CIUDAD DEL VATICANO (CNS) — Los corazones de las personas y de toda la iglesia deben estar abiertos de par en par al asombro y la devoción a Cristo y listos para abrazar a todos, pecadores y santos por igual, dijo el Papa Francisco.

“La iglesia de lo perfecto y puro es una habitación donde no hay lugar para nadie; la iglesia con puertas abiertas que celebra alrededor de Cristo es, por otro lado, una gran sala donde todos—los justos y los pecadores—pueden entrar”, dijo el papa en su homilía durante la misa del 6 de junio, para conmemorar la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

“La Eucaristía está destinada a alimentar a aquellos que están cansados y hambrientos a lo largo del viaje, ¡no lo olvidemos!”, dijo durante la misa vespertina, que se celebró desde el Altar de la Cátedra en la Basílica de San Pedro con unas 200 personas, que llevaban tapabocas y mantenían la distancia física.

 

Este es el segundo año en el que la misa se celebra con una congregación reducida y sin la tradicional procesión al aire libre del Corpus Christi que se realiza después, como parte de los esfuerzos en curso para contener la propagación del coronavirus.

 

La ceremonia, en cambio, concluyó con un largo momento de silenciosa adoración eucarística y bendición del Santísimo Sacramento. La fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo celebra la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

 

En su homilía, el Papa Francisco analizó el significado de las imágenes presentadas en la lectura del Evangelio de San Marcos, que detalla las instrucciones de Jesús para preparar y encontrar un lugar para la Pascua y la Cena del Señor.

 

El papa Francisco dijo que la imagen de un hombre cargando un cántaro de agua recuerda a la gente que la humanidad tiene sed, “siempre buscando una fuente de agua que satisfaga y restaure”.

 

“Todos nosotros viajamos a través de la vida con un cántaro en nuestras manos” ya que “cada uno de nosotros está sediento de amor, alegría, una vida exitosa en un mundo más humano”, dijo, y agregó que solo Dios puede satisfacer esa verdadera sed de algo más, esa esperanza en una vida eterna que sostiene a las personas en la vida.

 

Debido a que esa sed a menudo no se reconoce, con menos personas buscando o preguntando acerca de Dios, los cristianos deben evangelizar, dijo el Papa.

 

No basta con que la iglesia sea un pequeño grupo “de las personas habituales que se reúnen para celebrar la Eucaristía. Tenemos que ir a la ciudad, encontrarnos con la gente, aprender a reconocer y despertar la sed de Dios y el anhelo del Evangelio”, dijo.

Será esa sed renovada la que lleve a la gente al altar para encontrarse con Dios en la Eucaristía, agregó.

 

La otra imagen importante es la gran habitación superior que encuentran para la comida de Pascua, dijo, una comida que será significativa debido a un pequeño bocado de pan.

 

"Dios se hace pequeño como un pedazo de pan", tan humilde, oculto y a veces invisible, que es necesario que el corazón de uno sea grande, abierto y vigilante para reconocerlo, acogerlo y adorarlo, dijo el papa.

 

“En cambio, si nuestro corazón no tiene una habitación amplia se convierte más como en un depósito donde lamentablemente conservamos con añoranza las cosas viejas, como un ático donde hemos guardado durante mucho tiempo nuestro entusiasmo y sueños, como una habitación estrecha y oscura donde vivimos solos, con nosotros mismos, nuestros problemas y amargura", dijo, "entonces será imposible reconocer esta presencia silenciosa y humilde de Dios".

 

La iglesia también debe ser un espacio grande y acogedor, "no un pequeño club exclusivo, sino una comunidad con los brazos abiertos, dando la bienvenida a todos", y dispuesto a conducir a Cristo a los heridos, a los díscolos y a los que han hecho el mal, dijo.

 

"Para celebrar y vivir la Eucaristía", dijo, "nosotros también estamos llamados a vivir este amor, porque no puedes romper el pan del domingo si tu corazón está cerrado a los demás, no puedes comer este pan si no le das el pan a los hambrientos, no puedes compartir este pan si no compartes los sufrimientos de los necesitados".

 

Más temprano en el día, el Papa saludó a cientos de personas esparcidos en la Plaza de San Pedro para la recitación del mediodía de la oración del Ángelus.

 

La Eucaristía, dijo, muestra "la fuerza para amar a los que cometen errores" porque Jesús le dio al mundo el pan de vida la noche en que fue traicionado.

 

Jesús reacciona al mal de la traición de Judas con un bien mayor, respondiendo al "no" de Judas con el "sí" de la misericordia, dijo. "Él no castiga al pecador, sino que da su vida por él, él paga por él."

 

"Cuando recibimos la Eucaristía, Jesús hace lo mismo con nosotros: nos conoce; él sabe que somos pecadores; sabe que cometemos muchos errores, pero no renuncia a unir su vida a la nuestra", dijo el papa. "Él sabe que lo necesitamos, porque la Eucaristía no es la recompensa de los santos, sino el pan de los pecadores. Por eso nos exhorta: «¡No tengáis miedo! Toma y come'".