“Casarse en grupo es muy especial, te sientes más en confianza y al ser en grupo quita la presión de ser el centro de atención. Además, me gusta que mis hijos lo pueden disfrutar” manifestó Germán Sánchez, uno de los contrayentes. (Cortesía Jacqueline Nájera).
“Casarse en grupo es muy especial, te sientes más en confianza y al ser en grupo quita la presión de ser el centro de atención. Además, me gusta que mis hijos lo pueden disfrutar” manifestó Germán Sánchez, uno de los contrayentes. (Cortesía Jacqueline Nájera).

La comunidad Hispana de la parroquia de San Vicente de Paúl en Salem estuvo de fiesta el 14 de septiembre. Nueve parejas se dijeron SI en una celebración especial y única en la que confirmaron el compromiso profundo de amarse y seguir unidos para siempre con la bendición de Dios, mediante el sacramento del matrimonio. La ceremonia fue precedida por el Reverendo Sacerdote Manuel Becerra, Pastor de la Iglesia.

Algunas parejas y el sacerdote aceptaron la invitación de El Centinela para compartir el significado que la ceremonia tiene para sus familias y para la iglesia. Este fue su testimonio.

Lo primero, la convicción de querer ser bendecidos por Dios

“Después de tantos años de estar juntos, nos fuimos dando cuenta que queríamos que nuestros hijos recibieran los sacramentos. Luego, durante la catequesis de los niños, la madre Guadalupe Carrillo empezó a hablarnos” afirmó René Flórez.

“Yo era católica de ‘decir’”, sostiene Evangelina, sonrojada casi sin poder contener una risa nerviosa, “pero no veníamos a misa”, continúa, “pero eso cambió con la preparación para los sacramentos de nuestros niños. Por tres años estuvimos asistiendo a las pláticas y considerándolo. Finalmente, el padre Manuel nos convenció” explicó Evangelina Pérez, quien junto a René han convivido por 19 años y tienen 4 hijos.

Por su parte, Germán Sánchez, otro de los contrayentes manifestó: “La preparación de mi hija para la confirmación y ahora de los niños para la primera comunión fue nuestra motivación”. “Desde niño he sido católico”, agregó. “Mi madre era catequista en Cuapazola, una población de Ixtacamaxtitlán, en Puebla. Pasé mucho tiempo alejado de Dios y enfocado en otras prioridades, pero luego me dediqué a mi familia” confesó Sánchez, quien con su pareja Cecilia Herrera han estado juntos por más de 15 años y conforman una familia con 3 hijos.

Una gran sonrisa ilumina el rostro de María Cacique y su mirada refleja la felicidad que experimenta: “Siempre he sido católica y mi sueño era recibir el sacramento del matrimonio desde joven”, expresó. “Cuando conocí a mi esposo”, agrega, “él era adventista. Pero a la hora de ir a la iglesia, siempre había una razón para no ir; continuamente había un ‘mejor vamos a la playa’, o al centro comercial”, explica María.

“Una vez sus padres vinieron de México y les pregunté acerca de sus sacramentos en la iglesia católica. En esa ocasión les pedí hablar con él acerca de sus creencias”. “Mi suegra lo regañó”, recuerda María. “El argumentaba que el bautizo debería hacerse cuando grande”. Desde entonces, comencé a asistir a misa todos los domingos” complementa María. “Con el tiempo, el empezó a asistir y de tanto verme, se acostumbró a ir a misa conmigo.  Hace cuatro años asistimos a un encuentro matrimonial y su fe cambió a partir de ese momento” describe María.

“En una ocasión, nos invitaron a un convivio por un matrimonio, recuerda, mientras observaba a los recién casados, suspiré profundo… me quedé pensativa y luego dije: “pues yo aún no he conocido al hombre con el que me casaré…”  Pasaron algunos días y entonces, él compró un anillo y estando en la casa, se hincó delante de nuestros hijos y me pidió la mano” narra María emocionada.

El sacerdote Becerra también manifestó su entusiasmo y al respecto dijo: “Este evento es muy positivo, porque las familias se motivan y se involucran en la vida parroquial a medida que empiezan el proceso. De esta manera sienten más de cerca la vivencia comunitaria y se convierten en líderes” explicó.

“Lo esencial es entender el llamado de Dios, añadió, y comprender la importancia de ser un ejemplo para sus hijos, mostrándoles una manera de tomar decisiones y acciones de fe”. “Cuando las parejas desean el sacramento del matrimonio, agregó el religioso, muestran un interés profundo y lo demuestran al cumplir los requisitos como completar la preparación, juntar los documentos, etc.”, manifestó el prelado.

