Al iniciar el tiempo de Cuaresma, no sólo han surgido nuevas acusaciones contra uno de nuestros sacerdotes, sino que también entregamos más información sobre la seriedad del problema aquí en nuestra Arquidiócesis de Portland y el National Review Board sacó su reportaje sobre la naturaleza y gravedad del problema alrededor de los Estados Unidos.

El abuso sexual de menores por parte de sacerdotes católicos es una terrible cicatriz en el alma de nuestra comunidad
católica. Las propias víctimas continúan pidiendo justicia y compasión. Las autoridades de la Iglesia tienen el desafío de responder apropiadamente en un ambiente exacerbado por previos e inadecuados intentos de rectificar la situación.

La gente buena ha hecho preguntas serias sobre la integridad y confiabilidad de una institución, que muchos pensaron que
nunca podría ser humillada como lo ha sido, después de hacerse pública la situación en una y otra diócesis católica, alrededor de los Estados Unidos, incluyendo la nuestra. Las recientes acusaciones en los diferentes reportajes, plantean una serie de preguntas que requieren una respuesta.

No ha sido placentero para mí, el recibir las acusaciones de algunas personas que se han dirigido diciendo que soy un “insensible” en mi respuesta a una de las preguntas que fue hecha durante un reportaje, y la cual tenía que ver con la seriedad del problema en la Arquidiócesis.

Un reportero me preguntó si había algo en el reportaje que yo quisiera cambiar. No hay necesidad de cambiar nada, pero hubiera sido mejor que yo hubiera añadido algunas palabras sobre un asunto que yo tomaba de por vida. Las víctimas y sus abogados se ofendieron con mi respuesta a la pregunta: "¿Por qué los acuerdos son tan costosos?" Muchos de ustedes han expresado la preocupación de que la Arquidiócesis estaba pagando por acusaciones que parecían exageradas o falsas. Yo respondí: "Nosotros no sabemos. Nosotros estamos haciendo lo mejor que podemos en esta situación legal que de por sí es todo un reto”. Aparentemente, se dio la impresión de éste era el caso de muchas de las acusaciones. Eso no es verdad. Muchas de las acusaciones han tenido un alto grado de credibilidad y las víctimas han merecido su indemnización.
La ley de Oregon ha elevado el límite para el nivel de indemnización. Aún en situaciones que son inciertas, las leyes han hecho muy difícil el proceso de probar su inocencia a la Arquidiócesis y obviamente, prevalencen los procesos judiciales. Nosotros realmente queremos ayudar a las víctimas, pero algunas veces debemos pagar aún cuando dudemos de la credibilidad de una denuncia.

Una vez más, he ofrecido mi más sentida y fraternal disculpa a todos mis hermanos y hermanas quienes han sido abusados sexualmente por algún sacerdote o ministro pastoral de esta Arquidiócesis. Por experiencia he aprendido que uno nunca puede decir: “Lo siento” muchas veces, pues esto no significa nada. Yo vuelvo a reiterar esa disculpa y la extiendo a todos aquellos que se ofendieron por lo “insensible” de mi explicación sobre los pagos de aquellos asuntos. Más que nada, yo quiero ser sensible ante el dolor de las vícimas, por haberles fallado a alguno de ustedes. Por eso hoy ofrezco mil disculpas.

Otra preocupación que ha emanado de esta revelación es que uno de nuestros sacerdotes fue asignado nuevamente a su ministerio después de que la Arquidiócesis se enteró de su comportamiento sexual hacia los niños. Cuando este asunto tuvo la atención de la Arquidiócesis en 1992, el sacerdote inmediatamente fue retirado de su ministerio, con el fin de recibir orientación y terapia intensiva. En 1994, después de dos años de terapia y consulta con su terapeuta, se le permitió regresar a su ministerio bajo una estricta supervisión. En esa época, el reglamento de esta Arquidiócesis y de muchas otras alrededor del país hacían posible el regreso de aquellos sacerdotes a su ministerio bajo supervisión.

