El abad Jeremy Driscoll utiliza incienso al bendecir a los nuevos monjes quienes yacen cubiertos durante  el rito llamado entierro místico. El acto simboliza la muerte a la vida de placeres terrenales y el florecimiento a una nueva vida en Cristo. (Cortesía Abadía Mount Angel).
El abad Jeremy Driscoll utiliza incienso al bendecir a los nuevos monjes quienes yacen cubiertos durante el rito llamado entierro místico. El acto simboliza la muerte a la vida de placeres terrenales y el florecimiento a una nueva vida en Cristo. (Cortesía Abadía Mount Angel).

MOUNT ANGEL — Después de que cinco hombres profesaron votos solemnes como monjes benedictinos el 11 de septiembre, la congregación y ellos salieron a la plaza al ritmo del estruendoso sonido de las campanas de la torre de la iglesia.

Como nadie podía escucharse hablar entre sí, la multitud simplemente se limitó a sonreír a través de las máscaras que llevaban puestas por cerca de cinco minutos.

 

La escena de música alegre desde arriba y elogiosa admiración y agradecimiento desde abajo fue apropiada esa mañana en la Abadía Mount Angel.

 

Habían pasado cinco décadas desde que un grupo tan grande hiciera un compromiso perpetuo a la vida monástica y todos sintieron una gratitud indescriptible por la obra de Dios.

 

Los hermanos Thomas Buttrick, Charles González, Alfredo Miranda, Jesse Ochoa e Ignacio Olivares leyeron sus promesas en voz alta, se pusieron de pie con los brazos extendidos en símbolo de rendición, luego yacían en el suelo bajo sudarios negros.

 

Esa fue una señal de morir a la vida antigua para abrazar a la vida en Cristo.

 

“Acéptame, oh, Señor, acéptame y viviré”, corearon los hombres al unísono.

 

La profesión solemne es uno de los días más importantes para una comunidad religiosa. Es como una boda en la que los miembros más nuevos realizan votos perpetuos.

 

Las lecturas del día enfatizaron la iniciativa amorosa de Dios. “Tú eres mío”, decía el pasaje de Isaías. “Se despojó a sí mismo de su debilidad y tomó la forma de un esclavo”, decía la lectura de Filipenses. “A menos que un grano de trigo caiga al suelo y muera, no queda más que un solo grano”, declaró la lectura del Evangelio.

 

El abad Jeremy Driscoll dijo a los jóvenes monjes que Jesús, desde la cruz, los atrajo hacia sí mismo y hacia la vida monástica.

 

‘Lo que estás a punto de hacer al tomar votos no es para tu crédito”, dijo el abad Jeremy. “Estás siendo salvado por Dios. Dios hace al monje”.

 

Flores doradas y amarillas decoraron la iglesia durante esta ceremonia en temporada de cosecha. Un pequeño coro del monasterio cantó y un coro de seminaristas los acompañó desde el desván.

 

La profesión es significativa para muchas personas que no son monjes.

 

Judy Richardson, residente de la cercana comunidad de jubilados de las Torres de Mount Angel, trajo una canasta de golosinas para los recién profesos, tres de los cuales ella conoce: los hermanos Jesse, Charles y Alfredo.

 

“El don de la hospitalidad impregna esta ladera”, dijo Richardson después de la misa. “Y aquí también hay paz”.

 

Rachel Campbell, amiga de los hermanos Charles y Jesse, llamó al día “un recordatorio visible y tangible de la completa devoción a Dios”.

 

Dave y Carmen Spector viajaron desde Florida para apoyar al hermano Thomas, su sobrino. Al igual que el hermano Thomas, Dave fue criado como judío y más tarde se unió a la Iglesia Católica, inspirado en parte por su sobrino.

 

El hermano Thomas, antes de entrar en el monasterio, enseñó matemáticas en la Escuela Católica Blanchet en Salem. Uno de sus colegas de la facultad fue Harry Ahn.

 

“Es muy inteligente y trabajador”, dijo Ahn sobre el hermano Thomas.

 

El padre escolapio Luis Cruz, amigo del hermano Ignacio, viajó desde Puerto Rico para la profesión de votos. Los dos estudiaron juntos. El padre Cruz dijo que ama el carisma de los benedictinos y que hubiera podido unirse a ellos de no ser por el rigor de levantarse temprano para la oración.

 

Amo todo de la vida monástica menos las vigilias”, dijo entre risas.

 

Bob Hitch, jefe de logística y mantenimiento de la abadía, conoce a los cinco monjes recién profesos. “Creo que son maravillosos”, dijo Hitch.

 

También el mes pasado, la Abadía Mount Angel recibió a tres hombres en noviciado y dos en primeros votos. Contradiciendo el estereotipo de que las comunidades religiosas están envejecidas, aproximadamente la mitad de los monjes de Mount Angel están en sus primeros 10 años de vida religiosa.

 

edl@catholicsentinel.org