Aspirantes a solicitar asilo político en los Estados Unidos caminan dentro de un campamento de migrantes en Matamoros, México, el 18 de febrero de 2021. (CNS/Daniel Becerril, Reuters)
Aspirantes a solicitar asilo político en los Estados Unidos caminan dentro de un campamento de migrantes en Matamoros, México, el 18 de febrero de 2021. (CNS/Daniel Becerril, Reuters)

BROWNSVILLE, Texas (CNS) — Así como el clima más frío en más de 30 años trajo una nueva miseria a los solicitantes de asilo varados en un campo de refugiados en México, el fin de su difícil situación puede que al fin esté en el horizonte.

Un pequeño grupo de 25 personas fue el primero en salir del campamento en Matamoros, México y entrar a Estados Unidos el 22 de febrero, llegando a la ciudad de Brownsville, Texas, informó la hermana Norma Pimentel, quien es misionera de Jesús y directora ejecutiva de Caridades Católicas del Valle del Río Grande en la Diócesis de Brownsville.

Aunque es probable que cientos más sigan, este pequeño avance ya es un primer paso.

"Es simplemente comenzar con un número manejable", expresó la hermana Pimentel al periódico diocesano de Brownsville The Valley Catholic. "Debido a COVID, hay un número limitado de agentes estadounidenses para procesar los casos".

Toda persona que ingrese a Estados Unidos primero debe someterse a una prueba de detección de Covid-19 para asegurarse de que de negativo, señaló.

La hermana Pimentel también dijo que la ola de frío ha causado verdaderas dificultades a los solicitantes de asilo en este campo de refugiados.

En la ciudad de campamentos en Matamoros, cientos de personas, en su mayoría centroamericanos, han estado esperando hasta un año y medio para que se escuchen sus peticiones de asilo en Estados Unidos, desde que los Protocolos de Protección al Migrante de la administración deTrump  —también conocidos como el programa "Quédate en México" — se pusieron en marcha durante el verano de 2019. La mayoría en el campamento son familias con niños menores de 7 años.

Para mantenerse calientes desde que llegó el frío severo el 14 de febrero, los solicitantes de asilo se han estado envolviendo en mantas, encendiendo fogatas, o permaneciendo cerca de fuentes de calor como parrillas donadas.

"En este momento, debido a estas bajas temperaturas, desafortunadamente estas familias están sufriendo tremendamente", expuso la hermana Pimentel el 16 de febrero.

"Este frío es tan severo, la temperatura ha bajado tanto que las carpas tienen carámbanos o trozos de hielo alrededor".

"Ha sido muy difícil para las familias, especialmente para los niños", dijo.

"Están hirviendo agua para llenar esos recipientes grandes de Coca-Cola; los llenan con agua caliente para luego ponerlos debajo de los pies y con suerte, de esta manera, puedan mantenerlos calientes ... (Es) mucho más de cualquier cosa que hayan experimentado".

"Les llevamos mantas, calcetines, guantes, y sacos de dormir. No es suficiente cubrirlos y mantenerlos calientes".

Los funcionarios mexicanos intentaron sacar del frío a las 700 a 800 personas del campamento.

"Lo intentaron", acotó la hermana Pimentel.

"Abrieron un refugio y se habrían llevado a los refugiados, pero ellos no querían salir de su campamento. Supongo que tienen miedo de irse y perder sus pertenencias, perder su espacio. Creen que necesitan estar cerca del puente".

El frío también afectó los esfuerzos de ayuda en el lado estadounidense de la frontera. El Centro de alivio operado por Caridades Católicas para ayudar a los solicitantes de asilo, que está situado en el centro de McAllen, Texas, estuvo sin electricidad durante varios días.

"Tenemos 500 inmigrantes en nuestro Centro de Alivio. No tenemos electricidad", dijo la hermana Pimentel durante el apagón. "Se apagó la primera noche que tuvimos frío. Tenemos que arreglárnoslas con generadores en algunas habitaciones para al menos tener luz".

Más tarde se restauró la electricidad.

Durante el apagón, la ciudad de McAllen, Texas, proporcionó los generadores y llegó ayuda adicional de otro tipo para el Centro de Alivio, informó.

"Como no podemos cocinar para los refugiados en nuestro Centro de Alivio, viene gente de la comunidad que nos trae comida en grandes cantidades", dijo. "Diferentes grupos en diferentes momentos. Gracias a Dios por su generosidad y la bondad de tanta gente ... ya sea fruta, tacos, pizzas, pollo frito. Es increíble la respuesta de la comunidad".

La hermana Pimentel también sugirió algunas formas de ayudar.

"Definitivamente es importante orar — orar para que los cambios puedan ocurrir pronto para estas familias y que el proceso de asilo pueda ser escuchado aquí en Estados Unidos y estar con sus seres queridos entre más pronto mejor", dijo.

La hermana Pimentel dijo que la gente "puede comunicarse con cualquier organización que esté tratando de ayudar a estas familias mientras tanto". Ella también señaló el sitio web de Caridades Católicas del Valle del Río Grande (www.catholiccharitiesrgv.org).

"Puede comunicarse con nosotros e ir a la lista de Amazon y averiguar cómo puede dar cualquiera de esos artículos que definitivamente podemos poner a disposición de las familias".