió para afirmar los valores que todos nosotros acogemos: valor, altruismo, sacrificio", agregó.

Álvarez se presentó ante el Congreso en junio junto con otros rescatistas y servidores públicos para abogar por el Fondo de Compensación a las Víctimas del 11 de septiembre, un programa federal que compensa a las víctimas de los ataques terroristas. La última vez que el Congreso asignó fondos para el programa fue en 2015 para utilizar hasta 2020, pero esos fondos se están acabando.

En su testimonio, Álvarez dijo: "No debería estar aquí hoy, pero ustedes me hicieron venir. Me hicieron venir porque no me quedaré mudo mientras veo a mis amigos con cáncer desarrollado a raíz de los ataques del 9/11, como es en mi caso, se les considere menos valiosos que a otras personas cuando ellos se enferman o mueren".

Con el proyecto de ley actual, aprobado por el Comité Judicial de la Cámara de Representantes el 12 de junio, el Congreso aprobaría una cantidad no especificada de fondos para el programa hasta el 2090. El proyecto de ley enfrenta ahora un voto ante la Cámara de Representantes. Si es aprobado a ese nivel, pasaría al Senado de los Estados Unidos para un voto y eventualmente al presidente Donald Trump para su firma.

Testificando al lado de Álvarez estuvo el comediante y comentador político Jon Stewart, quien ha abogado en defensa de los rescatistas y víctimas del 9/11. Stewart también estuvo presente en el funeral de Álvarez.

Según el Dr. Michael Crane del Hospital Monte Sinaí de Nueva York, 10,000 rescatistas y víctimas han sido diagnosticados con cáncer relacionado al 9/11 y por lo menos 2,000 muertes también se atribuyen a enfermedades y afecciones desarrolladas a raíz del 9/11.

"Oramos para que el Congreso y el Senado escuchen su mensaje y que haya muerto feliz por sus esfuerzos" para este fondo, dijo Phillip Álvarez, hermano de Luis Álvarez, el 2 de julio en una conferencia de prensa. "Les aseguro que si es necesario presentarse allí otra vez, yo iré".

"A pesar de las 69 rondas de quimioterapia, él siguió luchando y continuó usando lo que quedaba de su voz para difundir su mensaje", dijo David Álvarez, el hijo mayor de Luis.

En unas emotivas honras fúnebres, David evocó el grato recuerdo de su padre diciendo que aprendió mucho de él, especialmente que "ser un hombre puede significar muchas cosas pero sobre todo, significa ser responsable de tus palabras y acciones. Tu palabra es tu fianza".

"Te amo, papá. Te prometo que seguiré caminando manteniendo valor", dijo.  

Álvarez nació en 1965 en Cuba. Huyendo del comunismo, su familia inmigró a Nueva York. Se graduó de la escuela secundaria Monseñor McClancy Memorial en el vecindario East Elmhurst, y luego estudió en la Universidad de la Ciudad de Nueva York. Inmediatamente al graduarse, formó parte de la Infantería de Marina de EE. UU. y posteriormente se unió al departamento de policía de Nueva York en 1990.

Sirvió como voluntario en el escuadrón de bombas y trabajó como detective encubierto tanto para el departamento de policía de Nueva York y el Departamento de Seguridad Nacional de EE. UU. Después de 21 años, se retiró en 2010 por razones de salud.

"Realmente era la certeza perfecta del sueño americano", dijo el comisionado de NYPD James O'Neill. "Un brillante ejemplo de la gran diversidad de Nueva York, así como de la extraordinaria convocatoria a servir".

El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, tuiteó el 1 de julio lo siguiente: "La ciudad nunca podrá pagar la deuda que tiene con el detective Lou Álvarez. Será un honor otorgarle la llave de la ciudad en homenaje póstumo como un símbolo de nuestro profundo respeto y gratitud por su servicio y sacrificio".

Álvarez le había pedido a la feligresía de la Parroquia de la Inmaculada Concepción que durante su funeral, el público recuerde a las víctimas del 9/11, así como a todos los policías y socorristas que perdieron la vida.

"Enfrentamos cada día con la convicción de que Dios nunca nos da una cruz más pesada de lo que podemos soportar", dijo su hermana, Aida Lugo, durante su discurso fúnebre en su honor. "Luis llevó esa cruz de una manera que muy pocos lo hacen -- con tenacidad y fortaleza".

Le sobreviven sus padres y hermanos; su esposa Lainie y sus tres hijos: David, Tyler y Benjamín.