“En la iglesia católica creemos y promovemos el matrimonio como un sacramento que nos lleva a la salvación, es parte del plan original de Dios” afirmó el religioso.

Compartir el mismo sentimiento con otras parejas

“Estar en grupo te hace experimentar un sentimiento muy especial. Es muy lindo compartir una misma emoción con otras parejas que comprenden lo que sientes”, adujo Cecilia Herrera, quien manifiestó sentirse nerviosa “por el nuevo paso que va a dar hacia Dios”. Además, añadió, “mis hijos me preguntan todo el tiempo ¿Qué sientes mamá?” sonríe.

Cecilia suspira profundo y continúa, “Pensé que no iba a suceder”. “Fue él quien tomó la iniciativa. El Domingo de Ramos, el arrancó un ramito de palma y me hizo un anillo. Ese anillo que aún conservo tuvo mucho poder y posee un significado muy especial para mí”, reveló Herrera.

Por su parte, el Rev. Becerra manifestó que “Es una manera de empoderar a los feligreses, dijo, muchos de ellos luego quieren ser ministros de Eucaristía, de hecho, algunos ya están ayudando durante la celebración de la misa” manifestó el presbítero.

“Estas parejas tenían la semilla, pero nunca fue regada y se trata de vivir el sacramento más que el compromiso” afirmó el párroco.

En grupo, es más fácil y económico

“Casarse en grupo es muy especial, te sientes más en confianza y al ser en grupo quita la presión de ser el centro de atención”, manifestó Germán Sánchez. “Además, me gusta mucho que mis hijos lo pueden disfrutar”, agregó.

El padre Becerra explicó: “Usualmente, durante el tiempo de preparación para la primera comunión o catecismo, invito a los padres a cuatro sesiones durante las cuales les hablo acerca de la importancia de los sacramentos. Hago énfasis en el matrimonio conociendo que hay parejas que llevan viviendo en unión libre por muchos años y no han tenido la posibilidad de formalizar su relación y casarse por la iglesia” dijo.

“Algo adicional, continuó, es que los contrayentes pueden recibir cualquiera de los sacramentos que les haga falta. A las parejas las mandamos a tomar clases de RCIA; así ellos vuelven a refrescar los conocimientos de las enseñanzas de la iglesia, completan el programa y toman los sacramentos que les falta” agregó el religioso.

“Teníamos personas que no eran católicas, otros que tampoco estaban seguros de tener sus sacramentos, algunos venían a misa, pero no estaban seguros del significado de ser católico.

La preparación dura seis meses y las parejas deben haber recibido todos los sacramentos, sin embargo, si le falta alguno, se le administra” explicó.

 “El aspecto económico es fundamental también. Hay gastos en un proceso matrimonial, pero al hacerlo en grupo los costos individuales se reducen altamente. Ellos decidieron hacer la decoración entre todas las parejas, igual el servicio del fotógrafo, todo esto motiva a la celebración pues no tienen que incurrir en grandes costos” señaló el clérigo.

“Un aspecto muy interesante”, declaró el padre Becerra, “es que muchos de ellos se preguntan: ¿para qué nos vamos a casar si ya estamos viejos?, ¿vestirme de blanco? ¿yo ahí sola caminando? Algunos de estos factores los previenen a la hora de tomar la decisión”, explicó.

Es interesante ver como este tipo de presiones influyen, sin embargo, la dinámica del matrimonio en grupo es completamente diferente. Entre ellos se crea una amistad y una relación de confianza bastante bonita”, manifestó el párroco.

El matrimonio y la fe católica como base de la familia

“El matrimonio es parte fundamental en la familia” declaró el padre Becerra. “Es un sacramento, añadió, entendiendo que los sacramentos nos llevan a tomar el paso, son el camino a la santidad, nos conducen a la salvación”.

“El propósito del matrimonio es la unión permanente de amor y vida y la procreación. Traer hijos al mundo, cuidarlos para aumentar el pueblo de Dios y educarlos en la fe”, explicó.

“En este matrimonio comunitario, el ejemplo de los padres fue un despertar para los hijos a darse cuenta de la importancia del sacramento de la Eucaristía” explicó el religioso.

 “Observé el sentido de familia, los hijos querían involucrarse en el proceso y eso es parte del plan de Dios; la unidad, el compartir tiempo juntos en la iglesia y ver que se casaron el sábado y el domingo estaban aquí en misa”, todo fue muy gratificante.

“Vi familias muy conmovidas al recibir la Eucaristía, especialmente quienes llevaban años sin recibirla.

