Sacerdote Eduardo Ramírez, párroco en Guadalajara, México. (Patricia Montana/El Centinela).
Sacerdote Eduardo Ramírez, párroco en Guadalajara, México. (Patricia Montana/El Centinela).

El uso de las redes sociales y el tiempo que púberes y adolescentes pasan frente a las pantallas de sus celulares, genera preocupación constante para los padres de familia. Para ellos, el grupo de oración de Renovación Carismática de la parroquia de San Lucas en Woodburn, realizó el retiro-conferencia ‘familias afectadas por la tecnología’, del 25 al 27 de octubre, en un esfuerzo por brindar orientación y ofrecer estrategias a los padres, sobre como guiar a sus hijos en el uso de medios electrónicos y redes sociales, de una manera segura y responsable.

Cerca de cien familias asistieron durante los tres días a las charlas guiadas por el sacerdote Eduardo Ramírez, párroco en Guadalajara, México e invitado especial y Mabel Suárez, conferencista de Renovación Carismática por más de 27 años y feligrés de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe de Santa Ana, California.

“Hay una queja generalizada de las familias sobre la dependencia que el celular y las redes sociales generan en sus hijos,” manifestó Mabel Suárez en entrevista con El Centinela, “Nuestro objetivo, añadió, es ofrecer información y alertar a los padres sobre la importancia de mantener supervisión y control para evitar que los menores estén expuestos y vulnerables a contenidos inadecuados para ellos”, agregó.

A juicio del sacerdote Ramírez, “la edad mínima para acceder a un celular y al uso de las redes sociales debería ser a los 15 años”, manifestó el religioso en la conferencia. “Antes de esa edad, los padres deben enseñar y reforzar en los niños y jóvenes el valor de la comunicación interpersonal directa, cara a cara”, señaló el presbítero.

La preocupación de los padres se hace más razonable al analizar los resultados de la encuesta publicada recientemente por la organización sin ánimo de lucro Common Sense Media, la cual indica que, en Estados Unidos, los adolescentes (entre 13 y 18 años) pasan en promedio siete horas por día frente a las pantallas de sus celulares, al tiempo que los púberes (entre 8 y 12 años) emplean aproximadamente cinco horas diarias, sin incluir el tiempo destinado en la escuela o en el cumplimiento de sus tareas.

El reporte de la entidad, que según su sitio web, tiene por objetivo investigar, proveer educación y herramientas útiles para jóvenes, padres y maestros sobre el uso de la tecnología y las redes sociales en un ambiente seguro y confiable para todos, explica que el tiempo indicado frente a la pantalla no significa que los jóvenes usen la pantalla exclusivamente todo ese tiempo; dado que ellos tienen habilidades para realizar varias tareas al mismo tiempo, entonces puede ser que estén viendo un video mientras se visten y alistan para salir.

En el 2015, un 8% de los estudiantes en la etapa de la pubertad encuestados, usaba el computador para realizar tareas, mientras que, en el 2019, esta cifra ascendió a un 22%. El número de jóvenes en la adolescencia en el 2015 fue del 19% y se incrementó al 46% en el 2019.

Adicionalmente, el informe de Common Sense Media muestra el aumento de la audiencia joven por los videos en YouTube. En el 2015, un 24% de los preadolescentes encuestados dijo ver videos en línea, frente al 56% en el 2019. De igual forma, con respecto a los adolescentes, de un 34% en el 2015, se amplió a un 69% en el 2019.

El reporte también revela que ahora los niños están en posesión de un celular a más temprana edad. Mientras que, en el 2015, el 11% de niños de 8 años indicó tener un celular; en el 2019, un 19% manifestó tener uno. Para los niños de 12 años, los porcentajes aumentaron del 41% en el 2015, a un 69% en el 2019.

La organización sin ánimo de lucro expresa en su sitio web que las cifras indicadas corresponden a la encuesta en línea a un grupo de 1677 jóvenes entre los 8 y los 18 años, con el previo consentimiento de sus padres, realizada por la empresa Ipsos Knowledge Panel. La muestra incluyó niños y niñas provenientes de diferentes grupos raciales y socioeconómicos.

¿Qué pueden hacer los padres?

El padre Eduardo Ramírez, Párroco de la Iglesia de Nuestra Señora del Pueblito, en la Colonia de Santa María del Pueblito, Guadalajara, México, manifestó en entrevista con El Centinela: “no vengo como maestro a dictar cátedra, sino más bien, a compartir mi experiencia de fe. Mi objetivo, como decía San Pablo, es ‘transmitir lo que he recibido’ y ayudar así a iluminar, a guiar, a tener una luz sobre las cosas” expresó. 

