Karla Doniz, juega con su hijo Carlos de 2 años. Karla realizo un viaje  arriesgado y peligroso desde Guatemala a Estados Unidos, para escapar de la violencia domestica. El Centro de defensa jurídica de Caridades Católicas le ayudó a ella y a su hijo en el proceso de obtener asilo.
Karla Doniz, juega con su hijo Carlos de 2 años. Karla realizo un viaje arriesgado y peligroso desde Guatemala a Estados Unidos, para escapar de la violencia domestica. El Centro de defensa jurídica de Caridades Católicas le ayudó a ella y a su hijo en el proceso de obtener asilo.

El evento devastador que cambiará el resto de sus vidas puede ocurrir durante la circunstancia más mundana, cuando los padres pagan por una infracción de tráfico o llevan sus hijos al colegio.

“Pasa diariamente en Portland, en Eugene, en todas partes del estado”, dijo Vanessa Briseño, directora del Centro Papa Francisco de Caridades Católicas de Oregon (Catholic Charities)

Los arrestos de inmigrantes indocumentados están aumentando a nivel nacional y el resultado es que más niños están perdiendo, o temen perder, a un progenitor por detención o deportación.

El 22 de Julio, la administración Trump publicó una nueva política que permite que los oficiales de inmigración arresten y deporten rápidamente a inmigrantes indocumentados sin antes acudir ante un juez. Más de 20.000 personas podrían ser sujetas al nuevo y expandido proceso de rápida remoción.

Esta expansión es el más reciente esfuerzo de la administración por mantener inmigrantes fuera del país o por removerlos después de que entran. El año pasado, oficiales del servicio americano del Departamento de Inmigración y Aduanas (Immigration and Customs Enforcement, ICE por sus siglas en inglés) deportaron más de 256 mil inmigrantes, lo cual representa un incremento del 13 por ciento comparado con el año anterior.

Durante la administración Obama, las cifras fueron aún más altas. Sin embargo, los principales perseguidos fueron criminales condenados y aquellos que han entrado al país en múltiples ocasiones. Durante la administración actual, se instruye a los agentes a detener y remover a cualquiera que esté viviendo de forma ilegal en el país, incluyendo individuos sin antecedentes criminales. Muchos de los individuos indocumentados son padres y guardianes.

Cuando un padre es deportado, el impacto en los niños es traumático y tiene repercusiones emocionales, físicas y de crecimiento, dijo Lucrecia Suarez, directora del Centro de Consejería Intercultural de Caridades Católicas. Hasta el desarrollo de un bebé “se puede alterar por el estrés crónico y  tóxico que el progenitor que se queda y la familia entera, debe superar después de una pérdida como esas”, dijo.

Caridades Católicas está intentando apoyar a estos niños con un amplio rango de servicios. “No siempre sabemos cuál será el resultado para las familias”, dijo John Herrera, director de la los Servicios Legales de Inmigración de la agencia. “Pero podemos hacer nuestro mejor esfuerzo para apoyarlos y usar las leyes existentes para mantener a los padres con sus hijos. A través de todo esto, trabajamos para cumplir con el Evangelio”.

‘Repercusiones a nivel de salud pública’

Las normas actuales han creado “un manto de terror que cubre a la totalidad de la comunidad inmigrante en los Estados Unidos”, tal vez de forma más significativa afecta a los niños, dijo Michael Bennet, católico durante toda su vida y quién durante casi tres décadas ha sido juez de inmigración en Portland.

Basados en las estadísticas de la Oficina del Censo de EE.UU. (U.S. Census Bureau), cerca de 62 mil jóvenes en Oregon, muchos de ellos ciudadanos americanos, tienen por lo menos un padre inmigrante indocumentado. De acuerdo con las cifras del censo 2010-2014 a nivel nacional, casi 6 millones de niños ciudadanos americanos viven con un miembro de su familia que no tiene estatus legal. Los niños en estas familias viven en un constante estado de estrés, dijo Briceño.

Aunque las redadas a larga escala tan publicitadas no han ocurrido en el estado, ha habido un “incremento constante” en las aprehensiones de ICE, dijo Kat Kelley de Caridades Católicas. Cuando una redada ocurre, “es casi lo peor que le puede suceder a los niños”, de acuerdo con Bennett, ahora retirado y miembro de la parroquia Our Lady of Victory en Seaside. “No equivale a una muerte en la familia, pero se parece bastante”.

“El efecto psicológico de todo esto en los niños, en las familias, es enorme”, agregó Kelley. “Veremos sus repercusiones a nivel de salud mental durante las próximas décadas”.

Conservando la esperanza

Suarez, quién con sus colegas de Caridades Católicas intenta disminuir esas repercusiones, dijo que el miedo y el estrés tóxico asociado con las separaciones familiares se manifiesta de diferentes formas en los niños y debe entenderse de acuerdo con las diferentes etapas del desarrollo infantil.