Los hijos de las familias vinieron a confesarse antes de la boda. Algunos manifestaron llevar más de cinco años sin confesarse, otros adujeron no haberse confesado desde la primera comunión, entonces, la motivación de acompañar a sus padres los llevó a tomar la iniciativa de recibir el cuerpo de Cristo, tal como sus padres”, dijo el reverendo.

“La formación de los hijos es esencial, añadió, los niños necesitan ser educados. Todo comienza con el sacramento del bautismo y el compromiso que se adquiere con Dios. Es fundamental entender la obligación de padres y padrinos de ser guía espiritual para los niños”, manifestó el sacerdote.

La crianza de los hijos en la sociedad de la inmediatez

El sacerdote Manuel Becerra hizo especial énfasis en la importancia del sacramento del matrimonio, principalmente en la crianza de los hijos en la época actual.

“Vivimos en una sociedad instantánea”, declaró el sacerdote, para describir las tendencias en la sociedad actual en la que se prefieren los atajos en lugar del camino largo que es la forma en que se pule el carácter y se crece como ser humano.

 “En este aspecto, continuó, es fundamental la formación de los padres. Cuando los padres se preparan, están capacitados para ayudar a sus hijos. Es esencial educar a los hijos en valores, enseñarles a apreciar lo que es primordial en la vida, como el valor de la fe”.

El padre Becerra manifestó que la fe es algo que se requiere ejercitar cada día y usó como ejemplo el trabajo del deportista que desea llegar a la meta; ¿cómo lo logra?, se pregunta, con ejercicio todos los días, con práctica”, responde el religioso.

“El compromiso de fortalecer la Fe lo comparo con el trabajo de un alpinista que quiere llegar a la cima de la montaña. Para lograr su objetivo, este deportista requiere de ciertas herramientas que le ayuden a escalar como un martillo, un lazo, el arnés, entre otras.

Entonces ¿cuál es el martillo, el lazo y el arnés para un cristiano?

Las herramientas del cristiano son los sacramentos, la formación, las enseñanzas de la Iglesia. A medida que utilicemos estos instrumentos, vamos subiendo y mientras más trabajamos, más nos acercamos a la cima, aunque se enfrenten dificultades.

Cuando el joven se da cuenta que es necesario trabajar para lograr las metas, entonces reemplaza ese facilismo que el mundo le ofrece.

Los jóvenes aprenden y profundizan que para lograr las cosas buenas se requiere esfuerzo y si se le enseña a esforzarse, entonces se fortalece el sentido de trabajar para lograr lo que se quiere, de perseverar para superar los obstáculos”, manifestó el prelado.

El valor del matrimonio para la sociedad

“El matrimonio es la base de la sociedad, sentenció el padre Manuel Becerra. “Construir una familia nueva y convertirse en ejemplo para los hijos es esencial para edificar la sociedad” y para esto, insiste el sacerdote, “hay que tomarse en serio el rol de padres, el compromiso como cristiano”, describe.

“El matrimonio tiene mucho valor, añade, pues no se trata solo de la unión física sino también de una unión comprometida en Dios para servir, para amar e ir adelante. Es con el compromiso del matrimonio donde se construyen familias fuertes y sociedades prósperas”.

“La misión como cristianos y miembros de una sociedad, es llevar a Cristo al mundo no a la inversa. La gente viene a la iglesia para tener un encuentro personal con Dios.

El mundo esta lleno de tantas voces que no permite el silencio requerido para discernir, para pensar y abrirnos al mundo de amor que Dios nos ofrece”, manifestó el religioso.

¿Cómo la iglesia ayuda a las personas casadas previamente?

“El Papa Francisco simplificó el proceso de nulidad del matrimonio católico”, explicó el padre Becerra. “Al agilizar el proceso, continuó, se redujo el tiempo de espera, obviamente, como todo proceso, hay un trabajo para hacer y se debe cumplir con los tiempos y procedimientos establecidos”.

“Los interesados deben tramitarlo en la parroquia a la cual pertenecen y con la guía del sacerdote, completar la solicitud de la forma más clara posible para ayudar al tribunal a tomar una decisión.

El proceso de nulidad es gratuito y una vez completado se envía a un tribunal de la Arquidiócesis y la decisión se determina con base en los elementos de juicio aportados por el solicitante.

El proceso de nulidad es también un proceso de sanación que ayuda a la persona a perdonar y limpiar el dolor y resentimiento por los momentos difíciles vividos en su relación anterior. Sanar el alma es lo más importante”, concluyó el reverendo.