“El año pasado, en noviembre, agregó, fui invitado a una conferencia en Pasco, WA, a la que asistieron cerca de 700 personas, para hablar sobre este mismo tema. Hay preocupación generalizada de los padres de familia acerca del exceso en el uso redes sociales por los menores”, dijo.

“Algunos señores se me acercaron y manifestaron ‘aquí las leyes protegen mucho a los niños’ y de verdad que lo sé, pero dentro de lo posible, tenemos que hacer lo que sea necesario para educar a los hijos adecuadamente”, afirmó el prelado.

“Hay una función de padres que siempre va a existir; la de apoyar, cuidar, fortalecer la identidad, renovar el amor día a día, establecer los canales para el diálogo, educar con amor y responsabilidad, establecer límites”, afirmó el padre Eduardo.

“Siento que los niños adquieren un mayor dominio del inglés, entonces se requiere que los padres se capaciten para evitar que los hijos se aprovechan de eso y los padres no se sientan cohibidos por el desconocimiento del idioma”, añadió.

“No podemos satanizar la tecnología, porque la tecnología y el internet transformaron el mundo para bien, pero hay algunas cosas que nos están haciendo daño porque no sabemos establecer un criterio equilibrado. Todo exceso es nocivo, y muchas de las redes sociales pueden resultar adictivas. Entonces, es urgente establecer límites”, explicó el sacerdote.

"En la sociedad actual, estamos tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. La convivencia familiar ya no está en existencia. Durante las comidas no se puede platicar porque cada quién está en su teléfono o tableta”, se lamentó el religioso.

“En esta sociedad se habla mucho de los derechos del niño, pero no se habla tanto de las responsabilidades y obligaciones de los niños. En toda sociedad, hay derechos y obligaciones”, agregó. “Como aquí no se enseñan las clases de civismo, hay que enseñarlas por nuestra cuenta” dijo.

“Obviamente, debemos ser respetuosos de las leyes. Es más, considero que las leyes son nuestras mejores amigas, pero no conozco ninguna ley que prohíba ejercer la función como padres”, manifestó el religioso. “Se hace necesario el restablecimiento de los roles”, añadió.

“Hay que asumir con toda la responsabilidad el rol de formar sociedad, especialmente aquí cuando prácticamente las familias están solas, sin mucho apoyo. La unión como comunidad es fundamental y apoyarse los unos a los otros”, exclamó el prelado.

“Como cristianos sabemos que hay una obligación, por ejemplo, el mandamiento de honrar a padre y madre es un mandato divino,” concluyó el sacerdote.

Por su parte, la conferencista Mabel Suárez hizo énfasis en la importancia de manifestar la expresión de los sentimientos entre los miembros de la familia.

“La familia es el primer agente de socialización, los padres deben inculcar mucho los valores y mantener la comunicación clara con sus hijos,” manifestó Mabel Suárez. 

“La tecnología y el Internet han traído inmensos beneficios, dijo, pero también presenta grandes riesgos; especialmente porque una mayoría de preadolescentes y adolescentes navegan la red en solitario, sin la supervisión de sus padres y hay agentes externos que están observando nuestra socialización, primordialmente la de los menores,” dijo. 

“Hay que expresar el cariño diariamente, los niños necesitan el amor afectivo de padre y madre, debemos darles al menos cinco abrazos a nuestros hijos cada día, para que ellos se sientan queridos y apoyados” añadió. “Es tan necesario expresar nuestros sentimientos para ayudarles a crecer seguros, a madurar, a tomar buenas decisiones,” dijo.

“Los jóvenes necesitan ser escuchados porque pasan mucho tiempo solos y aislados,” expresó Suárez.

“Vivimos en una cultura que no es la nuestra. Hay ausencia de comunidad y nuestros niños enfrentan ambientes difíciles de segregación y exclusión, continúo Suárez, “Muchas veces, los jóvenes intentan llenar ese vacío que sienten en su corazón con el tiempo frente a sus pantallas, pero esto tiene un efecto contrario y hace que se sientan más aislados”, explicó la conferencista Suárez.

Otro factor es que “a veces los padres venimos de culturas muy sencillas, de un ranchito, de un pueblito y creemos que en este país podemos continuar con ese estilo de vida sencillo, sin darnos cuenta de que estamos inmersos en una sociedad y época diferente que nos plantea grandes retos”, explicó. Es necesario adaptarnos a las circunstancias”, manifestó Mabel.

“Yo exhorto a los padres a mantenerse vigilantes, a educarse, a no sentirse marginados sino por el contrario, a informarse, a capacitarse, a pedir ayuda. Si es necesario, volver a estudiar” dijo. “En mi caso personal, volví a estudiar ahora como adulta, soy estudiante de psicología” y soy testigo del choque cultural que pueden enfrentar los estudiantes”, explicó.

