Un devoto reza con un rosario cerca de un relicario que contiene el corazón incorrupto de St. John Vianney en la iglesia St. Anne en Gilbert, Arizona, 6 de mayo de 2019. (Foto CNS / Billy Hardiman, El Sol Católico)
Un devoto reza con un rosario cerca de un relicario que contiene el corazón incorrupto de St. John Vianney en la iglesia St. Anne en Gilbert, Arizona, 6 de mayo de 2019. (Foto CNS / Billy Hardiman, El Sol Católico)

GOODYEAR, Arizona — Por años Maribel Granados era, como algunos, católica solo "de nombre", pues asistía a la Misa de vez en cuando, y no frecuentaba los sacramentos.

En el fondo sabía que estaba mal, que no iba por el sendero correcto y sentía una gran necesidad de regresar a los caminos de Dios y de acercarse a su iglesia, pero cuando trataba de hacerlo no faltaba qué un "obstáculo" se presentara o simplemente no se animaba a dar ese paso tan importante.

La residente de Chandler, Arizona y feligrés de la Parroquia Santa María, de esa ciudad, recordó que escuchó sobre la vida de san Juan Vianney, conocido como el Cura de Ars (Francia), y de los testimonios del santo acerca de sus confesiones, en las que describe cómo el demonio utiliza distintas artimañas y múltiples trampas, para evitar que las personas se arrepientan de sus pecados y regresen a los caminos de Dios y a su iglesia, que siempre los está esperando con los brazos abiertos.

Descubrió que esa era su situación y fue crucial para dejar entrar a Dios en su corazón, arrepentirse de sus pecados y regresar al redil de su iglesia. Desde entonces frecuenta la Misa, la confesión y la comunión. Atribuye el milagro de su arrepentimiento a san Juan Vianney.

En una entrevista con El Sol Católico al término de la Misa con motivo de la visita de una reliquia -- el corazón incorrupto -- del santo patrono de los sacerdotes parroquiales a la Parroquia Santa Ana, en Gilbert. Maribel se mostró visiblemente emocionada por poder contemplarlas de cerca.

"A él le debo mi conversión y mi arrepentimiento; a través de él me di cuenta que el diablo me ponía obstáculos para que yo no volviera a Dios y a mi iglesia, por eso vine para darle gracias", expresó.

Como ella, cientos asistieron a la parroquia para participar en la Misa y venerar el corazón incorrupto del gran santo francés; algunos acudieron a pedir favores, otros para agradecer algún milagro, pero muchos otros para orar por los sacerdotes de la Diócesis de Phoenix y encomendarlos a él.

El 5 y 6 de mayo pasado las reliquias sagradas estuvieron en cuatro parroquias del Valle del Sol en Arizona: la Catedral de Ss. Simón y Judas, en Phoenix; San Juan Vianney, en Goodyear; Santa Ana; y Santa Juana de Arco, en Phoenix, todo bajo la coordinación y el patrocinio de los Caballeros de Colón, que es la organización fraternal católica más grande del mundo. Era parte de una peregrinación nacional que se llamaba "Corazón de un Sacerdote".

"Organizar la peregrinación de las reliquias de san Juan Vianney por los Estados Unidos nos llevó varios meses de preparación, pero los esfuerzos valen la pena. La finalidad principal de esta peregrinación es buscar que los católicos vuelvan a Dios y a su iglesia", comentó Keith Baker, un miembro de los Caballeros de Colón en Arizona. "Estoy seguro que muchas almas volverán a Dios después de estos dos días en que tuvimos las reliquias".

Conscientes de que el sacerdocio es un ministerio sagrado, pero a la vez difícil, y de que los sacerdotes hacen un gran trabajo por la comunidad, pero también tienen duras pruebas, muchos fieles acudieron a pedirle a san Juan Vianney que proteja a los sacerdotes de la Diócesis de Phoenix e interceda por ellos.

"Me dio mucha alegría cuando nos avisaron que tendríamos las reliquias de este santo aquí en nuestra iglesia. Se que es el patrono de los sacerdotes y hoy vine para pedir por ellos", dijo Lisa Aguilar, quien es feligresa de Santa Ana. "Los sacerdotes trabajan mucho por nuestra comunidad, pero su labor es difícil y necesitan de nuestra ayuda, pero sobre todo de nuestra oración".

Por su parte Francisco Sandoval, quien pertenece a la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en Queen Creek, y tiene un hermano sacerdote en la Arquidiócesis de Guadalajara, comentó: "Mi madre y yo vinimos para encomendar a mi hermano a san Juan Vianney y a todos los sacerdotes del mundo. Gracias a Dios por permitirnos tener sus reliquias con nosotros".

El padre Sergio Fita, párroco de Santa Ana, dijo que él personalmente y toda su feligresía se sienten bendecidos con la presencia de las reliquias de san Juan Vianney.

"Admiro a san Juan Vianney como un santo sacerdote. Es un ejemplo para mí y para todos los que tenemos este ministerio", manifestó.

Agregó que la iglesia necesita sacerdotes santos, entregados por completo a su ministerio y recalcó que sin duda la visita de las reliquias de san Juan Vianney fomentará el surgimiento de vocaciones sacerdotales en la Diócesis de Phoenix.

El padre dominico Jonathan Kalisch, director de capellanes y desarrollo espiritual para el Consejo Supremo de los Caballeros, y encargado de traer las reliquias de san Juan Vianney al Valle del Sol, dijo que estaba impresionado por la gran devoción entre los feligreses.

"Ayer en Phoenix y también en Goodyear asistieron más de dos mil personas en cada lugar. Mira hoy cuánta gente vino aquí a Gilbert", exclamó. "Es maravilloso ver la fe de toda esta gente, y estoy seguro que a partir de hoy su fe quedará fortalecida".

San Juan Vianney nació en un pequeño pueblo de Francia en 1786, durante los tiempos difíciles y años oscuros de la Revolución Francesa, y una época de fuertes ataques y persecución a la fe católica.

Tras años difíciles en el seminario debido a que tenía problemas para aprender latín, fue ordenado sacerdote en 1815 y fue asignado al pequeño pueblo de Ars. Allí el sacerdote emprendió una vida de penitencia y oración para alejar a los fieles del pecado y acercarlos a Dios.

El padre Juan Vianney confesaba hasta 18 horas diarias y personas de toda Europa iban a verlo para recibir sus sabios consejos y confesarse. Falleció el 4 de agosto de 1859 a los 73 años. El 31 de mayo de 1925 fue canonizado por el papa Pío XI y en 1929 lo nombró patrono de los sacerdotes parroquiales.

Su corazón es reliquia sagrada resguardada por el Santuario de Ars, que generosamente permite que sea llevada a distintos países para que los fieles la contemplen y la veneren.