Los niños menores de 3 años “están aprendiendo lo que significa confiar, a nivel psicológico y físico”, dijo. Necesitan ser abrazados y alimentados frecuentemente, dentro de un ambiente predecible. “Si un progenitor es deportado, o hay una separación familiar por la fuerza, los niveles de estrés tienen un impacto inmediato a nivel del sistema nervioso central”, dijo. En un sentido, las funciones cerebrales “se estancan y no crecen de la forma natural que normalmente lo harían”, dijo Suárez. La consecuencia es que el desarrollo motriz, de percepción y de lenguaje puede ser interrumpido.

Suárez afirmó que los niños de edades entre 3 y 5 años están descubriendo cómo relacionarse con ellos mismos y con los demás y la creatividad, el juego y la imaginación les ayuda a crecer. “Sin pretender y soñar no podemos ser adultos funcionales y creativos”, dijo. El miedo intenso a sobrevivir y el sentimiento de abandono puede acabar con su habilidad de jugar y relacionarse. Se pueden volver agresivos o insensibles, comportamientos que pueden ocasionar dificultades de aprendizaje y socialización.

Cuando los niños empiezan el primer grado, disfrutan realizando actividades repetitivas para reforzar sus habilidades y desarrollar su sentido de orgullo en “quienes son y en lo que pueden hacer”, dijo Suárez. Cuando llega una crisis, los niños de edades entre los 6 y los 11 años no solo deben limitar el juego creativo pero “se ven forzados a madurar antes de estar listos, cumpliendo con responsabilidades como las de cuidar a sus hermanos y hermanas menores”, dijo Suárez. Aunque el crecimiento y la adaptación es un signo de fortaleza, también significa “dejar de desarrollarse”. Para los adolescentes, “el cerebro desecha una cantidad de información para abrir espacio para entender y manejar situaciones complejas e ideas como futuros adultos”, dijo Suárez. “Dependiendo de cómo se cuente la historia de la deportación del progenitor, puede crear más confusión o intensificar la ira por la injusticia”. Los adolescentes pueden cerrarse, deprimirse y pueden volverse rebeldes. Porque los adolescentes están dispuestos a tomar más riesgos, también pueden tomar decisiones dañinas en el largo plazo, incluyendo participar en comportamientos criminales o desarrollar una adicción.

Suárez dijo que es importante entender que las historias que escuchan los niños inmigrantes o lo que les dicen sobre sus padres puede crear confusión y percepciones auto-destructivas. “Cuando el mensaje colectivo es que ´Papá no se puede quedar porque es Mexicano` o que ´no puede trabajar porque es ilegal`”, los padres y la comunidad de los niños necesita compartir historias positivas para contrastar la “imagen de que un Mexicano o un inmigrante es inferior”, dijo.

También existen efectos físicos por la deportación de un padre. El estrés sostenido produce elevados niveles de cortisol, lo que causa inflamación en el cuerpo. “Obesidad, diabetes, disminución cognoscitiva y problemas de memoria son sólo algunos de los muchos efectos que deterioran por causa del estrés crónico”, dijo Suárez.

En el centro de consejería, el apoyo a los niños se enfoca en la familia entera. Hay un manejo del caso para asegurar que todas las necesidades básicas estén cubiertas y las sesiones de asesoría para adultos y familias con niños.

Los consejeros y los trabajadores sociales empiezan ayudando a los padres de formas prácticas, como con los niños que no quieren ir al colegio o que no pueden dormir. “Entonces, durante el periodo del duelo”, dijo “ofrecemos formas sostenibles de estar conectados con el miembro de la familia que ha sido deportado y a conservar la esperanza”.

“Nuestro aprendizaje del amor”

Algunos sostienen que los hijos de inmigrantes indocumentados sufren por causa de las acciones de sus padres.

“Una de las preguntas que escuchamos con más frecuencia es ´Por qué estas personas no siguen los canales legales para llegar aquí?´” dijo Briseño del Centro Pope Francis (Papa Francisco), el cual provee información acerca de iniciativas de justicia social. “Una vez las personas indocumentadas están aquí, la siguiente respuesta usualmente es ´Deberían regresar a casa y esperar su turno´”.

Pero ´no hay turno´, dijo Briceño. Esto es especialmente cierto para aquellos que han abandonado sus países de la noche a la mañana debido a amenazas severas. “Lo que vemos actualmente son madres, padres, tías, tíos, abuelos que escapan de sus países con sus niños por la amenaza de la violencia, la muerte y el hambre es una realidad para ellos”, dijo.

“ No existe una forma confiable de entrar al país, aparte de tener un empleador que esté dispuesto a pagar miles de dólares para traer al individuo al país de forma legal, o un patrocinador elegible”, dijo Briceño.

Algunos se refieren a la posibilidad de ganar un estatus legal como refugiados o aspirantes al asilo político, bajo las clasificaciones dadas por las Naciones Unidas. Sin embargo, existen tropiezos en estos caminos. El presidente, en consulta con el Congreso, determina el número de admisiones para refugiados cada año. En el 2017, por primera vez en la historia moderna, los Estados Unidos aceptó menos refugiados que el resto del mundo.