“La mentalidad de la juventud cambia mucho porque están expuestos a instructores que les enseñan acerca de la mentalidad abierta y la libertad”, dijo.

“El choque cultural es fuerte; en nuestros países la educación es diferente, ayuda a reafirmar la fe y los valores, aquí no, y los niños y jóvenes están en la búsqueda de la identidad, entonces asimilan fácilmente lo que ven y escuchan”, explicó. 

“Los padres deben estar muy atentos a los cambios de comportamiento que presenten los niños”, afirmó. “También deben advertir a sus hijos de no hacer públicos sus perfiles. Existen formas de bloquear los contactos indeseados”, afirmó Mabel Suárez.

¿Cuáles son los efectos negativos?

“Internet es un mundo global con un mar de información que puede ser muy confuso para nuestros hijos. Los niños no están preparados para comprender muchos contenidos” expresó Suárez.

“De mis 36 años de sacerdocio, he sido invitado a este tipo de seminarios durante los últimos 25 años,” y sé, que hay una necesidad urgente de proteger a niños y adolescentes de los peligros a los que les puede enfrentar el uso de la red.  Mucho de lo que se encuentra en Internet o no es verdad o no es correcto”, dijo el religioso.

Betty Sledge es Consejera de Salud Mental y coordinadora del Ministerio para Jóvenes en la iglesia Philip en Dallas. Ha pasado más de 20 años de su carrera aconsejando familias y niños. Esto fue lo que dijo en entrevista con Sarah Wolf para el Sentinel sobre este tema.

“La transición entre la niñez y la adolescencia es un proceso largo”, expresó.

“Los niños en la etapa de la pubertad están desarrollando su sentido de identidad. No están seguros de lo que quieren y sus hormonas están alborotadas,” agregó.

“La ansiedad y la depresión al comparar las vidas es un peligro común en las redes sociales, especialmente para los adolescentes,” manifestó Deana Julka, directora del Departamento de Psicología de la Universidad de Portland y profesora adjunta de la facultad.

Además de estudiar profesionalmente los efectos de las redes sociales en la salud mental, Julka es madre de tres adolescentes entre los 11 y los 16 años.

El tema de adolescentes y redes sociales está relacionado con sentimientos de depresión, ansiedad y soledad, afirmó.

“Ellos pueden estar conectados con mucha gente, pero esta generación se siente más desconectada que nunca”, dijo Julka.

“La comunicación en línea no tiene contacto visual, no hay tacto ni comunicación no verbal. Hay evidencia colateral que sugiere que los medios sociales afectan la salud mental”, afirma Julka.

“Estudios recientes han mostrado evidencia de experimentos en los cuales puede medirse como el tiempo empleado en las redes sociales podría controlarse y obtener una medida objetiva del impacto en la salud mental”, dijo.  

“Es verdaderamente nocivo para nuestra auto estima e incrementa los niveles de ansiedad socialmente”, manifestó Julka.

En el 2017, 32.2% de los estudiantes de tercer año de preparatoria y un 30% de los de octavo grado en Oregon, se sintieron tan deprimidos por semanas, que dejaron de participar en actividades regulares.

Los números, —cerca de una tercera parte de los participantes— corresponde a la encuesta ‘Oregon Healthy Teens Survey’ dada a los estudiantes de octavo y onceavo grado cada año.

En el 2002, solo un 20.2% de los estudiantes de tercer año y el 18.9% de los de octavo grado dijeron sentirse de la misma forma.

“Cuando nos comparamos con otros, hay un efecto negativo en nuestra autoestima. Existe mucha presión acerca de mantener las normas sociales. “Los motivos de comparación social han existido a través del tiempo,” dice Julka. “Estas son respuestas naturales del ser humano que son realmente acentuadas en este ámbito para que todo el mundo las vea”. Dijo

“Anteriormente, si una adolescente no era invitada a una fiesta, tal vez la gente de la fiesta se enteraría, pero no el resto del mundo,” señaló la profesora.

“Si una adolescente era acosada en la escuela, el hogar acostumbraba ser un santuario seguro y no tendría que compartirlo con las compañeras”, añadió.

“Ahora, todo eso te persigue,” enfatizó Julka.

Julka ha visto un cambio en sus estudiantes en las décadas en que ha enseñado en la universidad.

“No es solamente el hecho de estar conectado constantemente lo que afecta la salud mental de los adolescentes, sino que les afecta el ciclo del sueño por mantenerse despiertos hasta tarde para comunicarse en línea, en lugar de dormir”.

Es toda una combinación de diferentes efectos,” concluyó la psicóloga Julka.