Hace cuatro años, la Arquidiócesis empezó nuevamente a involucrarse en el número de casos relacionados con el abuso sexual de menores en décadas pasadas, lo que me permitió revaluar nuestros reglamentos. Una año más tarde, retiré al sacerdote de su ministerio parroquial. El siguiente año, de acuerdo con la Organización Americana de Obispos (American Bishops Charter), lo retiré completamente del ministerio de cualquier iglesia. Él cooperó de la misma manera que lo había hecho al terminar completamente su exitoso tratamiento en 1992.

Una vez más, si el previo reglamento de la Arquidiócesis ofendió a cualquiera o si mi tardanza en cambiar aquel reglamento después de llegar aquí como Arzobispo en 1997 ha causado problemas, ofrezco mis más sinceras disculpas y les aseguro de que aquí en esta Arquidiócesis tenemos como regla el que una ofensa bastará para sacar a cualquier ministro de una iglesia.

La revelación final de esa inolvidable semana de febrero, se dio a la luz con el reportaje de John Jay College acerca de la naturaleza y gravedad del problema de abuso sexual de menores que fue publicado, además de la postura del National Review Board que ofreció su propia opinión sobre la crisis en la Iglesia Católica de nuestro país. El número de culpables, víctimas y gastos causados fue desalentador para todos nosotros, pero ahora sabemos la verdad.
Nosotros no podemos hacer nada sobre el pasado. Yo les animo a que lean los reportajes y que apoyen los pasos que deben tomarse por parte de la Iglesia y la sociedad para asegurar la seguridad de nuestros niños en el futuro. Probablemente, no hay nada más importante para nosotros como Iglesia, que los años venideros podamos superar esta crisis y sobre todo, proteger a los niños de este crimen.

Pero esto es algo que un Obispo no puede lograr por su cuenta. Ustedes han sido testigos de que mis esfuerzos en estos momentos para ayudar a las víctimas no han sido en vano, lo mismo que para responder sus preguntas adecuadamente, y obtener mayor información para mantener a nuestra gente al día con respecto a los procedimientos y reglamentos puestos en vigencia con el fin de asegurar la seguridad de todos.

Mis amigos, éste es el trabajo de toda la Iglesia. Se necesita la ayuda de todos. Como una Iglesia, todos estamos demandados en este juicio, somos hermanos y hermanas de ambos: de las víctimas y de quienes cometieron el delito. Nosotros somos la gente sagrada de Dios comprometida en las obras de justicia, en las relaciones buenas entre la gente, particularmente en lo que se relaciona con las necesidades de aquellos que son más vulnerables, en este caso, nuestros niños. Qué Dios los bendiga en esta gran obra de nuestros corazones.

Cuaresma: fiesta de la Iglesia

Este año el Domingo de Pascua será el 11 de abril. La Cuaresma oficialmente termina al atardecer del Jueves Santo, 8 de abril, antes de la celebración de la Eucaristía (Última Cena). Estos siempre han sido días que se guardan para la oración, ayuno, penitencia y buenas obras. Como cualquier otra cosa, lo mejor es ganar algo durante esta Cuaresma que vendrá mientras más nos preparemos en aceptar esta disciplina.

La Cuaresma es un buen tiempo para aquellos que estamos comprometidos en el ministerio pastoral. La mayoría de los católicos nos volvemos más serios sobre nuestras vidas como discípulos de Jesús, inspirados por las mujeres y hombres de la parroquia quienes están haciendo sus preparativos finales para el Bautismo, Confirmación y la Eucaristía de la Vigilia Pascual.

Usted sin duda tiene sus intenciones especiales, las cuales incluirá en sus oraciones de Pascua. Yo los animo a que también mantengan en sus mentes y corazones, la preocupación del Padre Santo por los niños y sus necesidades durante este tiempo santo. La vida familiar es tan frágil en estos días. Que privilegio es criar a nuestros niños en este tiempo. Que deshonra es abusar de esta confianza tan sagrada que viene a nosotros del Creador de la vida.

