Migrantes de Centroamérica y Haití caminan en una caravana cerca de Huehuetán, México, el 25 de octubre de 2021. Las personas se dirigían a la Ciudad de México, donde planeaban solicitar asilo y obtener estatus de refugiados. (Foto CNS/Jacob García, Reuters)
Migrantes de Centroamérica y Haití caminan en una caravana cerca de Huehuetán, México, el 25 de octubre de 2021. Las personas se dirigían a la Ciudad de México, donde planeaban solicitar asilo y obtener estatus de refugiados. (Foto CNS/Jacob García, Reuters)

WASHINGTON (CNS) — El aumento de casos a causa de la variante ómicron del virus COVID-19 este invierno hizo que muchas personas cancelaran sus planes de viaje, incluyendo personas recién llegadas a los Estados Unidos.

Muchas de esas personas son refugiados provenientes de Afganistán, quienes hace ya seis meses o más partieron de su tierra natal — y de todo lo que les era familiar — huyendo de un futuro lleno de incertidumbre y peligro.

Aunque afiliados nacionales de Caridades Católicas han intensificado sus esfuerzos para integrarlos al país, un problema ha obstaculizado esa labor, que es donde reasentarlos.

Es ahí donde entra Airbnb.

"Airbnb tiene una relación laboral con Caridades Católicas", expresó Christopher Ross, vicepresidente de servicios de migración y reasentamiento de refugiados de Caridades Católicas USA. "La vivienda es un gran problema dondequiera que vayas en el país".

Y, durante la pandemia, los precios de las viviendas han seguido subiendo.

"Los refugiados que vienen de las bases militares, esencialmente, si van a terminar en un hotel, podría ser un hotel de estadías prolongadas", señaló Ross en un taller de Encuentro del Ministerio Social Católico, titulado "¿Quién es mi prójimo? Acogiendo a los recién llegados de los márgenes". "Puede ser un poco estrecho con una familia de siete o 10", dijo Ross.

Añadió que "los anfitriones entienden claramente cuál es la situación. Pero mientras tanto, nos gustaría poder decir, por una semana, tres semanas, cuatro semanas, una casa, una casa de vacaciones, una casa de verano, si cree que podría estar disponible — por tarifas reducidas o tarifas regulares — está bien, la tomamos".

Y ahí lo tienen: otra solución creativa a un problema aparentemente intratable.

Ross señaló que hay ocho comunidades de "refugio seguro" en o cerca de las bases del ejército. Caridades Católicas incluso ha organizado horas de té para los adultos "para así calmar sus nervios", acotó.

Sin embargo, el té puede que sea la menor de sus necesidades. La gestión de casos, el apoyo comunitario, los servicios de inmigración de respuesta rápida, y los abogados ocupan un lugar más alto en la lista de prioridades.

"Nuestras agencias están involucradas en brindar más atención de servicios sociales, nos estamos involucrando más en eso", manifestó Ross. "A medida que se están trasladando de las bases del ejército . . . nosotros también estamos haciendo ese trabajo".

También está la cuestión de inscribir a los hijos de los refugiados en escuelas y ayudar a sus padres a encontrar trabajo.

"Por supuesto que hay mucho trabajo por hacer, 100.000 personas y más por venir", dijo Ross.

Algunos refugiados afganos conocen a parientes que viven en Estados Unidos y hacen arreglos con ellos para establecerse cerca. La mayoría, sin embargo, tienen que ser reasentados con personas que nunca antes han conocido en ciudades de las que nunca habían oído hablar.

Hay más de 50 refugiados de este tipo en el área de Tri-Cities en el sureste del estado de Washington — que abarca las ciudades de Kennewick, Pasco, y Richland — con una población de 303.000 habitantes, incluyendo las áreas periféricas, según el censo de 2020.

Ivone Guillén, quien solía trabajar en la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos organizando la reunión anual del Ministerio Social Católico, ahora trabaja para Broetje Family Trust, con sede en Pasco, como directora de actividades de extensión migratorias, una nueva iniciativa que se lanzó en octubre.

Ella trabaja no solo con un equipo de seis miembros del Fideicomiso, sino con varios otros grupos comunitarios para que los refugiados afganos se sientan como en casa.

"Es una transición, ¿verdad? averiguar qué significa esta nueva forma de vida", manifestó Guillén a Catholic News Service en una entrevista telefónica el 23 de febrero desde Pasco.

"Lo importante son las conexiones que estamos construyendo y las relaciones que estamos cultivando".

El COVID-19 todavía dificulta la realización de eventos con la presencia de personas, sostuvo Guillén. "Pero creo que nos comunicamos con socios comunitarios confiables y ofrecemos formas de conectarnos. Tal vez en un evento local o tal vez en una actividad en línea. Se trata realmente de tener conversaciones y diálogo".

Guillén agregó: "Siempre estamos buscando oportunidades para hacer eso en la comunidad. Una de las formas en que podemos construir una comunidad es hacerlo de manera que se sientan seguros y tengan algo que aportar a la comunidad".

Al igual que la vivienda, los trabajos son clave. "Creo que todos están en su propia etapa. El sistema de refugiados y la forma en que llegó este grupo de afganos agrega capas adicionales al proceso", dijo Guillén. "Sin embargo, creo que vamos en la dirección correcta".

Tampoco se ha expresado mucha negatividad sobre la presencia de los afganos en la región. "Somos una comunidad históricamente acogedora y receptora", indicó Guillén. "Creo que hay un esfuerzo muy bien coordinado entre las organizaciones comunitarias dónde están llegando".

Otro grupo de refugiados son aquellos que solicitan asilo y han cruzado a Estados Unidos desde México. Este podría ser un grupo de un gran número de personas que esperan hacer de Estados Unidos su hogar después de que, como los afganos, han huido al enfrentar el espectro de la inestabilidad política, las privaciones, y las amenazas contra sus vidas o las de sus seres queridos.

Hay necesidades humanitarias a lo largo de la frontera que requieren el apoyo de la comunidad, dijo Michelle Sardone, subdirectora de programas de la Red Católica de Inmigración Legal. "Si estás a lo largo de la frontera, por supuesto que hay muchas necesidades humanitarias inmediatas", agregó.

Hay una amplia gama de necesidades para quienes solicitan asilo, pero en el limbo legal de los Protocolos de Protección al Migrante (MPP, por sus siglas en inglés), mejor conocida como la política "Quédate en México", señaló Sardone.

Bajo el MPP, aquellos que llegan a la frontera sur y solicitan asilo reciben avisos para comparecer ante la corte de inmigración y son enviados de regreso a México. Se les indica que regresen a un puerto de entrada específico en una fecha y hora específicas para su próxima audiencia en la corte.

"Hay miles de personas en MPP a las que se les permitió ingresar a Estados Unidos, y quienes actualmente están siguiendo el proceso", dijo Sardone.

"Sin embargo, con los atrasos en los tribunales de inmigración tan malos como los de ahora, esos procesos podrían extenderse . . . hasta 2024", agregó.

"Aquellos que estaban en MPP anteriormente habían esperado en la frontera — algunos durante más de un año, y otros cerca de dos años".

Sardone manifestó que "una vez que esas personas se mudan a Estados Unidos, necesitan el apoyo de la comunidad, averiguar cuándo es su próxima audiencia en la corte de inmigración, o necesidades humanitarias básicas que deben satisfacerse de inmediato"; alguien debe tomar el relevo y "asegurarse de que estén recibiendo buenos consejos de inmigración" antes de su audiencia, independientemente de la fecha, para que no sean engañados por alguien para explotarlos.