Para calificar al estatus de asilo, los inmigrantes deben encontrarse en los Estados Unidos. Según algunos reportes,  más de la mitad de los casos; —algunos reportes indican que hasta el 75%,— son negados.

El Padre Daniel Groody de Holy Cross, profesor asociado de teología y asuntos internacionales de la Universidad de Notre Dame, ha escrito extensivamente sobre inmigración.

Muchos de quienes debaten sobre la inmigración a los Estados Unidos tienen preocupaciones legítimas a cerca del flujo de inmigrantes y la Iglesia Católica acepta la necesidad de las fronteras nacionales. Sin embargo, el sostiene que las fronteras no son absolutas y que “hay una forma más profunda de ver nuestras preguntas acerca de la ley y de nuestra relación con los demás”. En la historia del Buen Samaritano, dijo,  tanto el Levita  como el sacerdote fallaron en hacer lo correcto por el viajero golpeado y desnudo basados en razones legales. “Usaron la ley como una excusa”, dijo el Padre Groody. “Sin la ley, la gente puede sufrir o ser abusada, pero la ley no se limita a lo que se encuentra en los libros. También existen leyes naturales y leyes divinas que nos invitan a tener un corazón más grande que nuestra propia nación”.

Finalmente, “creo que esta vida se trata de nuestro aprendizaje del amor”, dijo el Padre Groody. “ Y este es un asunto en donde la iglesia nos dice que debemos aprender, quiénes somos ante Dios y cómo respondemos ante nuestros hermanas y hermanos necesitados”.

Fortaleza

Matt Cato, director del la Oficina para la Vida, la Justicia y la Paz de la Arquidiócesis de Portland, dijo que si una sociedad “que realmente aprecia la importancia de los lazos emocionales de los niños a través de sus primeros años de vida, no tolerará que los niños crezcan miedosos de perder al un padre”.

Caridades Católicas, cumpliendo con su misión de seguir el evangelio, está siguiendo su experiencia legal para tratar de preservar estos lazos, protegiendo a los vulnerables  y manteniendo intactas las familias.

Alrededor del país y en Oregón, los servicios legales de las familias que se enfrentan a la separación son extremadamente limitados. En parte, esto se debe a que contratar los servicios legales de un abogado de inmigración puede costar miles de dólares, algo generalmente fuera del alcance de las familias de inmigrantes promedio del estado, de acuerdo con Herrera, director de los Servicios Legales de Inmigración.

El Centro para la Defensa en contra de la Remoción, fue establecido en el  2017 para proveer “acceso equitativo a la justicia y representación para inmigrantes indocumentados en nuestra comunidad”, dijo Herrera. Agregó que un número de clientes provienen de familias de estatus variados, las cuales están compuestas de por lo menos un ciudadano americano. De acuerdo con las cifras analizadas por el Consejo Americano para la Inmigración (American Immigration Council ) en Washington D.C., los inmigrantes con acceso a asesoría legal mientras se encuentran en detención, tienen cuatro veces más posibilidades de ser liberados que quienes no tienen representación. El abogado de tiempo completo del centro y el asistente legal han representado a clientes en 220 casos de asilo. Actualmente tienen 40 casos.

Durante los dos últimos años “hemos visto un incremento en el número de familias que buscan nuestros servicios”, dijo Briseño. Han tenido que rechazar casi 200 casos porque carecen de los recursos necesarios para ayudar.

Junto con la ayuda legal del centro jurídico, Caridades Católicas ofrece talleres de custodia para padres, donde los abogados revisan los documentos que aseguran que si uno o ambos padres son detenidos o deportados, sus hijos no ingresarán al Sistema de Crianza Temporal (Foster care System). El hermano mayor de un niño o un vecino, por ejemplo, se le da la autoridad para tomar decisiones a nombre del padre.

“Es desgarrador pensar en lo que los padres necesitan hacer”, dijo Briceño, agregando que Caridades Católicas también pertenece a un acuerdo que busca mantener a los niños fuera del Foster Care System a través de proveer familias huéspedes temporales entrenadas.

La agencia le ayuda a las familias inmigrantes a trazar un plan concreto para niños en el caso de que “Mamá o Papá no lleguen a casa un día”, dijo Kelley. El plan incluye una lista de números de teléfono a donde llamar a avisar, dónde se encuentran los documentos importantes y a dónde deben ir los niños.

Aún así, Suárez cree que existe esperanza para que los niños se recuperen del trauma. “Cada niño es diferente, pero puedes ver la fortaleza que cada uno de ellos aprendió de sus padres”, dijo.

“Que estas familias hayan sobrevivido hasta este punto demuestra lo fuertes que son”.

Los empleados de Caridades Católicas intentan brindar apoyo hasta al más pequeño de sus clientes, agregó Suárez, “es admirable y hay que reconocer la sorprendente capacidad que ya tienen en sí mismos”.