La Cuaresma ha sido tradicionalmente un tiempo de penitencia y reconciliación. Los buenos católicos hacen una reflexión para celebrar el Sacramento de la Reconciliación durante este tiempo de gracia. Muchas parroquias son anfitrionas de servicios de reconciliación cuando la gente se reúne para ofrecer sus oraciones en comunidad y recibir la gracia sanadora del sacramento por medio de la confesión individual.

Vean o no “La Pasión”, lean el libro mejor

La película de Mel Gibson, The Passion of Our Christ (La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo), se estrenó el Miércoles de Ceniza en 2,500 teatros de cine alrededor de los Estados Unidos. Mucho antes de su gran estreno, la película estaba causando gran controversia. Algunos han calificado a la película como una de las que no se puede perder. Otros han expresado su gran preocupación sobre la película y hasta han desanimado a muchos para que no la vean.

Yo no he visto la película, y no estoy seguro de si la voy a ver. La película no está en la categoría de aquellas que deben verse para conseguir la salvación. El ver o no ver la película es su decisión. Pero yo tengo una importante recomendación para todos: lean el libro, o mejor aún, lean los libros.

La película ha sido calificada con una “R” y por ende no es apropiada para niños. Si usted no desea ver la película debido a la violencia de la misma, por favor no se sienta culpable. Dios no sufrió para hacernos sufrir.

En cuanto a cualquier concepto de antisemitismo en lo que se refiere a la película, nosotros debemos recordar que esta historia es principalmente sobre los judíos y fue originalmente escrita por los judíos. Jesús, su Madre, sus apóstoles incluyendo su traidor, fueron judíos. También lo fueron aquellos que gritaron “crucifíquenlo”. Tal vez hubiera sido de gran ayuda entender cómo los primeros cristianos, la mayoría judíos de nacimiento, también se volvieron un poco hostiles contra “los judíos”. Pistas sobre esta hostilidad son evidentes en algunas versiones del Evangelio de la Pasión. La Iglesia siempre tiene cautela sobre esta latente hostilidad cuando escuchamos la Proclamación de la Pasión de Jesucristo en la Iglesia.
Hace mucho tiempo en los días de la cristiandad, las autoridades de las sinagogas judías se alarmaron por la fe que muchos de sus hermanos y hermanas, judíos, tenían en Jesucristo. Ellos excluyeron a estos primeros judíos cristianos de las reuniones en las sinagogas con el argumento de que aquellos ya no eran verdaderos judíos.

Debido a esta exclusión, los romanos quienes toleraban a los judíos hasta ese día, empezaron a hacer averiguaciones sobre los cristianos, a quienes ya no se los consideraba judíos incondicionales. Ellos esperaron que los judíos cristianos participaran en el culto cívico, algo que iba en contra de las creencias cristianas. Nosotros sabemos que el rehusarse a participar en el culto cívico fue la razón del martirio de algunos de los primeros cristianos.

En retrospectiva, es fácil reconocer la amargura que se arrastró la historia de la Pasión, como fue contada y contada nuevamente por verdaderos fieles. Algunas de estas diferencias dividieron profundamente a los elegidos. Esta desalentadora experiencia de sufrimiento y separación experimentada por los primeros cristianos, sin duda causó un sentimiento de aversión hacia sus viejos compatriotas.

Ciertamente, en el ambiente de hoy en día existe una gran sensibilidad cuando se trata de la diversidad de culturas, razas y creencias. Nosotros no quisiéramos hacer nada como Cristianos que nos alejara de las personas con otras creencias. Es nuestra sincera creencia que Jesús vino para salvarlos a ellos también. Cualquier esfuerzo encaminado a degradar o menospreciar a estas personas, particularmente, en este instante, a nuestros hermanos judíos, es claramente contrario al mensaje y ejemplo de Jesús.