El obispo Mark J. Seitz de El Paso, Texas, habla con una niña hondureña, Cesia, mientras camina y reza con un grupo de migrantes en el Puente Internacional Lerdo en El Paso, 27 de junio de 2019. Los migrantes buscaban asilo en los Estados Unidos ( Foto CNS / José Luis González, Reuters)
El obispo Mark J. Seitz de El Paso, Texas, habla con una niña hondureña, Cesia, mientras camina y reza con un grupo de migrantes en el Puente Internacional Lerdo en El Paso, 27 de junio de 2019. Los migrantes buscaban asilo en los Estados Unidos ( Foto CNS / José Luis González, Reuters)

Lo siguiente es el texto completo de una declaración del obispo Mark J. Seitz de El Paso, Texas, sobre la situación de inmigración en la frontera, presentada el 27 de junio antes de cruzar el Puente Internacional de Lerdo que conecta a Estados Unidos y México por las ciudades de El Paso y Ciudad Juárez:

Como líder católico y cristiano en la frontera, frecuentemente me llaman para ser médico del alma. Aquí en la frontera de los Estados Unidos y México, ¿cómo podemos empezar a diagnosticar el alma de nuestro país?

Un gobierno y una sociedad que ven como amenazas a los niños y familias que huyen; un gobierno que trata a los niños bajo su custodia peor que a animales; un gobierno y una sociedad que le dan la espalda a las madres embarazadas, a los bebés y a las familias y los hacen esperar en Ciudad Juárez sin pensar en las complicadas consecuencias de esta desafiante ciudad ... Este gobierno y esta sociedad no están bien. Sufrimos de un caso de endurecimiento del corazón que amenaza la vida.

En un día en que preferimos pensar que el prejuicio y la intolerancia son problemas del pasado, hemos encontrado un nuevo grupo vulnerable para darle un trato menos humano, menospreciarlo y temerle. Y si hablan otro idioma, o son morenos, o son indígenas ... Pues bien, así es más fácil despreciarlos.

¿Por qué no podemos ponernos en sus zapatos? Porque hemos decidido que no son nuestros vecinos, hemos decidido que son extranjeros e ilegales. Creemos que estos padres simplemente no tienen derecho a salvar a sus hijos de la violencia o la desnutrición. No tienen derecho a un trabajo ni a mantener a sus familias. No tienen derecho a reunirse con la familia.

Para este gobierno y la sociedad que padecen enfermedades del corazón, estas personas deberían haberse quedado en casa abandonadas a la desesperanza y deberían haber observado con impotencia mientras sus hijos sufren. ¿Preferiríamos que murieran en las orillas del Río Bravo que preocuparnos por su presencia?

Pero no hemos sufrido el maltrato que les impusieron quienes representan a nuestro país. Realmente no hemos sentido el hambre y el frío que han pasado. Y no es a nuestros hijos a quienes se les negará comida, agua y ternura esta noche.

Nosotros los estadounidenses necesitamos revisar nuestros corazones. Nuestros corazones se han vuelto demasiado fríos y demasiado duros y eso es un mal presagio para la salud de nuestra

nación.

En la América de hoy, ¿no hay más Regla de Oro? ¿Hemos olvidado las lecciones de la Escritura? ¿Hemos olvidado el mandamiento de amar? ¿Hemos olvidado a Dios? Pero aquí en la frontera, Él toca a la puerta. En la lucha por la esperanza y la libertad y la familia.

Él toca la puerta. En las vidas de Jakelin y Felipe y Oscar y Valeria, Él toca a la puerta. En nuestros vecinos aquí hoy, Él toca la puerta. ¡Toca, toca, toca